sábado, 2 de agosto de 2008

- TOULOUSE LAUTREC -




Henri de Toulouse-Lautrec



EL SR. DEL MOULIN ROUGE


UN GENIO DE LA PINTURA



Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa (Hôtel du Bosc, Albi, 24 de noviembre de 1864 - Malromé, 9 de septiembre de 1901) fue un pintor y cartelista francés que destacó por su representación de la vida nocturna parisiense de finales del siglo XIX. Se le enmarca en la generación del postimpresionismo.





Nace en el seno de una de las más antiguas familias de Francia, de nobleza carolingia, descendiente directo de los condes de Toulouse. En su familia, como era habitual en muchas sagas de la gran aristocracia, los matrimonios se realizaban entre parientes para evitar las divisiones territoriales y la dispersión de la fortuna. Éste fue el caso de los padres de Henri, Alphonse de Toulouse-Lautrec-Monfa y la Condesa Adèle Tapié de Celeyran, que eran primos en primer grado. La endogamia hubo de condicionar la salud del artista. Henri fue el primogénito y cuando tenía cuatro años, nació su hermano Richard-Constantine, que falleció un año después.
Por desavenencias, sus padres se separaron en 1868 y Henri quedó al cuidado de su madre.





Su infancia fue feliz hasta que como consecuencia de la consanguinidad de sus padres, Toulouse-Lautrec padeció una enfermedad que afectaba al desarrollo de los huesos: la picnodisostosis, que se le empezó a manifestar en 1874. Su constitución ósea era débil y entre mayo de 1878 y agosto de 1879 sufrió dos fracturas en ambos fémures que le impidieron crecer más, alcanzando una altura de 1,52 m. El enanismo que sufrió no era de cuerpo entero, sino sólo en las piernas. Se le intentó curar mediante descargas eléctricas y poniendo gran cantidad de plomo en sus pies.
Su primer cuadro lo pinta con 13 años: Artilleros a caballo. Tres años después realiza su primer autorretrato, donde se pinta sentado omitiendo sus piernas.





En 1881 Toulouse-Lautrec se traslada a París. Decide ser pintor, con el apoyo de su tío Charles y unos pintores amigos de la familia, como Princetau, John Lewis Brown y Jean-Louis Forain. Es admitido en el estudio de Léon Bonnat, que era un retratista de moda. Allí perfecciona su dibujo, pero el maestro le dice que dibuja de forma horrible y que nunca llegará a nada.
Al cerrarse el taller de Bonnat en septiembre de 1882, tuvo que buscarse un nuevo maestro, Fernand Cormon. En el estudio de Cormon se encontró y entabló amistad con Vincent van Gogh.





En 1884 Henri va a vivir al barrio de Montmartre, donde tiene vecinos como Degas. La fascinación que sentía por los locales de diversión nocturnos le llevó a frecuentarlos con asiduidad y hacerse cliente predilecto de algunos de ellos como el Salón de la Rue des Moulins, el Moulin de la Galette, el Moulin Rouge, Le chat noir, el Folies Bergère... Todo lo relacionado con este mundo, incluida la prostitución, constituyó uno de los temas principales en su obra. En sus obras de los bajos fondos de París pintaba a los actores, bailarines, burgueses y prostitutas (su gran obsesión). A éstas las pintaba mientras se cambiaban, cuando acababan cada servicio o cuando esperaban una inspección médica.





Al contrario que los artistas impresionistas, apenas le interesó el género del paisaje, y prefirió ambientes cerrados, iluminados con luz artificial, que le permitían jugar con los colores y encuadres de forma subjetiva. Muy observador, le atraían la gestualidad de los cantantes y comediantes, y le gustaba ridiculizar la hipocresía de los poderosos, que rechazaban en voz alta los mismos vicios y ambientes que degustaban en privado.

Los dueños de los locales le pedían que dibujara carteles para promocionar sus espectáculos, algo que entusiasmó mucho a Lautrec ya que en sus largas noches en los cabarets dibujaba todo lo que veía y lo dejaba por las mesas. Al contrario que Vincent van Gogh, llegó a vender obras y fue reconocido, si bien su popularidad radicó en sus ilustraciones más que en la pintura al óleo.





Tuvo grandes amigas como la bailarina Jane Avril, a la cual dedicó varios cuadros y carteles. Conoció a bailarines reconocidos como Valentín el descoyuntado (que era notario de día y bailarín de noche), payasos y demás personajes de las fiestas y espectáculos por los suburbios. Este mundillo de vicio y extravagancia fue un refugio para Lautrec, quien se sentía rechazado por la nobleza a la que pertenecía por origen. Su minusvalía causaba rechazo en los salones chic, y en Montmartre pudo pasar desapercibido y dar rienda suelta a su bohemia.





Tenía grandes problemas con el alcohol, llegando a mezclar champagne, cognac y absenta en una misma copa y varias veces, lo que muchas veces derivaba en locura. Además contrajo la sífilis. Criticaba a todos aquellos que reflejaban paisajes en sus cuadros, ya que él opinaba que lo que verdaderamente valía la pena eran las personas, el pueblo. Se consideraba a sí mismo un cronista social y se mezcló, pintó y fue como el pueblo.

En 1886 abandonó el estudio de Cormon y arrendó el suyo propio. En la década de los 90 viajó hasta Londres en donde conoció y retrató de forma sublime a Oscar Wilde.
La vida noctámbula y desordenada que llevó durante años, así como su alcoholismo deterioraron su salud. Y a partir de 1897 padeció manías, depresiones y neurosis, además de ataques de parálisis en las piernas y en un costado.





En 1897 tuvo que ser recogido de las calles a causa de una borrachera y poco después en un delirium tremens llegó a disparar a las paredes de su casa creyendo que estaban llenas de arañas. Sin embargo seguía pintando de forma firme y rápida, pero lo vuelven a recoger alcoholizado en 1899 e intentan internarlo en un sanatorio mental. Allí para demostrar que no esta loco realiza una colección de pinturas sobre el circo.





Dejan que vaya a casa de su madre en las posesiones de ésta cerca de Burdeos. Estaba muy mal de salud, con la piel color ceniza y barbudo. Su adicción por el alcohol hizo que llegara a comprar un bastón con la punta tenía forma de copa para poder beber a escondidas de su madre. El 9 de septiembre de 1901 murió postrado en su cama.
En 1922 su madre y su tratante abrieron el Museo Toulouse-Lautrec en Albi, el cual tiene numerosas visitas y es reconocido por su rica colección.





La obra de Toulouse-Lautrec se caracteriza por su estilo fotográfico, al que corresponden la espontaneidad y la capacidad de captar el movimiento en sus escenas y sus personajes, siendo el suyo un estilo muy característico. A esto hay que añadir la originalidad de sus encuadres influencia del arte japonés, que se manifiesta en las líneas compositivas diagonales y el corte repentino de las figuras por los bordes. Poseía una memoria fotográfica y pintaba de forma muy rápida. Sin embargo, su primera influencia fue la pintura impresionista y, sobre todo, la figura de Degas, de quien siguió la temática urbana alejándose de los paisajes que interpretaban Monet o Renoir. Fue la vanguardia del modernismo y del Art Nouveau.

viernes, 1 de agosto de 2008

- TODO ES HISTORIA -

Derechos humanos, otra parte de la historia


Por Victoria Villarruel
Para LA NACION




Un 1° de agosto, durante la noche y mientras la gente dormía, una poderosa bomba explotó en el corazón de Barrio Norte. Dos edificios fueron el centro de la locura terrorista, que ese día eligió una zona densamente poblada para infligir el mayor daño posible a una familia y a todos aquellos que vivieran cerca.

El atentado quedó en la memoria de la sociedad con nombre propio, ya que se lo conoce como el atentado a Paula Lambruschini, por ser ella, una adolescente de 15 años, la primera víctima fatal.

Esa madrugada Paula dormía. Se había acostado pensando en el colegio y en las tareas que debía entregar durante la mañana. Margarita, una vecina de 82 años, también estaba descansando. Ricardo otro vecino, dormía. El barrio estaba en silencio. Los tres no despertaron jamás. Una bomba depositada por la organización Montoneros terminó con sus vidas, sus aspiraciones y aplastó sus derechos humanos.

Los vecinos despertaron entre escombros, con vidrios rotos en sus camas. Los gritos desgarradores y el llanto se apoderaron de esa cuadra, que supo ser tranquila y que se había convertido en un escenario de la guerra. Pacheco de Melo entre Ayacucho y Junín se llenó de humo, sangre, escombros y automóviles destruidos. Dos edificios resultaron estructuralmente inestables y debieron ser demolidos.

Hace treinta años, Paula Lambruschini dejó de ser una adolescente llena de promesas para convertirse en una víctima del terrorismo. En ese mismo instante, la acompañaron Margarita Obarrio de Vila y Ricardo Alvarez, ciudadanos inocentes como todos los que fueron agredidos por las organizaciones terroristas responsables de más de 21.600 atentados.

Ese 1° de agosto comenzó el digno y silencioso dolor de varias familias que perdieron a sus seres queridos, que sufrieron heridas o perdieron sus bienes. Esperaron que el Estado les reconociera sus derechos humanos pero, lamentablemente, a más de 30 años de estos terribles sucesos, el Estado está empeñado en mostrar sólo una porción de la historia, ignorando a quienes como Paula, Margarita, Ricardo y tantos miles más, no optaron por el camino de las armas para obtener el poder. Sin embargo, la obligación primigenia del Estado de proteger a sus ciudadanos miembros de la población civil y no combatiente, se encontraría guiada por intereses e ideologías que impiden la Justicia en la Argentina para aquellos que fueron víctimas del accionar terrorista.

En los últimos lustros, el movimiento de los derechos humanos ha evitado deliberadamente asistir y proteger a las víctimas del terrorismo. En estos años, el Estado ha dictado varias leyes de reparación y diversos beneficios para los ex combatientes de las organizaciones armadas y sus familiares. Pero lo más lamentable es que se ha reescrito la historia reciente de los argentinos y en ella no existen Paula, Margarita o Ricardo. Es un relato donde los victimarios devienen en víctimas y, como tales, gozan de la impunidad que otorga el silenciamiento obligatorio al que están destinados estos miles de argentinos y extranjeros. Parecería que la sociedad aún no reparó detenidamente en el hecho de que los terroristas, antes de ser damnificados, fueron verdugos de la sociedad civil, pues ser ex terrorista no es lo mismo que ser víctima del terrorismo, aunque les asistan los correspondientes derechos humanos para aquellos que quebrantan el orden público.

Es una historia que, ante la reapertura de una causa judicial, como la Causa Larrabure, da origen a la resolución 158/07, por la cual se ordenó a los fiscales excluir de la categoría de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra a los asesinatos, secuestros y torturas realizados por la guerrilla. Su autor fue el procurador general de la Nación y ex ministro del Interior durante el gobierno de Cámpora, Esteban Righi, un funcionario que al menos debería haberse excusado por su participación en la firma de la generosa amnistía a los terroristas en 1973. O el fallo de la jueza Servini de Cubría sobre un dictamen del fiscal Berlanda, que sobreseyó a reconocidos combatientes montoneros, acusados de integrar la célula que puso la bomba en el comedor de la Policía Federal, donde perdieron la vida 24 argentinos y más de 60 resultaron heridos, bajo la excusa de que no fue un delito de lesa humanidad y, por ende, estaba prescripto.

Todas estas acciones de los tres poderes del Estado parecen apuntar al otorgamiento de impunidad para los culpables de aberraciones como las que se cometieron contra Paula Lambruschini, Margarita Obarrio de Vila y Ricardo Alvarez, negando lo que el Estatuto de Roma, ratificado por la Argentina, establece respecto de los delitos de lesa humanidad.

Las víctimas del terrorismo no reclaman venganza, no cortan calles ni hacen escraches, no ocupan cargos públicos, no pontifican. Sólo quieren verdad, justicia, reparación y paz, para poder vivir en un país donde la impunidad no se muestre por televisión, donde el rostro del terror no sea vocero interesado de los derechos humanos, donde quienes tienen sus manos manchadas de sangre respondan ante la sociedad por los crímenes cometidos.

A treinta años del asesinato de estos tres inocentes, la Argentina no es defensora de los derechos humanos, ni está a la vanguardia del respeto de los mismos; sólo ha trucado las armas por la acción política y judicial, que siguen impidiendo a las víctimas del terrorismo el goce de sus derechos.

La autora es abogada, presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas.

jueves, 31 de julio de 2008

- ROBO AL PATRIMONIO -




ROBO A BERNI

Consideran "imposible" vender las obras de Berni


Interpol publicó la lista en Internet y buscan al entregador de las quince pinturas; también sospechan de piratas del asfalto



El ministro argentino de Justicia, Aníbal Fernández, dijo hoy que para los expertos "es imposible" que puedan ser vendidas las 15 pinturas de Antonio Berni robadas el sábado en las afueras de Buenos Aires. Dijo que las fuerzas de seguridad han concentrado su esfuerzo "en evitar que las obras de arte robadas puedan salir del país".





Además la fiscal de San Isidro Claudia Gamboto ordenó que especialistas de la Policía Federal se sumen a la investigación del robo los 15 óleos, valuadas en al menos cuatro millones de dólares, informaron hoy fuentes oficiales.

La principal hipótesis manejada hasta ahora por los investigadores, según las fuentes, es que se trataría de piratas del asfalto que dieron un golpe al voleo, sin saber el contenido del camión, y estando ya en pleno asalto se encontraron con el valioso botín artístico.





Los cuadros de Antonio Berni robados anteayer en la calle en Munro ya figuran en Internet y los investigadores buscan el nombre del entregador que habría filtrado la información sobre el traslado de las obras.

Si bien no se descarta la posibilidad de un pedido de rescate al propietario de las piezas -el hijo del artista, José Antonio Berni-, los detectives de la policía bonaerense se reunieron ayer con directivos de la empresa responsable del movimiento de las obras, Delmiro Méndez e Hijo SA. Según fuentes del Ministerio de Seguridad bonaerense, buscaban reconstruir el procedimiento que permitió a los delincuentes interceptar al camión que debía trasladar los cuadros desde el depósito de esa empresa, en Munro, hasta la casa del hijo del pintor, en la Capital.





Como informó ayer LA NACION, es norma de esa empresa, con 80 años de antigüedad en el tema, mantener la confidencialidad sobre el contenido de los traslados. Uno de sus propietarios, Lucio Méndez, dijo el día del robo que "muy poca gente sabía lo que se trasladaba, y los empleados se enteran de lo que tienen que llevar en el momento. La información no salió de la empresa".

A sólo dos cuadras del depósito de Méndez, a las 7.45 del sábado, dos hombres vestidos con ropas similares a las que usan los policías detuvieron el camión con los cuadros. A punta de pistola condujeron a los tres empleados de Delmiro Méndez a la ruta Panamericana, donde los esperaban otro hombre y un camión. De las 17 obras que llevaban, los delincuentes dejaron dos, porque no cabían en su camión. Entretuvieron a los empleados de la empresa de traslados, les ofrecieron desayunar y les dejaron mil pesos a cada uno. Excepto por estos últimos detalles, el modus operandi de los delincuentes es el mismo de una banda detenida por la policía bonaerense hace unos dos meses.





Fuentes policiales estimaron ayer, en diálogo con LA NACION, que los autores del robo serían argentinos. Descartan la posibilidad de que haya sido patrocinado por intereses foráneos, dado el interés casi exclusivamente nacional por las obras de Berni.

El comportamiento del mercado de arte argentino orienta también las hipótesis sobre cuáles podrían ser los futuros movimientos de quienes se apoderaron de los cuadros. "Es probable que intenten venderlos a personas que ya hayan adquirido objetos de arte robados, pero les resultará muy difícil porque ya tienen pedido de secuestro", dijo un vocero de Interpol. Opinó que sería muy dificil que puedan ser sacadas del país, por lo que considera firme la posibilidad de que pidan rescate.






Obras en la Web


Desde la madrugada de ayer, los cuadros robados figuran en la página web de Interpol ( www.interpol.gov.ar ). Fueron ingresados a ese sitio por agentes de la policía, con la colaboración de José Antonio Berni, en la noche del sábado.

Las fotos de los quince cuadros y sus descripciones se sumaron a los pedidos de secuestro de otras ocho obras del mismo artista que fueron robadas entre 1989 y 2007. Si bien la evaluación de las obras alcanzaría los cuatro millones de dólares, según fuentes de Interpol, el monto del seguro no sería muy alto.





Para los detectives, la investigación llevará meses. Ayer dieron apenas los primeros pasos. El hijo del recordado artista rosarino, en diálogo con LA NACION, auguró que los plazos serán más breves. "Esperemos que en cualquier momento nos enteremos de que dejaron los cuadros «olvidados»en algún lugar", dijo.


Silvina Premat
adnCultura
La Nación

martes, 29 de julio de 2008

- SABIDURIA -





Frases y citas célebres


sobre La Sabiduría





El más tonto sabe más en
su casa que el sabio
en la ajena.
Cervantes

Los hombres sabios aprenden
con los errores que otros
cometen; los tontos,
con los propios.
H. G. Bohn

El sabio sabe que ignora.
Confucio

La sabiduría es hija
de la experiencia.
Leonardo da Vinci

El hombre sabio, incluso
cuando calla, dice más que
el necio cuando habla.
Thomas Fuller

El hombre sabio no lo
es en todas las cosas.
Montaigne

La sabiduría es un adorno
en la prosperidad y un
refugio en la adversidad.
Aristóteles

Saber y saberlo demostrar,
es valer dos veces.
Baltasar Gracián

Para obtener éxito en el mundo,
hay que parecer loco y ser sabio.
Montequieu

El sabio no dice nunca
todo lo que piensa,
pero siempre piensa
todo lo que dice.
Aristóteles

La sabiduria nos llega
cuando ya no nos sirve de nada.
Gabriel García Márquez

Por los defectos de los demas,
el sabio corrige los propios.
Pubilio Siro

Sólo la inteligencia
se examina a sí misma.
Jaime Balmes

El conocimiento y la
comprensión sobre los
demás es sabiduría.
Lao-tsé

El hombre que sabe
no habla. El hombre que
habla, no sabe.
Lao-Tsé

El sabio sólo usa de acritud
contra sí mismo, y es
amable con los demás.
Plutarco

El que sabe mucho,
tiene mucho de qué
preocuparse.
Lessing

Con el conocimiento
se acrecientan las dudas.
Goethe

Los sabios buscan la sabiduría;
los necios creen haberla encontrado.
Napoleón

La gran sabiduría, que mira
lo lejano y lo cercano,
no juzga poco lo pequeño
ni mucho lo grande.
Yutang

Los cocodrilos vierten
lágrimas cuando devoran a
sus víctimas.
He ahí su sabiduría.
Francis Bacon

Lo último que uno sabe
es por donde empezar.
Blaise Pascal

Sólo sé que no sé nada.
Sócrates

lunes, 28 de julio de 2008

- NO PECARAS... -




Palabras como señales de alarma


Por Lucas Colonna

De la Redacción de LA NACION



"JUDAS", "Traidor", "Saludos a Vandor", "Limitar la resolución 125", "Democracia condicionada". Apelaciones bíblicas, reivindicaciones a la violencia histórica, sugerencias crípticas del presente y del futuro... Esas fueron las reacciones del kirchnerismo después del voto de Julio Cobos. Lejos de apaciguar los ánimos sociales, esas palabras produjeron profunda tensión. Y podrían revelar más de quienes las han dicho que de aquellos a quienes estaban destinadas.

De la filosofía esencialista (y su postulado de que el ser vive y adviene en el lenguaje) al psicoanálisis (y su principio de alcanzar la cura por medio de la palabra), pasando por la semiótica y la semiología, las palabras han sido objeto de estudio para fenómenos tanto o más complejos que el de la política argentina. Vale, entonces, la pregunta: ¿qué no han dicho las palabras en los últimos días?

La primera en comenzar el diagnóstico fue Cristina Kirchner. Habló en un aeropuerto chaqueño de "traidores" al referirse, siempre con una sonrisa, al vicepresidente, y también a la decena de senadores oficialistas que rechazaron la iniciativa. Sus palabras encendieron una alarma. El relato que la naciente urbanidad porteña "construyó" -como le gusta decir a la Presidenta- sobre el ámbito rural a comienzos del siglo XX quedó plasmado en el folletín.





No resulta descabellado pensar que las desmesuras de los últimos días pusieron en clave folletinesca la disputa Gobierno-campo. Y, de acuerdo con la tradición de ese género, las traiciones suelen pagarse con la venganza. ¿Esconde acciones en el futuro el diagnóstico de la Presidenta cuando reapareció, en el aeropuerto chaqueño? ¿Acaso los argentinos deberían preocuparse por la seguridad física de Cobos? En la misma línea discursiva está la inscripción que le dedicaron a Cobos los leales militantes de la nueva JP Descamisados: "Cobos traidor, saludos a Vandor". El metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, que impulsaba un peronismo sin Perón, fue asesinado en 1969 por un grupo que llevaba el sello "Descamisados". Las palabras del oficialismo se prestan a múltiples interpretaciones y a lecturas desviadas, sobre todo porque nadie en la cima del poder se encarga de aclararlas.

Algo similar ocurre con el decreto que eliminó las retenciones, cuya redacción dice mucho más de lo que pretende omitir. Bajo el pretexto de garantizar salvaguardas jurídicas, presenta como una limitación lo que en rigor es una eliminación de las retenciones móviles, y sugiere que vivimos en una "democracia condicionada" por lo que ocurrió en la votación. "Soy humano. Si me equivoco, ayúdenme a corregir el rumbo." Néstor Kirchner solía finalizar sus discursos con esa frase. La idea de "limitar" una medida que puso en vilo el país durante cuatro meses no puede equipararse con la de corregir. Corregir" implica aceptar un error. Limitar no. Hablar de una democracia condicionada puede resultar absurdo si se tiene en cuenta que el reglamento parlamentario concede al vicepresidente la potestad de desempatar.

Judas. Por demás curioso resulta el apelativo que desde el oficialismo se puso a Cobos. El primero en llamarlo así fue el senador Miguel Pichetto, cuando, aún descolocado por la votación, dijo de madrugada a las radios porteñas que el comportamiento de Cobos remite a Judas Iscariote, el traidor que vendió a Jesús por unas monedas.





El apelativo lo retomó luego el piquetero Luis D Elía. "Es como Judas. Tendría que haber votado respetando la voluntad del Poder Ejecutivo. La traición es un disvalor", dijo. Reminiscencias de los relatos bíblicos en un oficialismo que ha construido una relación muy tensa con la Iglesia...

domingo, 27 de julio de 2008

- FALLA -




MANUEL DE FALLA Y MATHEU



AMORES BRUJOS

DE UN ESPAÑOL

EN ARGENTINA



Nace en Cádiz, España, un 23 de noviembre de 1876. Fue un compositor español de música clásica. Con Isaac Albéniz y Enrique Granados, es uno de los músicos más importantes de la primera mitad del siglo XX en España.

Hijo de José María Falla y Franco y de María Jesús Matheu y Zabala. Su madre, intérprete del piano y su abuelo, lo introducen en las primeras nociones de música, que a los 9 años de edad continúa con una profesora de piano, Eloisa Galluzo. Además su nodriza le enseñó nanas y canciones populares que dejaron huella en él. En 1889 continúa sus estudios de piano con Alejandro Odero, y aprende armonía y contrapunto con Enrique Broca.





A los quince años sus intereses parecen ser principalmente la literatura y el periodismo. Con un grupo de amigos funda una revista literaria, "El Burlón", y en 1890 participa en una segunda titulada "El Cascabel", que termina dirigiendo. En 1893, asistiendo a un concierto en Cádiz donde se interpretan, entre otras, obras de Edvard Grieg siente, según sus propias palabras, que su "vocación definitiva es la música". Orientado en esa dirección, a partir de 1896 comienza a viajar a Madrid, donde asiste al Conservatorio . Allí se perfecciona en piano con José Tragó, logrando en 1899 obtener un primer premio en un concurso de intérpretes del instrumento. Por esta época, el joven músico empieza a usar el apellido "de Falla", con el que será conocido. En 1897 se traslada a Madrid definitivamente, donde al año siguiente termina con honores sus estudios en el Conservatorio, y en 1901 conoce a Felipe Pedrell , quien tendrá notable influencia en su posterior carrera: despertará en él el interés por el flamenco y, en especial, el cante jondo.





Tras algunas zarzuelas, hoy perdidas u olvidadas, como Los amores de Inés, los años de estudio en la capital española culminaron con la composición de la ópera La vida breve, que se hizo acreedora del primer premio de un concurso convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Aunque las bases del concurso estipulaban que el trabajo ganador debía representarse en el Teatro Real de Madrid, Falla hubo de esperar ocho años para dar a conocer su partitura, no en Madrid sino en Niza.






La siguiente etapa de su formación tiene lugar en Francia: afincado en París desde 1907, por consejo de Turina y Mirecki, entró en relación con Claude Debussy, Maurice Ravel, Dukas y Albéniz, cuya impronta sería perceptible en varias obras posteriores como Noches en los jardines de España, obra en la que, a pesar del innegable aroma español que presenta, está latente cierto impresionismo en la instrumentación. En París también conoció y trabó amistad con Pablo Picasso. La madurez creativa de Falla empieza con su regreso a España, en el año 1914.





Es el momento en que compone sus obras más célebres: la pantomima El amor brujo y el ballet El sombrero de tres picos (compuesto para cumplimentar un encargo de los célebres Ballets Rusos de Sergei Diaghilev), las Siete canciones populares españolas para voz y piano, la Fantasía bética para piano y la ya citada Noches en los Jardines de España, estrenada en el Teatro Real en 1916. Su estilo fue evolucionando a través de estas composiciones desde el nacionalismo folclorista que revelan estas primeras partituras, inspiradas en temas, melodías, ritmos y giros andaluces o castellanos, hasta un nacionalismo que buscaba su inspiración en la tradición musical del Siglo de Oro español y al que responden la ópera para marionetas El retablo de maese Pedro, una de sus obras más alabadas, y el Concierto para clave y cinco instrumentos.





En 1919 se transladó a Granada viviendo en una casa cercana a la Alhambra donde llevó una vida retirada, rodeado de un grupo de amigos entre los que se encontraba Federico García Lorca. En 1936, Falla intentó por todos los medios salvar a Lorca del fusilamiento a manos de las tropas insurrectas del ejército nacionalista, aunque no lo consiguió.

En Granada, Falla escribe las citadas obras: la música para teatro de marionetas "El retablo de maese Pedro" (1923) y un concierto para clavecín y orquesta de cámara (1926). En estas obras la influencia de la música folklórica es menos visible que una suerte de neoclaisicismo al estilo de Stravinski.





Mientras que en sus obras anteriores Falla hacía gala de una extensa paleta sonora, heredada directamente de la escuela francesa, en estas últimas composiciones, su estilo fue haciéndose más austero y conciso, y de manera especial en el Concierto. Los últimos veinte años de su vida, Manuel de Falla los pasó trabajando en la que consideraba había de ser la obra de su vida: la cantata escénica La Atlántida, sobre un poema del poeta en lengua catalana Jacint Verdaguer, que le había obsesionado desde su infancia y en el cual veía reflejadas todas sus preocupaciones filosóficas, religiosas y humanísticas. Continuó trabajando en esta obra tras su exilio a Argentina, pero quedó inconclusa y sólo fue terminada, tras la muerte de Falla, por su discípulo Ernesto Halffter.





El 28 de septiembre de 1939, después de la guerra civil española y en puertas de la Segunda Guerra Mundial, Manuel de Falla se exilió en Argentina, a pesar de los intentos de los gobiernos del general Francisco Franco, que le ofrecen una pensión si regresa a España, vive en su exilio argentino gracias a la ayuda de algunos mecenas, entre ellos la familia Cambó. Vive de forma tranquila en una casa en las montañas, donde su hermana cuida de él, ya que casi siempre estaba enfermo. Finalmente muere en Alta Gracia, Córdoba, un 14 de noviembre de 1946, sin que hubiera podido culminar su última obra. La tarea de finalizarla según los esbozos dejados por el maestro correspondió a su discípulo Ernesto Halffter.





En 1946 sus restos fueron trasladados desde Buenos Aires, hasta su tierra natal, Cádiz a bordo del minador Marte. En Cádiz fueron recibidos por su familia, por José María Pemán y por diferentes autoridades eclesiásticas, civiles y militares, entre las que se encontraba el Ministro de Justicia, Raimundo Fernández Cuesta, en representación del Jefe del Estado, General Franco. El cortejo fúnebre se dirigió del muelle a la Catedral, donde se celebró un solemne funeral. Con autorización expresa del Papa Pío XII, los restos fueron enterrados en la Cripta de la Catedral de Cádiz, donde se encuentran actualmente junto a los de José María Pemán

- GLOBAL -




Ciudadanía planetaria


Hace unos días, el filósofo y escritor Santiago Kovadloff disertó, al celebrarse el 187º aniversario del nacimiento de Bartolomé Mitre, en el museo que lleva su nombre. Con su lucidez habitual, rescató la tarea de afianzar el sentido de la vida republicana en el país y la necesidad de plantear seriamente un debate ambiental para evitar que se destruya nuestra "casa", el planeta.

Al referirse al propio museo, mencionó Kovadloff que una casa puede remitir al pasado o al futuro, dependiendo de quién la habite, de quién la frecuente, pero, teniendo en cuenta la tarea pendiente que evoca, el museo constituye un espacio que remite al futuro.

Nuestro planeta es la necesidad de nuestro futuro, pero hemos descubierto que nuestra casa, la Tierra, está en peligro como consecuencia del abuso. Se ha producido una acumulación considerable de gases de efecto invernadero en la atmósfera; se han multiplicado los armamentos nucleares; las ciudades se han transformado en conglomerados inhabitables; la presión por más tierras de cultivo va haciendo desaparecer, cada año, un porcentaje importante de bosques y selvas; se han contaminado los ríos y los mares, y miles de especies se extinguen cada año.

Sin duda, la disertación hizo hincapié en el concepto de progreso y en el causante de la terrible situación, el hombre. Un hombre depredador, una pieza de discordia convencida de poseer cualidades bondadosas. Kovadloff destacó que, sin duda, hemos progresado en muchísimas cosas, pero que si el progreso se paga con la extinción de nuestra casa, entonces estamos frente a una política de autodestrucción, tema que ha venido destacando en sus últimos ensayos. Entre ellos, "El dolor de la Tierra", en el que manifiesta que por obra de la cultura y también de la barbarie que ésta comporta, el planeta ha pasado a ser, en gran medida, "un producto, un artefacto".

Es que la desvalorización de los problemas ambientales no es sino el resultado inevitable de un pensamiento que no sabe más que moverse en la inmediatez: de los bienes y servicios que brindan los ecosistemas sólo se consideran aquellos que hoy computa el mercado. La planificación, herramienta clave para poder determinar los pasos para llegar a un futuro promisorio, ha sido reemplazada por una espontaneidad salvaje, que sólo favorece a los intereses de corto plazo.

Como destacábamos en estas columnas tiempo atrás, se trata de un fenómeno mundial que obliga a preguntarse si se está en condiciones de plantear cambios que vayan más allá de lo meramente coyuntural. Un desafío ético imperioso, que implica modificar esa ya mencionada lógica autodestructiva.

Por eso, Kovadloff describió el enorme desafío que trae el siglo XXI: entender que el hombre está convocado a ser un ciudadano planetario, lo cual plantea el dilema de saber si puede convivir o no con la tierra y, desde ese ideal de convivencia planetaria, acercarse al ideal de convivencia nacional e internacional.

¿Qué contribución puede hacer nuestro país a este proyecto de ciudadanía planetaria? Posiblemente, redefinir el sentido de la explotación de la tierra por medio de una tecnología solidaria en la que el progreso esté aliado al cuidado del planeta, entendido el cuidado de las relaciones del ser humano no sólo con el medio ambiente, sino también con sus semejantes.

Este tema está ausente del debate público, porque no se comprenden todavía los desafíos del porvenir. Pero, aun cuando mantengamos una actitud indiferente frente a la irreversibilidad de muchos fenómenos de deterioro ambiental, nuestro bienestar se encuentra en peligro. De modo que no solamente es posible, sino que es indispensable realizar cambios que impliquen mejoras duraderas. Será la única manera de asegurar la capacidad de nuestro planeta de sostener una vida digna a las futuras generaciones de ciudadanos planetarios.

sábado, 26 de julio de 2008

- ARLT -




ROBERTO ARLT


EL RABIOSO JUGUETE

CON SUS LOCOS SIETE


A 66 AÑOS DE SU MUERTE




Hijo de un inmigrante prusiano y una italiana, Roberto Godofredo Christophersen Arlt nació en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 2 de abril de 1900.

Publicó El juguete rabioso, su primer novela, en 1926. Por entonces comenzaba también a escribir para los diarios Crítica y El mundo. Sus columnas diarias Aguafuertes porteñas, aparecieron de 1928 a 1935 y fueron después recopiladas en el libro del mismo nombre.





Se divertía contando de sus amistades con rufianes, falsificadores y pistoleros, de las que saldrían muchos de sus personajes. Las Aguafuertes se convirtieron con el tiempo en uno de los clásicos de la literatura argentina.

Al mismo tiempo de su actividad como escritor, Arlt buscó constantemente hacerse rico como inventor, con singular fracaso. Formó una sociedad, ARNA (por Arlt y Naccaratti) y con el poco dinero que el actor Pascual Naccaratti pudo aportar instaló un pequeño laboratorio químico en Lanús. Llegó incluso a patentar unas medias reforzadas con caucho, que no fueron comercializadas, y al decir de un amigo, "parecen botas de bombero".





En 1935, viajó a España y África enviado por El Mundo, de donde salen sus Aguafuertes Españolas. Pero salvo este viaje y alguna escapada a Chile y Brasil, permaneció en la ciudad de Buenos Aires, tanto en la vida real como en sus novelas, Los siete locos y su continuación, Los lanzallamas.
Murió de un ataque cardíaco en Buenos Aires, el 26 de julio de 1942.





Entre sus obras figuran:


• El juguete rabioso (1926)
• Los siete locos (1929)
o Un hombre extraño
o Las opiniones del Rufián Melancólico
o Discurso del Astrólogo
• Los lanzallamas (1931)
• El amor brujo (1932)
• Aguafuertes porteñas (1933)





o El fiacún
• El jorobadito (1933)
o El jorobadito
• Aguafuertes españolas (1936)
• El criador de gorilas (1941)
• Nuevas aguafuertes españolas (1960)
• Teatro completo (1968)
• Cuentos Completos (1997)



jueves, 24 de julio de 2008

- SIEMPRE CONTRA EL CAMPO -




Stalin contra el campo


Por Edgardo Cozarinsky
Para LA NACION



A principios de los años 30 del siglo pasado, después del breve período de la NEP (Nueva Política Económica) que había permitido cierto limitado campo de acción a la iniciativa privada, la Unión Soviética implementó un plan de estatización no sólo de toda actividad industrial, sino también del agro.

No fue sólo parte del espejismo económico del régimen stalinista (llamado utopía por crédulos y venales); tenía por intención tácita, pero mayor, la de doblegar las ansias de autodeterminación de Ucrania, país que había sido república independiente durante la guerra civil, incorporado luego como república soviética a la URSS, y cuya riqueza agraria lo convertía en el granero de la Unión.

Entre 1931 y 1933, seis millones de campesinos ucranianos murieron de hambre, fieles a sus tierras, defendiéndolas con su vida de las garras estatales, sin poder acceder -y mucho menos comerciar- al producto de sus cosechas, incautadas por los comisarios del régimen.

Ese exterminio por hambruna, cuya cifra iguala a la Shoah perpetrada por el nazismo, es conocido por la palabra holodomor .

Como en todas las épocas y latitudes, hubo intelectuales y artistas enceguecidos por la ideología o sensibles al halago del poder. Dos enormes cineastas estuvieron entre ellos: Sergei Eisenstein festejó el modelo anunciado de estatización del agro con La línea general , también conocida como Lo viejo y lo nuevo , film de 1929, una de sus búsquedas formalistas más audaces; en 1935, al volver de su experiencia mexicana, no pudo finalizar El prado de Bezhin , donde celebraba la delación por parte de un hijo de la disidencia política del padre. Aleksander Dovzhenko, ucraniano él, realizó una obra maestra, La tierra (1930), cuando se iniciaba la aniquilación del mundo agrario idealizado por él en imágenes de panteísmo pagano.

Stalin, recordémoslo, era georgiano: su apellido original era Dzhugashvili. Provenía de ese antiquísimo pueblo del Cáucaso, anexado primero por el imperio de los zares, luego por ese otro imperio que fraguó la revolución de octubre. Durante su reinado, privilegió siempre a sus connacionales, territorio lejano a Moscú pero donde nunca se sufrió hambre y cuyos funcionarios leales al poder central gozaban de privilegios ignorados en el resto de la Unión Soviética.

Hombre del Kremlin antes que de Moscú, de Moscú antes que de la formidable unión de repúblicas que gobernaba, Stalin sólo oía, fuera de los informes que llegaban filtrados hasta su búnker, un eco lejano, nostálgico, de su provincia de origen.

Sus altibajos de humor, lo que hoy se suele denominar "bipolaridad", fueron legendarios y tenían en vilo a su corte. En 1937 hizo aprobar por el Politburó la tortura física de cualquiera al que considerase "enemigo del pueblo", el mismo año en que Peter , una almibarada comedia musical austríaca, lo emocionó hasta las lágrimas.

Stalin murió en 1953 y pasaron tres años antes de que el "padrecito de los pueblos" fuera repudiado en Moscú, en el vigésimo congreso del Partido Comunista. Su política económica, en cambio, no fue impugnada: sus sucesores sólo la atenuaron cosméticamente. La suerte de los campesinos ucranianos siguió siendo tabú en la prensa soviética y fue ignorada complacientemente en los países sensibles a una idea retrógrada de "progresismo". Sólo pudo conocerse la amplitud de la masacre tras el colapso de la Unión Soviética, que se expandió como una onda magnética a sus satélites europeos, e iba a tardar en modificar, muy gradualmente, la economía de los satélites no europeos, desde Corea del Norte hasta Cuba.

El odio de José Stalin por el campo ha permanecido como un ícono del empecinamiento en la ceguera que produce el poder. Sobornos, prebendas, corrupciones de todo tipo lo han hecho patético: su victoria siempre es pírrica; la satisfacción del líder se parece demasiado a la de la madrastra de Blancanieves ante un espejo obsecuente, al que un día se le escapa la verdad.

El autor es escritor y cineasta.

martes, 22 de julio de 2008

- SPILIMBERGO -





Lino Spilimbergo


UN GRANDE DE NUESTRA PINTURA




Lino Enea Spilimbergo nace en Buenos Aires un 12 de agosto de 1896.
Pintor y grabador es considerado uno de los grandes maestros del arte argentino, su nombre completo era Lino Claro Honorio Enea Spilimbergo.

A partir de 1910 comienza a trabajar para mantenerse, fue cadete y telefonista, en 1912 ingresa a la Empresa Nacional de Correos y Telégrafos, puesto que mantendrá paralelamente con su trabajo como artista hasta 1924.





En 1917 se recibe de profesor nacional de Dibujo de la Academia Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, entre sus profesores se encuentran artistas de la talla de Pío Collivadino, Ernesto de la Cárcova y Carlos Pablo Ripamonte.

Al ser asmático crónico los médicos le aconsejan mudarse a un lugar de clima seco, la empresa le gestiona un translado a Desamparados, provincia de San Juan, allí realiza su primera exposición individual, vive allí desde 1921 hasta 1924, año en que renuncia a su empleo.

Spilimbergo estudio en Alemania donde se gradúa de pintor. Cursa la escuela primaria en el Colegio Salesiano “Don Bosco” y en la Escuela Superior del mismo nombre.





En 1925 viaja a Europa, en Italia estudia a los clásicos, artistas del 1300 y 1400, puso atención especial a los frescos, que luego trabajara en el muralismo. En Italia adquirió cierta influencia renacentista: Planteos austeros y sobrios con una solidez casi arquitectónica que llega a plasmar en sus grabados, dibujos y, especialmente, pinturas.

En 1926 concurre al taller de André Lhote en París, maestro exigente, se empapa de la escuela poscubista y recibe influencia de Paul Cézanne. En 1928 retorna a su país.





En 1930 junto al mexicano David Alfaro Siqueiros y los argentinos Antonio Berni y Lozano concreta el mural Ejercicio plástico. En 1933 junto a Berni, Juan Carlos Castagnino, Manuel Colmeiro Guimarás y Demetrio Urruchúa es uno de los realizadores de los murales que exornan la cúpula de las Galerías Pacífico.

Al fin de los años 30, fue docente en el Instituto Argentino de Artes Gráficas con discípulos destacados: Medardo Pantoja (1906-1976), Eolo Pons (1914) y Leopoldo Presas (1915). En 1948 organizó y pasó a ser director del Taller de Pintura del Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, donde trabajó entre otros con Eugenio Hirsch. Se jubiló del cargo de director en 1952, no sin artes haber formado a la Escuela de Muralistas Tucumanos.





Tras su jubilación prosiguió con intensidad su trabajo artístico, participando en diversas exposiciones nacionales e internacionales (Bienal de Venecia, Bienal de São Paulo, Exposición de Pintura Argentina en Nueva York, Helsinki, México, Pekín).

Fallece el 16 de marzo de 1964 en Unquillo, localidad de las Sierras de Córdoba en donde se había afincado desde 1952.

lunes, 21 de julio de 2008

- DECA -




La decadencia


Por Jorge Fontevecchia




LOS CICLOS. Cada “S” grafica las etapas de preparación, plenitud y decadencia de cualquier proceso. En las patas inferiores y superiores, los esfuerzos no traen beneficios porque el proyecto aún no despegó o ya se hizo obsoleto. Maximiza los beneficios quien entra cuando está a punto y salta a otro antes de su agotamiento.


“Cristina nos arengó. Pensábamos que veníamos como gesto de apoyo, pero fue al revés: ella terminó levantándonos el ánimo a nosotros”, dijo uno de los 150 legisladores que concurrieron el viernes a Olivos.

Quienes creen que los problemas del Gobierno se solucionan “corriendo” a Néstor Kirchner pueden estar cometiendo el mismo error de cálculo que quienes creían que la presidencia de Cristina Kirchner sería diferente de la de su marido.
Ni Cristina puede separarse de su marido, ni está probado que ella sea menos dura que él. Sin embargo, el Gobierno terminará acatando la realidad, pero luego de resistirse todo lo que le sea posible e intentando aquellas venganzas que pueda ejecutar. Normalmente, las personas agotan los reproches a los demás antes de pasar a los autorreproches. Y como paso previo al recogimiento, se entregan primero a la ira. Hasta que la realidad se hace indisimulable.

Elisabeth Kübler-Ross, célebre psiquiatra suiza, enumeró los cinco pasos que atraviesan las personas antes de aceptar una noticia muy desagradable para sus vidas.
La primera es la negación, etapa en la que se encuentra el oficialismo, según lo confirmó ayer el propio jefe de la bancada oficialista de senadores, Miguel Pichetto: “La Presidenta nos felicitó y no consideró de ninguna manera que hubiéramos tenido una derrota”.

La segunda es la cólera, fase marcada por la rabia y el resentimiento, ciclo en el que Cristina Kirchner parece estar camino a ingresar, porque, según otro de los legisladores que el viernes estuvo en Olivos, al elogiar a uno de los perros del jardín, la Presidenta le respondió: “Ese me lo regaló Solá. Qué pena que no lo pusimos de legislador”. La Presidenta también dijo: “A los traidores, ni perdón”. Y profundizando sobre Cobos, agregó: “Está claro acá quién es Carmona” (quien presidió el golpe de Estado contra Chávez en 2002).

La tercera, cuarta y quinta fase, según lo que en medicina se conoce como el “modelo Kübler-Ross”, son las de asimilación: negociación (en la que se trata de reducir las consecuencias), depresión (cuando la persona puede expresar con sinceridad su dolor) y, finalmente, aceptación.

Money, money. Mientras esto les sucede a los Kichner, otro tipo de digestión se está metabolizando entre sus aliados. A diferencia de la anterior, ésta puede explicarse mejor desde la economía que desde la psicología, aunque tienen algunos puntos de contacto. Los inversores elogian a aquel que “sabe tomar pérdidas”. No siempre se puede ganar en la vida, pero el mal inversor sería aquel que cuando pierde se emperra: “No voy a vender justo ahora que la acción (el bono, la divisa, etcétera) bajó tanto. Espero hasta que vuelva a subir”. O en el caso de una empresa o un proyecto: “Si ya tengo invertido tanto, no puedo abandonar justo ahora”. En el manual del buen inversor, saber tomar pérdidas a tiempo es tan importante como saber ganar. Entrar y salir a tiempo es lo que hace la diferencia.

La fuente del gráfico que ilustra esta página es de McKinsey & Company, la consultora estratégica más importante del mundo. Cada “S” representa etapas de preparación, plenitud y decadencia de cualquier proceso. En las patas inferiores y superiores, los esfuerzos no traen beneficios, porque el proyecto aún no despegó o ya se hizo obsoleto. Por tanto, maximiza beneficios quien entra cuando está a punto y salta a otro proyecto antes del agotamiento.

Los políticos, los sindicalistas y los amigos del gobierno de turno de todo tipo no necesitaron escuchar a los consultores de McKinsey para entender que la clave de su carrera se apoya en saber acercarse al futuro gobernante que está por triunfar y en despegarse en el momento oportuno, justo a tiempo para subirse al proyecto del próximo ganador.

Traduciendo el gráfico de McKinsey al universo K, Zannini o De Vido se sumaron al proyecto de Kirchner en su fase inicial (la pata de abajo) y tuvieron que transitar muchos años de esfuerzos en la acotada Santa Cruz, obteniendo resultados modestos en lo que a sus beneficios personales se refiere, durante la etapa provincial de Néstor Kirchner. Luego, gozaron de los dividendos del despegue en la fase nacional de Kirchner y probablemente continuarán fieles a su jefe en el ciclo de decadencia (como se dice en economía), “consumiendo capital” acumulado.

Pero ellos son la excepción. La enorme mayoría de los aliados del kirchnerismo, siguiendo con darwinismo empírico la recomendación de McKinsey, ingresaron al proyecto del matrimonio presidencial cuando éste triunfó, y con la misma rapidez con la que se subieron a él comenzarán a bajarse, lo que en la política argentina significa “pasarse al equipo contrario”. Cada una de esas “defecciones” volverá a ser indigerible para los Kirchner, reiniciando los cinco pasos descriptos en el “modelo Kübler-Ross”.
El matrimonio presidencial tendrá que acostumbrarse al círculo vicioso después de muchos años de círculo virtuoso.

domingo, 20 de julio de 2008

- DEBUSSY -




Claude Debussy


MAESTRO DE PIANO

AFAMADO MUSICO



Claude Achille Debussy, nace en St. Germain-en-Laye, 1862. Célebre compositor francés. Ya en su niñez había iniciado el estudio del piano en su hogar; sin embargo, no pensaba entonces en la carrera musical. Fue una antigua discípula de Chopin, la señora Manté de Fleurville, quien intuyó la vocación del muchacho e indujo a sus familiares a cultivarla. De esta forma, Debussy ingresó en 1873 en el Conservatorio de París; allí tuvo por maestros, entre otros, a Lavignac, a Marmontel y, en composición, a Ernest Guiraud.





Grato paréntesis en sus estudios fue, en el verano de 1880, su empleo de acompañante como pianista de cámara y profesor de piano de los hijos de una rica dama rusa, Nadesda von Meck, protectora de Chaikovski y fanática de su música, en sus viajes a través de la Francia meridional, Suiza e Italia. Esto le permitió conocer a Wagner. Debussy vio renovado el empleo en los veranos siguientes, posiblemente hasta 1884, y entonces visitó Moscú, donde pudo establecer cierto contacto con la música del "grupo de los Cinco".





En el Conservatorio había adquirido fama de músico revolucionario; sin embargo, en 1884 logró el "Prix de Rome" con la cantata El hijo pródigo, que presenta al joven compositor aún envuelto en la amable sensualidad melódica propia del gusto de Massenet, pero también capaz de esbozar un aria perfecta en su género, como la de Lía. Los tres años pasados en Villa Médicis resultaron enojosos para el joven Debussy, que no sentía inclinación alguna por el clasicismo romano y con gran amargura echaba de menos París y su vida intelectual, inquieta y moderna.





De Roma se trajo la cantata La Demoiselle élue (1887-88, La damisela bienaventurada), sobre un texto de D. G. Rossetti y de un gusto prerafaelista muy propio de la época; todavía arrastrado por un sentimentalismo hijo del siglo XIX, y musicalmente situado entre Massenet y Chaikovski, Debussy buscaba a tientas la salida hacia una nueva concepción artística y cayó, como era natural, en el wagnerismo. Más bien que de experiencias musicales (entre ellas contaron singularmente las llevadas a cabo en Rusia y el descubrimiento del canto gregoriano y de melodías exóticas africanas y javanesas, presentadas en la Exposición Universal de París), la liberación le vino de literatos y pintores: la amistad de poetas simbolistas y parnasianos, dominados por la figura de Mallarmé, y el ejemplo de renovación de la pintura impresionista fueron las fuerzas determinantes que impulsaron al compositor hacia un camino artístico original.





Las obras líricas para canto y piano son las composiciones que permiten seguir mejor la evolución lógica del artista desde un formalismo melódico de gusto un tanto aburguesado hasta la creación de una prosa poética intensamente evocadora; así, Arietas olvidadas (1888), Cinco poemas de Baudelaire (1890), Fêtes galantes (1892 y 1904), Prosas líricas (1893) y Tres canciones de Bilitis (1898). De tal forma se forjó el nuevo lenguaje musical y dramático que le permitió aportar una solución personal al problema de la ópera con Pelléas et Mélisande, sobre texto de M. Maeterlinck y representada en la Opéra-Comique el 30 de abril de 1902 (su composición había durado diez años); el éxito fue muy discutido y sólo con gran lentitud la ópera llegó a conquistar el puesto que le correspondía en la historia de la música, como etapa básica en el desarrollo del teatro musical.





En una segunda etapa, alcanza el primer plano de la producción de Debussy la música instrumental. De las posiciones de elegancia un tanto formalista propias de los dos Arabesque (1888) y de la Suite bergamasque (1890), para piano, así como del Cuarteto (1893) y del Preludio a la "Siesta de un fauno", de 1892, el compositor llegó, sobre todo en el ámbito pianístico, a la creación de un impresionismo musical que llevó a las últimas consecuencias la disolución de las formas clásicas realizada por el romanticismo y, al mismo tiempo, abrió las puertas al futuro. Con ello se produjo el tránsito del momentáneo clasicismo de Para el piano (1901) a la libertad impresionista de Estampas (1903), de L'isle joyeuse (1904) y de las dos colecciones de Imágenes (1905 y 1907).





A la engañosa facilidad de El rincón de los niños (1908), obra abierta a sugerencias y temas de la vida actual, a pesar de su tema infantil, siguió, con los dos tomos de los Preludios (1910 y 1913), el equilibrio definitivo de la composición moderna para piano. La devolución a la música del sentido de la precisión fónica, o sea la conversión de la pieza instrumental en un consistente objeto sonoro donde se cobijan los eventuales valores expresivos sin menoscabo de su solidez, permite considerar realmente a Debussy como el iniciador de las tendencias musicales de la actualidad: en la estela de Estampas se desarrolla el florecimiento de las modernas obras de piano, con Ravel, Bartók, Schoenberg y Prokofieff.





Fallece en París, año 1918.