martes, 13 de enero de 2009

- THE END -




El fin del falso progresismo


Jorge Fernandez Diaz
LA NACION
Noticias de Opinión



Comían en un restaurante del centro y se quedaban conversando hasta la madrugada. Hacían un análisis detallado de la marcha del país y soñaban juntos con lo que sucedería si llegaban al poder. Durante años de menemismo tardío y alianza reluciente, Néstor Kirchner se reunía con uno de sus principales aliados nacionales, hoy desterrado de su gabinete y del país, y hablaba a borbotones de las políticas fundamentales que habría de poner en marcha si llegara a ser presidente de la Nación. Sin saber que el sueño algún día se volvería realidad.

"Te juro que tocamos todos los temas nacionales, hasta los más ínfimos ?me cuenta el desterrado?. Y nunca, jamás de los jamases, mencionó la política de derechos humanos ni los juicios a los represores de la dictadura militar." Inmediatamente después de asumir la Presidencia, Kirchner sorprendió a su amigo al colocar esa problemática al tope de su agenda.

Dos meses después de la llegada de Kirchner a la Casa Rosada almorcé con otro miembro de su entorno, al que conocía desde el otoño de mi propia adolescencia.

Recuerdo que cuando yo era joven él militaba en un partido trotskista y que era un gran jugador de ajedrez. Muchos años después, se ufanaba ante varios contertulios, entre los que yo me encontraba, de su heroica militancia en la Juventud Peronista de la Tendencia. "¡Pero si vos eras trosco y odiabas a los montos!", le recordé. Me lo negó sin pestañear, como si yo estuviera loco. Luego me encontré con dos ex compañeros suyos y me relataron una escena parecida. Estaban escandalizados: el flamante funcionario se había inventando un pasado para pertenecer al círculo áulico de Kirchner. Un ilusorio ayer, como decía Borges. Y se había creído la mentira.

Por aquellos tiempos almorcé también con un ex jefe de la organización Montoneros. Fue un almuerzo un tanto surrealista, puesto que ocurrió en una suite del más famoso hotel de la zona de Retiro.

Los montoneros cantaban, en los setenta, "¡Qué lindo, qué lindo que va ser el Hospital de Niños en el Sheraton Hotel!". Pero ahí estábamos, en una habitación del Sheraton, degustando platos de autor y libando vinos exquisitos. El ex dirigente se había convertido en un próspero empresario y me citaba para contarme sus múltiples negocios.

Cuando Mario Eduardo Firmenich salió de prisión, el hombre que comía frente a mí y me servía la copa le había dicho: "Pepe, se acabó. Ahora, cada uno por su cuenta". El comandante Pepe siguió un tiempo vinculado a la política, pero mi interlocutor se había desprendido del guerrillerismo y se había abocado con tesón y éxito evidente al mundo de las empresas. Curiosamente, este personaje se sentía más proclive a reconocer errores que muchos intelectuales setentistas: les había pedido perdón a varios de sus antiguos contrincantes políticos, a los que Montoneros había despachado a golpes de granada y metralleta, y tenía mucho pudor en andar levantando el dedo como si pudiera ser fiscal de la República después de haber cometido tantos desatinos: haber pensado que Perón era socialista, haber pasado a la clandestinidad bajo un gobierno democrático, haber asesinado a oponentes y a compañeros, y otras aberraciones de la época.

"¿Y qué piensa de los Kirchner?", le pregunté. El ex dirigente montonero se limpió la comisura de los labios y dijo, educadamente: "Durante la revolución sandinista, el pueblo tomó Managua y los sectores derechistas debieron abandonar en las calles el armamento que tenían y echar a correr. Cuando la batalla había terminado, los estudiantes, que se decían milicianos, salieron de sus casitas y de las facultades, tomaron posición en los nidos de los armamentos abandonados y estuvieron toda una noche disparando contra la oscuridad y contra la nada porque ya no había nadie. Después pidieron medallas. Eran jacobinos con los enemigos, y afirmaban que ellos eran los que habían hecho posible la revolución".

Lo miré a los ojos. El veterano montonero bebió un sorbo de malbec y me dijo: "Los kirchneristas son los milicianos de Managua".

La invención de un ilusorio ayer, la brusca vocación setentista y la repentina adopción de las palabras y los símbolos de la izquierda por parte de un peronista clásico y feudal no son, en sí mismos, buenos ni malos. Son, simplemente, rasgos de un gran montaje: hacer pasar una vez más al peronismo por lo que no es.

Pero ¿por qué los Kirchner adoptaron esta estrategia? La explicación no es psicológica, sino política. Para entender la maniobra, que hoy empieza a desgajarse, hay que partir de un hecho poco estudiado. En la Argentina, el llamado progresismo lideraba la opinión pública.

El progresismo no es un partido. Es un movimiento invertebrado de gran predicamento que se reserva para sí la autoridad moral de velar por los pobres y desposeídos en un mundo dominado por el individualismo y el mercado salvaje. Se trata de un colectivo que integran restos del marxismo, socialdemócratas, ex alfonsinistas, nacionalistas de izquierda y artistas libertarios. Las posiciones progre vienen dominando históricamente el gremio de la prensa escrita, los cenáculos intelectuales y la enorme grey urbana de la queja pop, que representa las "buenas conciencias" y opera desde los sites de los medios y desde los contestadores automáticos de las radios.

Durante largo tiempo, los llamados opinators (opinadores a mansalva) sostenían posiciones "progresistas". Menem unió a toda esta gran familia en su contra: los setentistas, que por historia tenían más experiencia de lucha, condujeron el colectivo contra el riojano y lo hostigaron sin miramientos. Hijo de esa posición unificada resulta el boom del periodismo de investigación y denuncia de los años noventa.

"Contra Menem estábamos mejor", se quejaban los progresistas cuando se dividieron aguas, en época de "Chacho" Alvarez y Fernando de la Rúa: ya no estaban tan seguros de dónde estaba el bien y dónde estaba el mal.

Kirchner y su esposa tenían una pálida y remota militancia de izquierda en los setenta. Pero hicieron fortuna durante la dictadura, integraron la renovación justicialista, acompañaron el proyecto de Menem y, al final, se transformaron en los primeros duhaldistas. Eran tan peronistas que nadie podía confundirlos, en una noche de luna llena, con ningún progre , por más mala vista que tuviera.

Raquítico de votos, en un país que le quedaba grande, Kirchner se propuso entonces cautivar al colectivo progresista e incluso sentarse a su volante. Lo logró con muy poco: ofensiva contra los dinosaurios del Proceso, entrega a los setentistas de la política de defensa, subsidios para las Madres de Plaza de Mayo, empleos públicos directos o indirectos para periodistas e intelectuales adictos, y jubileo para artistas populares del palo.

Fue una estrategia sumamente inteligente y exitosa. El hostigamiento a los represores colocó al kirchnerismo como campeón de los derechos humanos y sepultó bajo ese asfalto de bronce una tonelada de indicios y sospechas de negociados turbios. El tan argentino "roban, pero hacen" fue sustituido imaginariamente por el flamante "roban, pero enjuician".

Lo que horrorizaba en el "menemato" era minimizado e ignorado en la era kirchnerista: como si la honradez progre fuera menos necesaria que la honradez neoliberal. Y así fue como muchos manuales de ética y periodismo se quemaron en la hoguera de la deshonestidad intelectual. No hay que hacerle el juego a la derecha, argumentaban los mismos que eran fiscales éticos e impiadosos del poder en los noventa. Y callaban, o relativizaban, o pateaban la pelota afuera.

Kirchner entendió como nadie esta dicotomía de buenos y malos. Si estás en el lado correcto, tenés a los opinadores a tu favor y se te perdonan los renuncios. Si los tenés en contra, perdés y caés en desgracia. Así de simple.

La anestesia fue tan grande que le permitió seguir obteniendo el apoyo de gran parte de la comunidad progresista pese a sus evidentes políticas de derecha. ¿Podríamos imaginar lo que hubiera ocurrido si Menem o Macri hubieran pagado cash y enterita la deuda externa al FMI mientras existían escandalosas cifras de miseria en el país? ¿O si Duhalde hubiera empujado una ley para permitir un blanqueo de capitales que abriera la puerta al lavado de dinero? Digámoslo en castellano: el progresismo se los hubiera comido crudos. En vez de eso, una parte importante del colectivo festejó el primer gesto como un acto de autonomía del país soberano y el segundo, como el feliz intento de repatriar inversiones para superar la crisis.

A lo largo de cinco años de gestión a todo vapor y con todo el poder, en el país de los Kirchner se abrió la brecha entre los ricos y los pobres, aumentó la concentración económica, se utilizó el superávit para subsidiar escandalosamente a los grandes consumidores eléctricos, se incrementó el gran impuesto a los desposeídos que es la inflación y se pagaron tasas usurarias a Venezuela. El matrimonio presidencial se alió con los barones del conurbano bonaerense (Aldo Rico incluido), apoyó a los gobernadores y caciques más recalcitrantes del peronismo ortodoxo, cedió poder y beneficios a los burócratas sindicales, copó el Consejo de la Magistratura, propició la censura, ayudó económicamente a dóciles periodistas de derecha, mientras echaba de la televisión a Jorge Lanata y Alfredo Leuco y de la radio, a Pepe Eliaschev, creó un sistema de empresarios amigos de dudosa prosperidad y alentó a grupos de choque que se dedicaron a amedrentar y a romper marchas callejeras de libre expresión.

La posición crítica de varios intelectuales importantes del progresismo, como Beatriz Sarlo, y la deserción de Miguel Bonasso, que no tiene relevancia política, pero sí simbólica, va mostrando que la épica progresista montada como relato y coartada tiene límites y fecha de defunción.

Otro amigo mío, que militó en la Juventud del Partido Comunista y que se divierte amargamente con las picardías de Kirchner, me dijo este fin de semana agarrándose la cabeza: "Lo increíble no es que Néstor les haya dado tanta papilla en la boca. ¡Lo increíble es que la hayan comido con tanto gusto! Y ahora, de repente, se despiertan con indigestión, abandonan la cocina y denuncian, indignados, al cocinero. ¿Cuántas veces los van a echar de la Plaza?".

lunes, 12 de enero de 2009

- PINTURA -





Óleo, sangre y tinta china


La doble vida pictórica de grandes escritores, rescatada en exposiciones y libros


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
El País - España



La poesía es como la pintura. El equívoco empezó el mismo día en que alguien sacó de contexto esa frase de la Poética de Horacio. Lo que para el autor latino era una comparación -como un cuadro, un poema puede necesitar cercanía o distancia, luz o penumbra-, para sus intérpretes más apresurados se convirtió en una identificación.





A partir de ahí, los detectives de la inspiración empezaron a buscar la fuente común de la que brotaba el arte único, ya tomara la forma de un dibujo o la de una novela.

La identificación entre línea y letra, de hecho, arrecia en el caso de los escritores que dedicaron parte de su tiempo a la pintura. A ellos ha consagrado el novelista estadounidense Donald Friedman Y además saben pintar, un volumen que Maeva acaba de publicar en España y que reúne más de 200 obras de un centenar de autores: de Dostoievski a Jonathan Lethem, pasando por Kafka, Faulkner, Proust, Jack Kerouac, Günter Grass, Sylvia Plath o John Updike, que firma además el epílogo del libro. Entre ellos, sólo dos españoles, Lorca y Alberti.





Para Friedman, "es lícito preguntarse si, en un escritor, el impulso de crear obras visuales es el mismo que mueve sus expresiones literarias". Eso sí, que el árbol de la escritura y el de la imagen puedan tener las mismas raíces no significa que el color de las hojas sea el mismo. "Al contemplar la obra plástica de un escritor", argumenta, "buscamos relaciones con lo que ya conocemos. Esperamos imágenes surrealistas de André Breton y el retrato informal de Dylan Thomas borracho; pero qué sorpresa ver a Flannery O'Connor, tan gótica ella, como dibujante humorística; a Joseph Conrad haciendo dibujos a pluma de chicas sexy, o a Charles Bukowski saliendo de su infierno para ofrecernos representaciones infantiles de aviones, coches y perros".





No obstante, antes del estallido de subjetividad del siglo XX, pintar, incluso para un escritor, era una asignatura más en la formación de las clases altas. Como apunta Updike, "las habilidades del caballero a la antigua usanza solían incluir la capacidad de reproducir un paisaje, del mismo modo que un hombre de clase media sabe hoy en día manejar una cámara de fotos". De ahí la soltura de los dibujos de Victor Hugo, Goethe, Puskin o las hermanas Brönte.





Aunque para autores como William Blake, su obra literaria y su obra pictórica tienen el mismo origen, son mayoría los que subrayan las diferencias entre ambas. A veces a favor de la literatura; otras, en su contra. Según J. R. R. Tolkien, que ilustró algunos de sus relatos, la imagen mata la imaginación. De hecho, es difícil leer El libro de la selva sin pensar más en Disney que en Kipling, otro escritor dibujante.

Para Henri Michaux, entretanto, y más allá de la mera ilustración, la simultaneidad de la pintura es superior a la linealidad de la escritura: "Los libros son aburridos de leer. El camino está trazado, es de vía única".
La obra pictórica de Michaux se expone hoy casi a la misma velocidad con que se reeditan sus libros. Si para el poeta belga, la literatura fue la puerta de entrada, y el arte, la de salida, para otros muchos fue al revés. Entre ellos, Evelyn Waugh, John Berger y Gao Xingjian.





Muchos novelistas empezaron ganándose la vida como pintores. Algunos la salvaron por serlo. Fue el caso de Hermann Hesse, al que un ayudante de Jung, con el que se psicoanalizaba, le animó a pintar como terapia para superar una crisis mental. Y fue, en parte, el caso de Mercè Rodoreda. En La otra Rodoreda, la muestra que La Pedrera de Barcelona dedica actualmente a la obra pictórica de la autora catalana, pueden verse algunos de los cuadros y collages que, durante su exilio parisiense de los años cincuenta, le sirvieron de refugio ante la imposibilidad de enfrentarse a una nueva novela.

El que no se salvó fue Bruno Schulz, del que acaba de aparecer Madurar hacia la infancia (Siruela), una antología de relatos y dibujos. El narrador polaco empezó como profesor de pintura en un instituto y terminó como protegido de un SS que presumía de tener un pintor-esclavo-judío que le pintaba murales para el dormitorio de su hijo a cambio de comida. En 1942, un funcionario de la Gestapo, rival de su protector, lo reconoció en una calle de Drohobycz, sacó la pistola y lo mató.

domingo, 11 de enero de 2009

- SOCIEDAD -





Floggers: Blanco de la intolerancia




Son blanco de constantes agresiones, los adolescentes de otras "tribus" urbanas dicen detestarlos y a diario reciben insultos de quienes rechazan su glorificación de la imagen y su afán de notoriedad: tras la muerte de un joven en el pueblo de Las Tapias, en Córdoba, golpeado sólo por flogger , crece el temor a la estigmatización social de este grupo juvenil. Qué hay detrás de este rechazo y por qué la floggerfobia comienza a ser motivo de preocupación



Por Lorena Oliva
Noticias de Enfoques
La Nación
Arte de tapa: Silvina Nicastro


Ignacio no parece un flogger , pero lo es. Desapareció el flequillo largo peinado sobre la cara, lleva una gorra de lana calada roja y blanca y su ropa es de una monocromía que no coincide con el "uniforme" colorido que caracteriza a la tribu adolescente a la que dice pertenecer.

"Después de lo de Córdoba, mi vieja me obligó a cortarme el pelo, y como lo tengo ondulado, no me queda bien", se excusa.

Lo de Córdoba a lo que alude Ignacio no es otra cosa que la muerte de Joel Guillermo Cáceres, el joven que el 21 de diciembre pasado murió a la salida de un boliche en la localidad cordobesa de Las Tapias, luego de ser golpeado por su condición de flogger.





Este hecho -por su desenlace el ejemplo más dramático de la intolerancia que muchos floggers padecen de manera cotidiana- está lejos de ser el único caso de agresión o discriminación contra este grupo que, coinciden adolescentes y especialistas, se ha convertido en el blanco preferido de las burlas, los insultos y las intimidaciones físicas y verbales de otros jóvenes.

Los floggers se hicieron conocidos para el gran público a partir de las peleas -no siempre buscadas por ellos- en que se trenzaron algunos de sus miembros con integrantes de otras tribus urbanas en las escalinatas del shopping Abasto. Pero entonces, en septiembre pasado, las agresiones se distribuían en forma más o menos equitativa entre los distintos grupos. Hoy, en cambio, hay una creciente preocupación entre jóvenes y especialistas de que los floggers se hayan convertido en el chivo expiatorio preferido de otros jóvenes.

Las señales de intolerancia comienzan incluso a ser materia de exportación. En estos días puede verse en Punta del Este, frente a La Mansa, un enorme grafiti con la leyenda "Floggers putos".





En ese contexto, no es de extrañar que la comunidad flogger haya comenzado a tomar ciertas precauciones: ahora prefieren organizar salidas grupales (un flogger sólo es presa fácil, admiten ellos) y muchos optaron por un perfil más reservado. "A veces uno lo hace más que nada presionado por sus viejos, que como tienen miedo nos piden que evitemos salir muy producidos", explica Joaquín (14), que es flogger desde hace más o menos un año.





Con él están Ignacio (15), quien reconoce que se agarra a las piñas casi a diario para defenderse de algún tipo de agresión, y Julián (16), quien recuerda un episodio ocurrido un par de semanas atrás. "Ibamos caminando por el estacionamiento del supermercado Jumbo de Unicenter y nos cruzamos con un grupo de negros (sic). Y uno de ellos dijo: "esos son floggers , vamos a pegarles". Ellos eran más, así que si no salíamos corriendo, nos cagaban a piñas", dice con impotencia.

El adolescente asegura que su caso no es excepción. "Estoy lleno de amigos que padecen este tipo de cosas todo el tiempo. Por ejemplo Gonza, uno de mis mejores amigos, al que hace pocos días le robaron todo en Carapachay y le dijeron que era por ser flogger . Unos días antes, estábamos con él en una fiesta y, de la nada, vino un flaco que era skinhead y le empezó a pegar. Lo más loco es que nadie nos ayudó y la dueña del lugar nos pidió que nos fuéramos sólo a nosotros."

¿Floggerfobia?


María José Hooft, autora del libro Tribus urbanas , cree que hay motivos para la preocupación y desliza un término inquietante: floggerfobia . La palabra deriva de un término que circuló por México hace un año: emofobia , que aludía a una serie de incidentes que tuvo a los integrantes de otra tribu urbana, los emos, como protagonistas y víctimas. En marzo del año último, miembros de otros grupos se organizaron vía Internet para boicotear sus reuniones y agredirlos en varias ciudades.

Para reforzar su idea, Hooft enumera algunos de los mensajes que circularon por aquí en la Red después de la muerte de Cáceres: "Hay que matarlos a todos como cucarachas", "Haga patria, mate a un flogger " o "La revolución no usa chupines" fueron algunos.

Pero, ¿por qué los floggers y qué hay detrás de esta agresividad de la que parecen ser objeto?

"Los floggers son, generalmente, receptores de violencia. No la incitan, al menos de manera consciente, pero lo cierto es que algunos aspectos de su estilo generan irritación entre otros grupos. Su apariencia los presenta como seres que viven en un mundo feliz, sin grandes preocupaciones, muy frívolos y hedonistas, y con un nivel socioeconómico supuestamente elevado. Todas estas características son interpretadas como una provocación por algunos miembros de otras tribus juveniles, como los cumbieros, y también por ciertos grupos marginales", explica Hooft.

Agustina (14), María Josefina (15) y Delfina (15) viven en Martínez y no tienen apariencia de cumbieras ni, mucho menos, de marginales. Sin embargo, aseguran odiar a los floggers . "Nosotras no somos floggers . Somos normales", dice de manera provocadora María Josefina el miércoles último, en el patio de comidas del shopping Unicenter.

"Es que los floggers son unos anormales. Son unos grasas que se quieren hacer los chetos. Y me da bronca que les hagan notas por no hacer nada. A la que más odio es a Cumbio, porque es una groncha que sale todo el tiempo por televisión", agrega Delfina.

A ellas se suman Tomás A., de 16 años, y Lucas T. de 17. Tomás tiene una gorra blanca que esconde un flequillo peinado al costado, al mejor estilo flogger . "Antes era flogger , pero por la imagen. Es que soy tarjetero de un boliche (Abadía) y eso te da más levante. Pero en realidad yo vivo en Munro, en una zona llena de villas. Soy amigo de villeros que, conmigo, todo bien. Pero que si ven a un flogger son capaces de robarle, molestarlo o hacerle algo."

El caso de Lucas, mejor conocido como "Mmuza", es peculiar. Se presenta como un ex flogger . "Dejé de usar el Fotolog como antes, después de un día en el que estuve muy viciado con el tema (sic). Tengo amigos que no salieron durante todo el verano pasado por estar con la compu." En el momento de la entrevista, el último posteo de fotos de Mmuza había sido el día anterior. Allí se lo puede ver con un amigo, posando con el pelo revuelto, al mejor estilo de un modelo.

Muy cerca de ellos, Lucía, de 17, ofrece otra muestra de intolerancia cuando recuerda que hace pocos días empujó a una flogger, a pesar de no tener motivo alguno para hacerlo. "Los odio, no sé muy bien por qué. Pero los veo y me dan ganas de pegarles. Ellos se quedan en el molde y no se defienden. Entonces da para pegarles", cuenta.





De todas maneras, para la titular del Inadi, María José Libertino, está más que claro lo que pasa con estos jóvenes. "Creo que estas disputas no están muy lejos de otros casos de discriminación, tal vez, más naturalizados en nuestra sociedad, como cuando los de la platea les gritan "villeros" a los de la popular."

Y agrega: "El verdadero problema aquí no son los floggers ni los villeros, sino lo que tiene que estar pasando en el mundo adulto, la poca contención que les estamos brindando a nuestros jóvenes, para que esto llegue a la gravedad de una muerte".

Similares, pero diferentes


A diferencia de los grupos urbanos de otra época, si algo caracteriza a estas tribus de la posmodernidad es la falta de una ideología, llana o profunda. Y los floggers son, en ese sentido, el mejor exponente. "Más allá de que uno pueda estar de acuerdo o no con lo que postulaban, algunas de las tribus de otras décadas se planteaban como una contracultura. Hippies , punks , góticos o rockeros tenían, en general, algún tipo de ideal. Los floggers , en cambio, no quieren cambiar nada. Quieren divertirse mientras dure", describe Hooft, a cargo de la cátedra de Subculturas Juveniles en el Instituto Bíblico del Río de la Plata.





Adoradores de la popularidad que suponen obtener al recolectar una determinada cantidad de firmas en sus fotologs, los floggers parecen estar en pose permanente. Pantalones chupines y coloridas remeras con escote en V, enormes anteojos, determinados modelos de zapatillas, así como collares con cierto toque artesanal, componen su uniforme. No debe faltar el flequillo peinado hacia el costado, tapando toda la frente.

Claro que, frente al desprecio que comienzan a percibir a su alrededor, es frecuente encontrar ahora jóvenes vestidos así que se esfuerzan en aclarar que no son floggers , así como jóvenes que lo son aunque no vistan de esa manera.

"Yo era re flogger hasta que me cansé", afirma Daniel, de 14, delante de todos sus amigos, quienes a sus espaldas corean que de lo que se cansó Daniel no es de usar Fotolog, sino de que lo bardearan (sic).

A su lado está Nicolás, un adolescente de 15 años y modos afeminados que se hace llamar "ex yeguo star". Recuerda que su condición de flogger le valió una agarrada a las piñas el viernes último en Pinar de Rocha. Dice que ganó él, pero sabe que su contrincante se la tiene jurada.

Aunque la violencia entre grupos es tan antigua como los grupos mismos, en la actualidad se imponen ciertas formas novedosas de agresividad: los insultos y las agresiones -potenciados por el anonimato que ofrece Internet y por un contexto social desigual y desintegrado- no son sólo potestad de los integrantes de las diversas tribus, sino también de individuos que, sin pertenecer a grupo alguno, se suman a esta dinámica.

"La no tribalidad es también una forma de identificación. El no tribal no entraba anteriormente en este tipo de disputas, se mantenía al margen. Pero ahora toma una posición más activa", afirma la socióloga Laura Goszczynski, coautora junto con Marcelo Urresti del libro Ciberculturas Juveniles .

Son las agresiones de este último grupo, justamente, las que más molestan a Agustina Vivero, más conocida como "Cumbio", una adolescente de 17 años que alcanzó una extraordinaria popularidad con su Fotolog, hasta el punto de encabezar campañas publicitarias y, hace poco más de un mes, publicar un libro ( Yo, Cumbio , de Ed. Planeta).





"Hay gente grande, te diría que de entre 20 y 30, que cuando ve a floggers superproducidos les gritan " floggers de mierda", "putos", "payasos". Te dan ganas de escupirlos, porque no hay motivo para que los agredan. ¿Qué hacemos de malo? ¿Tanto problema porque nos juntamos y tenemos amigos? Tal vez me vista de colores. ¿Y cuál es?", dice desafiante.

Cumbio es consciente de que, en el marco de las disputas tribales que se dirimen en la Web, los floggers son quienes reciben la mayor parte del odio y la agresividad. "Es lógico, porque concentramos todas las visitas. Ya hay casi 6 millones de fotologs en el país", enfatiza.

Pero el dramático traspaso de ese odio virtual a la vida real que simbolizó la muerte de Guillermo Cáceres, en Córdoba, la llenó de preocupación: "Cuando me enteré, se me puso la piel de gallina. Sabía que había amenazas en Internet, pero esto es demasiado. Da miedo. No a mí personalmente, que siempre estoy acompañada por alguien que me cuida, pero sé de amigos que hoy tienen miedo."

Según el sociólogo Luis García Fanlo, titular de la cátedra de Sociología de la argentinidad en la UBA, la estigmatización del que es diferente fue parte del proceso de construcción de nuestra identidad como sociedad. Pero esta estigmatización de los floggers le parece contradictoria: "Cuando se los discrimina, se pasa por alto que estos chicos sólo pueden ser el producto de una sociedad de consumidores como la nuestra, que instalan la idea de que está bueno ser flogger ya que, en una sociedad sin estímulos o espacios de inclusión, es una manera de salvarse. Otros van a lo de Tinelli y bailan por un sueño".

En todo caso, la muerte de Cáceres recuerda que la intolerancia y la discriminación del que es diferente son también formas de una violencia que nos interpela como sociedad.

sábado, 10 de enero de 2009

- DEAN FUNES -




Deán Gregorio Funes



Aniversario de su muerte



Nacio en Córdoba el 25 de mayo de 1749 y se ordenó sacerdote en su ciudad y luego se trasladó a España en donde se recibió de abogado.
En 1804 fue nombrado Deán de la Iglesia catedral de Córdoba, en 1807 Rector del Colegio de Montserrat y en 1808, rector de la Universidad de Córdoba.





Fue uno de los precursores de la educación pública gratuita. En ese año presentó su primer plan de reformas a los estudios de la universidad: fundó y dotó con 10.000 pesos de su bolsillo una cátedra de geometría, aritmética y álgebra, e incorporó el idioma francés, la música y la trigonometría.

En 1809, de viaje por Buenos Aires se enteró por intermedio de Belgrano y Castelli, de los planes revolucionarios. Ya en Córdoba fue el primero enterarse del éxito de la Revolución de mayo y se transformó en un activo partidario de la misma.





El 17 de agosto de 1810, el Cabildo de Córdoba lo eligió por unanimidad como diputado al Congreso de las Provincias Unidas, con el expreso mandato de incorporarse a la Junta de Gobierno de Buenos Aires. Una vez incorporado a la Junta, fue objeto de numerosas consultas de la mayor importancia y fue el redactor de la mayor parte de las proclamas, cartas y manifiestos.





Entre sus acciones más importantes en este período se encuentran su postura firme para la declaración de la libertad de imprenta, la redacción de la exhortación al pueblo a la resistencia luego de la derrota en Desaguadero y la redacción del Reglamento Interno de la Junta de Mayo, que fue el primer instrumento constitucional argentino.

Posteriormente trabajó fervientemente en la Asamblea General Constituyente y en 1816 fue electo diputado por Córdoba para el Congreso de Tucumán. Renunció a la diputación para trabajar en la redacción de su obra "Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán", que abarcó desde la época de la conquista hasta la Revolución de Mayo y la Declaración de la Independencia.





A fines de 1816, el gobierno de Buenos Aires lo envió nuevamente al Congreso de Tucumán en misión completa, y cuando el Congreso se trasladó a Buenos Aires, fue electo diputado por Tucumán. En 1819 fue coautor de la Constitución Nacional. En 1823 fue designado "Agente de Negocios de Colombia" ante el gobierno de Buenos Aires. Esta función lo puso en contacto directo con Bolívar y Sucre, quienes le ofrecieron el decanato de la Catedral de La Paz (Bolivia), cargo que aceptó.





En 1826 fue electo diputado por Córdoba para la Asamblea General Constituyente y participó en la redacción de la nueva Constitución Nacional promulgada ese año. Fallecio en Buenos aires el 10 de enero de 1829.

viernes, 9 de enero de 2009

- CRISIS -




La crisis y la teoría económica


No somos todos keynesianos


Guy Sorman
Para LA NACION
Noticias de Opinión



La mayor amenaza contra la recuperación económica es tener poca memoria. Si el presidente Obama o Sarkozy actúan como si la ciencia económica no existiera, o como si no hubiéramos aprendido nada desde 1930, la economía mundial se hundirá más.

Existe un riesgo real de que el nuevo presidente de los EE.UU. sea influido por una vociferante turba de ideólogos estatistas y keynesianos resurgentes. Parece como si los espectros del New Deal se hubieran apoderado del debate político en los EE.UU. Hablan como si su exilio de principios de los 80 se hubiera producido por simples razones partidarias. Pero no fue así. El estatismo y el keynesianismo fueron descartados en todo el mundo simplemente porque habían fracasado.

La expansión económica por medio de la privatización, la desregulación y el libre comercio -un proceso que se inició en 1979 en el Reino Unido durante el gobierno de Margaret Thatcher, siguió en los Estados Unidos durante la presidencia de Ronald Reagan, y finalmente se extendió en todo el mundo tras la desaparición de la Unión Soviética- no tuvo origen ideológico. Esta nueva economía global y libre, inspirada por los así llamados partidarios de la oferta y monetaristas, fue una respuesta racional a la crisis de 1974-79, engendrada por estatistas y keynesianos. La política de regulación de precios y de "estímulo" económico de la administración Carter habían conducido a los EE.UU. a una depresión. En realidad, Nixon fue quien la inició, con su famosa declaración: "Ahora todos somos keynesianos". Una teoría que generó lo que se llama estanflación, inflación y recesión al mismo tiempo; la herencia del keynesianismo en acción.

El fracaso simultáneo de las políticas keynesianas en los EE.UU., Europa y Japón no sorprendió a los economistas de libre mercado. La defectuosa premisa keynesiana de revivir la economía por medio de la creación artificial de la demanda de consumo ("estímulo") ya había sido puesta en evidencia y cuestionada por los economistas del libre mercado, desde conservadores como Milton Friedman hasta liberales como Edmund Phelps, antes de que esas políticas se aplicaran. Los economistas de libre mercado ya habían explicado que el crecimiento provenía de la oferta. El empresario, mediante el uso de la innovación, crea nuevos mercados, y luego se origina la demanda. No se puede estimular la demanda con subsidios públicos a productos y servicios que primero deben inventarse: no le corresponde al gobierno crear riqueza; sólo puede redistribuir la riqueza existente usando lo que paga un contribuyente para dárselo a otro. Por medio de la inflación, aumentando los salarios nominales, el gobierno también puede crear la ilusión de ayudar a la gente; sin embargo, este regalo muy pronto será pagado con un aumento de precios.

¿Por qué, entonces, el keynesianismo ha demostrado ser tan popular entre los líderes políticos? Por algo que no tiene nada que ver con la economía: el estímulo simplemente le da buen nombre al gobierno, al menos a corto plazo. No obstante, hay que conceder que la intervención estatal puede justificarse por razones morales, por ejemplo, en nombre de la justicia social, o para restablecer la estructura de la sociedad. Pero no puede considerársela fuente de crecimiento.

La política de la oferta, la reducción de impuestos, la desregulación, la competencia, el libre comercio y la globalización han ofrecido al mundo alta tecnología (extraordinario desarrollo de Internet, teléfonos celulares) y una vida mejor.

Esto no implica negar que nos encontremos en medio de una crisis económica. Pero esta crisis debe enfrentarse con los principios de la economía moderna. ¿La crisis actual es la consecuencia de los excesos del libre mercado, de la ceguera ideológica y de la falta de regulación estatal? ¿Cómo explicamos entonces los 25 años anteriores de prosperidad económica? Casi todos los economistas partidarios del libre mercado coinciden ahora en que los mercados sólo funcionan bien dentro de los límites impuestos por instituciones sólidas y predecibles; cuando no es así, el crecimiento es lento o aparecen las burbujas especulativas. Por otro lado, la economía conductista acepta que los individuos no siempre actúan racionalmente; las pasiones nos llevan a hacer elecciones económicas absurdas. Pero reconocer la necesidad de instituciones y tener en cuenta las impredecibles acciones de los individuos no significa que el control estatal sea indispensable. Los gobiernos tienden a ser aún más impredecibles que los mercados, y tampoco son menos proclives a dejarse llevar por las pasiones. Los gobiernos eligen ir a la guerra, por ejemplo, y los individuos, no.

Paul Krugman ganó un Premio Nobel por sus primeros trabajos sobre el libre comercio, pero ha empezado a argumentar que los EE.UU. deberían reemplazar una economía guiada por la codicia (léase: el mercado) por una economía basada en la moralidad (léase: el gobierno). Pero desde David Hume se ha demostrado una y otra vez que una sociedad moral se basa en la libertad individual. Concederle al gobierno autoridad para imponer moralidad es malo desde lo económico y niega las premisas básicas de todas las sociedades libres.

Los bancos hipotecarios estadounidenses Fannie Mae y Freddie Mac, instituciones que regulaban el mercado inmobiliario estadounidense, que no eran públicos ni privados (el peor caso posible, ya que la responsabilidad no queda en claro), eran impredecibles y poco confiables. La pasión contribuyó a crear una burbuja mundial debido al contagio de la mala información: los precios de la vivienda sólo podían subir, se decía. Así, para reparar el mercado, lo que hoy se necesita no es una mayor regulación, sino un mercado mejor gracias a la transparencia. No se debería permitir ninguna transacción inmobiliaria en la que el comprador no dispusiera de toda la información y de asesoramiento financiero acerca de las consecuencias de su compra.

Una autoridad que evalúe la seguridad financiera de los productos debería imponer criterios informativos estándares similares a los que rigen la información de las etiquetas de los alimentos envasados. En teoría el camino más corto hacia la recuperación sería dejar que el mercado mismo se ajustara, pero en una democracia, donde la opinión pública pesa, mantenerse a un lado no es una solución legítima. Las consecuencias sociales de adoptar una actitud de laissez-faire radical podrían hacer que gran parte de la nación se volviera en contra del capitalismo.

Por lo tanto, el deber del gobierno es salvar al capitalismo, la mejor herramienta económica que tenemos, incluso por medio de medidas no capitalistas: Keynes ya lo sabía en la década de 1930. Nunca pretendió destruir el capitalismo, sino salvarlo de los capitalistas dando participación al gobierno. Pero reaccionar excesivamente ante una crisis puede ser tan peligroso como no hacer nada. La nueva cultura del rescate podría estimular el riesgo moral y socavar el espíritu emprendedor, tal como lo hizo la sindicalización en los 30. Parece menos destructivo rescatar a los individuos en mala situación, los que corren peligro de perder su vivienda o su empleo, que rescatar a industrias enteras.

Al escuchar las promesas de Barack Obama, y teniendo en cuenta la codicia de sus aliados keynesianos, sólo podemos esperar que el presidente electo rechace sus peores consejos. Los errores y desequilibrios no podrán evitarse absolutamente, pero la economía se recuperará si se preservan los verdaderos motores del crecimiento futuro: el espíritu emprendedor, la innovación, la solidez de las instituciones públicas, la libre circulación de la información y el libre comercio. Si la economía de Obama no impide que los innovadores accedan al mercado, las nuevas tecnologías y productos que aún no conocemos y que en este momento están en proceso de creación y que son el Microsoft del mañana, y no las viejas industrias rescatadas, como la de los autos, darán forma a nuestro futuro.

(Traducción de Mirta Rosenberg)

jueves, 8 de enero de 2009

- EL OTRO DISCEPOLO -



ARMANDO DISCEPOLO


DRAMATURGO PORTEÑO



ANIVERSARIO DE SU MUERTE



Armando Discépolo, creador del "grotesco criollo" teatral, fue el mayor de los cinco hijos de Enrique Santos, un napolitano que llegó a la Argentina antes de cumplir 20 años y que dirigió la primera Banda Municipal, componiendo también el tango "No me arrempujés, caramba". La casa de los Discépolo estuvo signada por la vocación artística de la familia, a tal punto que uno de los mayores dramaturgos argentinos, si no el mayor (Armando) y uno de los mayores autores de letras de tango (su hermano Enrique Santos, "Discepolín") surgieron de ese hogar.





Desde sus primeros años Armando manifestó pasión por el teatro. Pero a los 18, cuando muere su padre, decide dedicarse por entero a la profesión. Tuvo la buena fortuna de que Pablo Podestá, el actor más importante del momento, se entusiasmara y aceptara interpretar su primera obra teatral: "Entre el hierro". Fue un éxito. A partir de entonces, Discépolo escribió a razón de una o dos piezas por año, entre las que se destacan "La torcaza", "El novio de mamá", el vodevil "La espada de Damocles" y "El movimiento continuo".





En esta última aparece por primera vez la palabra "grotesco" en la escena nacional: corría 1916 y faltaban seis años para que en el país se conociera a Luigi Pirandello (lo que desmiente la versión de que el grotesco criollo sea hijo del genial autor teatral siciliano). Luego llegaron sus obras más reconocidas: "Mustafá", "Giácomo", "Muñeca", "Babilonia", "El organito", "Stéfano", "Cremona" y "Relojero", escritas entre 1921 y 1934. Todas ellas comparten atmósferas depresivas y la exaltación de las contradicciones de sus protagonistas, que -tras una máscara de absurda comicidad- sobrellevan un profundo dolor y viven aferrados a un tiempo avasallado por el "progreso" que los asfixia.





Discépolo supo mostrar las miserias de un orden social muy despiadado e injusto a través de la pintura de la vida cotidiana de humildes, fracasados e inmigrantes, creando el "grotesco criollo", primera y más auténtica expresión del teatro nacional. En 1934 pone en escena "Relojero", que fue la última que escribió, ya que a partir de allí se dedica a la dirección y a empresas de aliento cultural. Eligió obras de Payró, Tolstoi, Somerset Maugham, Chéjov, Bernard Shaw y Shakespeare, y dirigió a todos los actores de su tiempo. La muerte lo acomete en plena actividad, a pesar de sus 83 años, el 8 de enero de 1971.


miércoles, 7 de enero de 2009

- GOOGLE -



Los peligros de concentrar información en Internet



Google y el Gran Hermano


Esther Dyson
Para LA NACION



Alagunos piensan que Google viola su lema: «no seas malvado». En su defensa, hay que decir que si se busca esa frase en Google se encuentran referencias sobre un debate acerca de esa afirmación en el que yo participé. Sucede que tengo una relación compleja con Google. He participado varias veces en sus actividades, como invitada personal, como miembro del consejo asesor de Stop Badware, una ONG que los patrocina, y como oradora en sus eventos. También participo en el consejo de 23andMe, una empresa de la que es cofundadora la esposa de Sergey Brin, cofundador de Google.

Pero también soy miembro de los consejos de Yandex, en Rusia, una de varias compañías pequeñas del mundo que superan a Google en sus mercados locales, y de WPP, una empresa mundial de publicidad y mercadotecnia, cuya rivalidad con Google es famosa. Por último, desconfío de las concentraciones de poder de cualquier tipo.

Por ello, agradecí la oportunidad de aclarar mis ideas. Me incliné por el lado opositor en el debate: Google no viola su lema. No obstante, creo que existe el peligro de que lo haga, por la concentración de información -podría decirse la concentración de poder- que Google representa. No sólo orienta a los usuarios hacia la información que existe en la Red; también recopila información, que no comparte, sobre el comportamiento de sus usuarios. Si se pueden utilizar los patrones de las búsquedas que se hacen en Google para dar seguimiento a los brotes de gripe o para predecir las perspectivas comerciales de una película, ¿se podrían utilizar también para predecir los movimientos del mercado o, incluso, las revoluciones?

Aun si Google utiliza la información sólo para sus fines (lo que sea que eso signifique), representa un blanco atractivo para los gobiernos. De hecho, Google, en general, se opone a las solicitudes de los gobiernos para obtener información personal. (Fue Yahoo, no Google, quien dio información personal al gobierno de China que la usó para encarcelar al autor de un blog ).

En segundo lugar, Google se ha convertido en un portero de hecho de la información, a tal grado, que si un sitio no aparece en los primeros lugares de la clasificación de Google es casi como si no existiera. El hecho de que la gente pueda recurrir a herramientas distintas de Google para buscar información no tiene importancia, porque no lo hacen.

Entonces, ¿cómo equivale la información al poder? El poder que da la información es la amenaza de divulgación. Esa información proporciona poder principalmente en un mundo opaco, de secretos, en el que el acceso a la información es limitado.

Pero en general, el libre flujo de información reduce la concentración del poder. Así, en vez de reprimir o regular la información que Google descubre, nos conviene más que esté disponible libremente.

Es probable que un Google que rinda cuentas a sus usuarios -los que buscan, los que anuncian y los gobiernos- sea una empresa mejor, más positiva en el mercado relativamente abierto de hoy. En resumen, no hay un sistema de regulación en el que yo confíe, más que el desordenado mundo actual de intereses encontrados.

Cualesquiera que sean las tentaciones a corto plazo que se le presenten -manipular los resultados de las búsquedas, utilizar información privada o abusar de su influencia- es claro que Google perdería mucho si sucumbiera ante ellas en un mundo en el que todos sus movimientos están bajo vigilancia.

Mientras tanto, Google no sólo está evitando el mal: está luchando activamente en su contra. Google combate la censura con acciones, no con gritos. En lugar de quedarse al margen y proclamar que la censura es mala, está avanzando por el campo minado de China, compitiendo con un rival que tiene buenas conexiones políticas y dando a entender cortésmente a sus usuarios que no siempre reciben la información completa.

En resumen, Google está cambiando las expectativas de lo que la gente tiene derecho a saber, incluso en los Estados Unidos, donde la censura formal no existe, pero sí, la confusión del gobierno o la opacidad de las empresas, entre otras cosas. Además, en países donde se critica a Google por bloquear el acceso a la información, el buscador señala la ausencia, con lo que la gente sabe que la información existe, pero que no puede tener acceso a ella.

Por el contrario, cuando alguien en China busca algo en Google y obtiene una respuesta -las características de un producto, información detallada sobre alguien que no le simpatiza al gobierno- debe preguntarse: "¿Por qué no puedo obtener esta clase de información sobre cualquier cosa?". Con Google, la gente comienza a esperar respuestas a todo. Un poco de transparencia inevitablemente conduce a más. En lugar de exigir el fin de la censura -un sueño imposible- Google trabaja para que no la haya, erosionando el control gubernamental sobre la información.

Además, desde un punto de vista meramente práctico, Google hace que el mundo sea más eficiente. Los compradores pueden encontrar vendedores, y viceversa, los estudiantes pueden encontrar la información que necesitan para sus tareas y los enfermos pueden encontrar información sobre temas de salud.

Yo creo que el verdadero mal radica en la tentación de una "gobernanza internacional" -digamos, un siniestro organismo internacional llamado el Centro de Información Mundial-. Aunque suene bien, es probable que, en realidad, estuviera plagado por la burocracia, que fuera susceptible al control de los peores gobiernos del mundo, no los mejores, y que resultara incapaz de hacer innovaciones.

Tomemos, por ejemplo, al Icann, el organismo que establece las políticas para el Sistema de Nombres de Dominio. Yo fui su presidenta fundadora y no creo que nadie considere que haya sido un éxito. Lo que lo salva es que es ampliamente considerado como ilegítimo y, por lo tanto, tiene poco poder.

En contraste, Google es eficiente en lo que hace y, en consecuencia, tiene la legitimidad que dan los resultados. Pero no tiene mucho poder de coerción, porque todo el mundo tiene la libertad de buscar una alternativa. Su única opción es ser mejor que la competencia.

El hecho de que estas cuestiones se debatan es una buena señal en sí misma, que mantiene en guardia a Google y a quienes lo vigilan. Afortunadamente, una prensa recelosa, gobiernos poderosos y competidores nerviosos vigilan cada paso que da y esperan que la compañía venza las muchas tentaciones que se le presentan. El abuso del poder es malo, pero el poder en sí no lo es.

La autora es presidenta de EDventure Holdings Traducción de Kena Nekiz

lunes, 5 de enero de 2009

- POLICASTRO -




Enrique Policastro


Un creador de imágenes




Pintor argentino nacido en la ciudad de Buenos Aires, un 5 de enero de 1898.





Su formación, básicamente autodidacta, no le impidió ser considerado como uno de los más importantes pintores argentinos. En su obra se refleja incesantemente el campo en sus múltiples manifestaciones.
Una paleta exquisita y rica en matices, fluye en todo su cromatismo a través de una pincelada de vigorosos empastes.





Frecuenta los talleres del pintor y arquitecto Alejandro Christophersen, y del pintor Vila y Prades. Desde 1918 expone en muestras colectivas e individuales. En sus inicios, los temas son los suburbios de Buenos Aires y sus gentes, pero luego se advierte un cambio, cuando comienza a representar en sus obras ámbitos melancólicos donde se observan ranchos oscuros, mujeres, niños y una luz sombría. Emplea durante este período colores pardos, ocres y grises, reemplazándolos luego por otros vivaces y luminosos.





Ha cosechado inumerables distinciones, entre ellas:

1929: Premio Municipal
1930: Primer Premio de la Comisión Nacional de Bellas Artes
1933 y 1940: Premio Cecilia Grierson, Salón Nacional.
1947: Primer Premio Salón de Rosario.
1949: Primer Premio Salón de Santa fé.
1960: Participa en la Exposición Internacional de Arte Moderno realizada en Buenos Aires.






Muere en la misma ciudad el 27 de junio de 1971.

Su obra figura en numerosos museos nacionales, provinciales y en importantes colecciones particulares.


domingo, 4 de enero de 2009

- ALTRUISMO -





El altruismo, gran fuente de satisfacción


Estudios muestran que invertir dinero en otros hace más feliz que gastarlo en uno mismo

Noticias de Ciencia
El País - España



En general, los estudios muestran que la felicidad se correlaciona con "beneficios tangibles en muchos ámbitos de la vida", ha escrito Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de Stanford. Más probabilidades de estar casado y menos de divorciarse; más amigos y mayor soporte social; más creatividad y productividad en un trabajo de más calidad y bien pagado; más actividad y energía vital; mejor salud mental y física; capacidad de autocontrol, e incluso más longevidad.

Además, "la gente feliz no es egoísta; la literatura sugiere que tienden a ser más cooperativos, caritativos y centrados en los demás", dice Lyubomirsky. Pero esto no basta para sacar conclusiones sobre la fórmula del bienestar vital, para empezar porque no es posible saber si se está más feliz por estar casado o a la inversa. Es decir, hace falta diseccionar a la felicidad más y mejor en el laboratorio.

Los investigadores lo están haciendo, con resultados curiosos. Varios trabajos sugieren que la felicidad que los individuos declaran cuando se les pregunta cómo se sienten es muy influenciable por factores intrascendentes, como la formulación de las preguntas o el que se acabe de tener una experiencia buena o mala.

Así, Kahneman pide a los sujetos que asignen un grado de felicidad a cada una de sus acciones diarias, reviviéndolas, y no sólo dando un valor global. Con este método realizó y publicó en Science un trabajo con casi un millar de mujeres que declaraban cuán satisfactorias eran sus actividades: el sexo y salir con amigos y relajarse ante la tele figuraban muy alto en la lista, mientras que dormir poco y una agenda laboral muy apretada eran lo más desagradable.

De nuevo, familia y amigos se revelan importantes, pero no el dinero (cubierto lo básico). Y éste no es el único resultado antiintuitivo. Hay más, como que pacientes operados de cáncer puedan sentirse más felices que personas sanas; que víctimas de accidentes muy graves declaren niveles altos de felicidad, o que personas que han ganado la lotería no sean, poco después del susto, más felices que el común de los mortales.

En los genes

La explicación podría estar en los genes. Varios estudios con gemelos indican que hay una especie de nivel permanente y personal de felicidad, al que pasado un tiempo todo el mundo tiende a volver pase lo que pase, o casi. Un trabajo con 4000 parejas de gemelos sugirió que el sentimiento de bienestar con la propia vida es genético en al menos un 50 por ciento.

Otro resultado antiintuitivo: genera más felicidad gastar dinero en los demás que en uno mismo. Lo demostró un trabajo de Elizabeth W. Dunn, de la Universidad British Columbia, en el que se daba dinero a voluntarios, se les instruía sobre cómo gastarlo y se medía después su grado de satisfacción personal.

Este resultado coincide con otros en que la mayor felicidad se correlaciona con acciones de ayuda a los demás. El altruismo, concluyen los investigadores, pone sobre la pista de la felicidad mucho más que la búsqueda del placer.

Pero si el dinero no da la felicidad y el placer personal tampoco, ¿por qué la sociedad actual parece concentrarse en esos factores? ¿Hay un desenfoque generalizado? La causa podría ser un fenómeno ilusorio que Kahneman describió, en Science y otras publicaciones, en 2006. "Cuando la gente considera el impacto de un único factor en su bienestar -como los ingresos, pero no únicamente-, es propensa a exagerar su importancia; llamamos a esta tendencia ilusión de foco. Esta ilusión puede ser fuente de errores en la toma de decisiones importantes", ha escrito este experto.

Este fenómeno tampoco ayuda a estimar la felicidad de los demás. "A todo el mundo lo sorprende lo felices que pueden ser los parapléjicos", ha dicho Kahneman. "La razón es que no son parapléjicos todo el tiempo. Disfrutan de sus comidas, de sus amigos. Leen las noticias. Tiene que ver con dónde se pone la atención."

Todos estos experimentos tienen un objetivo final: ayudar a mejorar el grado de felicidad personal. No es una utopía, dicen los investigadores. Los genes, al fin y al cabo, dejan un 50% de espacio a la autoexperimentación. Se puede empezar por estas Navidades: pedir menos a los Reyes y ser, en cambio, más generoso...

sábado, 3 de enero de 2009

- KAVANAGH -





Edificio Kavanagh


Emblema arquitectónico de la Ciudad


Obra maestra de los años dorados




El Edificio Kavanagh es una torre de departamentos situada en el número 1065 de la calle Florida, frente a la Plaza San Martín, en el barrio de Retiro de la ciudad de Buenos Aires. Sus creador fueron los arquitecto Sánchez, Lagos, De la Torre.





Inaugurado el 3 de enero de 1936, con sus 120 metros de altura, llegó a ser en su momento el edificio de hormigón armado más alto de Sudamérica, y el primer edificio para viviendas de Buenos Aires que contó con equipo de aire acondicionado central.

Su construcción escalonada dio lugar a terrazas jardín. Posee una forma similar a la proa de un barco, y por la orientación del edificio da lugar a la similitud de la misma apuntando hacia el Río de la Plata Desde 1999 este edificio es monumento histórico nacional.





Curiosamente el edificio no cuenta con cocheras ni portero eléctrico: cada visitante debe anunciarse en la recepción, que da aviso por teléfono al departamento correspondiente (en total posee 105).

Un dato interesante es que a finales de 2008 el piso 14 del edificio Kavanagh, salió a la venta con un precio de US$ 5,9 millones por sus 726 metros cuadrados, o sea US$ 8.126 cada metro cuadrado. Es el único departamento que ocupa un piso entero. Tiene vista en 360 grados, al Río de la Plata, plaza San Martín, Puerto Madero y el resto de la Ciudad.
Su propietario es un noble británico. Se trata de Lord Alain Levenfiche, nacido en 1951 en París pero criado en Londres.





Se cuenta que existía una rivalidad entre Corina Kavanagh (quien lo hizo construir) y Mercedes Castellanos de Anchorena, propietaria del Palacio Anchorena (actualmente Palacio San Martín), situado también frente a la Plaza San Martín, y que Corina hizo levantar el edifício para obstruirle a Mercedes ver la Basílica Santísimo Sacramento que esta había ayudado a construir. Sin embargo esta versión es falsa, pues Mercedes murió en 1920, 14 años antes de que se iniciara la obra.





Vista del Edificio Kavanagh desde la Plaza Fuerza Aérea Argentina. En 1943, cuando aún lo estaban construyendo, se aprovechó su frente para colocarle en su parte superior una cruz blanca de varios pisos de altura en adhesión al Congreso Eucarístico Internacional.

La Asociación Estadounidense de Ingeniería Civil lo distinguió en 1994 como hito histórico internacional de la ingeniería.





En 1999 la UNESCO lo declaró Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad. Gracias a esta distinción, sus propietarios no están obligados a pagar impuestos municipales.

viernes, 2 de enero de 2009

- CONFRONTAR -




Confrontar, como razón política



La marca del estilo
Natalio Botana
Para LA NACION




En estos comienzos de año, tal vez sería oportuno armar un montaje teatral distribuyendo en el escenario los discursos que a diario invaden la escena. Pequeño mundo: la delantera de la escena estaría ocupada por los abundantes mensajes de la Presidenta; un poco atrás, ubicados los protagonistas en una plataforma saliente, el espectador recibiría el impacto de varias arengas que se descargan al modo de un juicio de instrucción; más apagadas, en el fondo, otras voces discretas harían las veces de un coro menos relevante.

Asistiríamos de este modo a un combate que se traba entre, por un lado, un ex presidente que vocifera contra las traiciones y conjuras mediáticas de sus enemigos y, por otro, las respuestas de quienes lo acusan en sede judicial de ser cabeza de una asociación ilícita. ¿Qué tendencia lleva las de ganar en este torneo belicoso? No sabemos aún cuales actores, en el futuro próximo o lejano, habrán de caer del pedestal, pero en todo caso, si nos atenemos a las actuales circunstancias, el gran perdedor es el estilo de nuestra democracia.

Con esto pretendemos aludir a un hecho recurrente. Cuando las palabras se visten con ropaje guerrero, algo anda mal en la realidad subyacente y en los comportamientos que ella oculta. Un discurso recíproco, forjado a golpes de traidores, enemigos y corruptos, no es un buen preámbulo para avizorar juntos, en un contexto mundial nublado por la crisis, el perfil del buen gobierno republicano. Es, más bien, una cacería de culpables. De este modo, el estilo político adquiere su más dura y originaria acepción: un punzón que escribe relatos sobre materias resistentes.

Provistos de las experiencias del pasado, teóricas y prácticas, sería absurdo negar la carga agonal inherente a la acción política. También errarían el blanco aquellos que recomiendan esgrimir el estilo propio de la ambigüedad (ya reconocía Aristóteles en su Retórica que esos estilos se difunden "cuando no se tiene nada que decir y se finge que se dice algo"). Estas advertencias, arropadas por milenios de reflexión política, son en gran medida verosímiles. Sin embargo, habría que preguntarse si, entre uno y otro extremo, quedan todavía espacios en el centro para encarrilar las cosas de una manera más racional; pertrechos de prudencia, en suma, con la virtud de encauzar las pasiones hacia las metas del bien general.

El problema, entonces, no sólo radica en el exceso de las palabras, sino en la madeja de conductas que van cavando en la existencia cívica un depósito de impunidades. Estos vínculos se realimentan y concluyen forjando también el depósito más vasto, por cierto no menos dañino, del descreimiento. Con estos condimentos, los comicios de este año corren el riesgo de transformarse en una batalla hiriente entre unos contrarios que, paradójicamente, no logran suscitar la confianza de la ciudadanía.

Habitualmente, los estudios electorales miden las motivaciones con arreglo a la tradición, a los valores o al cálculo utilitario, que guían la emisión del voto. Tal vez valdría la pena detectar el factor de resignación que asimismo alimenta no pocos de nuestros comportamientos.

Estas actitudes no son novedosas, pero si la corrupción sistémica sigue en aumento, mientras se descubren sus redes ocultas en el presente y en el pasado inmediato (me refiero al escándalo que desde su sede central proyectó sobre nuestro país la empresa alemana Siemens), seguirán prendiéndose luces rojas en el recorrido de la democracia. Aquí habría que trazar la raya de otro "nunca más" so pena de que la corrupción en la democracia se convierta en corrupción de la democracia.

Esta última observación evoca, felizmente, en las nuevas generaciones, un espejo lejano. Ellas no imaginan que la democracia pueda caer. Aun así, no hay que pronunciar elogios desmedidos y admitir que las diferentes formas de la corrupción están siempre al acecho.

Hace pocas semanas Julio María Sanguinetti publicó un libro ejemplar ( La agonía de una democracia. Proceso de la caída de las instituciones en el Uruguay, 1963-1973 ) en el cual expone, a través de una narración atrapante, el desenvolvimiento de la violencia política de la guerrilla que terminó provocando, en una tierra templada por la calidad cívica, el ascenso de una violencia simétrica en la forma de una dictadura militar.

Este juego de tenazas se inscribe en lo que Raymond Aron llamó la corrupción ideológica de los regímenes constitucional-pluralistas: el momento que presagia la tragedia en que un segmento de la ciudadanía opta por la violencia y se niega a plegarse al método pacífico de transferencia del poder mediante elecciones. Hoy, esta clase de corrupción ideológica del régimen representativo es muchísimo más débil que la que asoló a las democracias rioplatenses hace cuarenta años.

Luego de tanto dolor, algo hemos aprendido. Pero si bien esas ideologías parteras de la violencia son asunto del pasado (de un pasado, por otra parte, que en nuestro gobierno no quieren reconocer en su compleja causalidad), hay otro tipo de corrupción más sutil, que encadena al poder con sus sobornos, prebendas y protecciones particulares, y al mismo tiempo lo hace objeto de una retórica hecha de dicotomías absolutas. Una democracia que divide a sus actores entre titulares de la virtud y agentes del vicio es una democracia fracturada que no acierta a recrear una base mínima de moralidad.

Choque de realidades y choque de estilos: éstos no son los mejores auspicios para internarse en un año de elecciones. ¿Habrá que llegar a conclusión de que la dialéctica amigo-enemigo es la costumbre política más arraigada en la Argentina? Quizás exageramos adrede, ante la perspectiva que ofrecen los estilos que hemos recapitulado. A ello concurre una fragilidad institucional tan ostensible que conduce a dudar acerca de la transparencia de los comicios y a reclamar, en consecuencia, veedores internacionales (lo que, por ahora, no ha sido aceptado).

Los cruces entre las denuncias de corrupción ligadas a la inmunidad y la debilidad de las instituciones son propicios para que prosperen estas visiones agónicas de la política. Todo se acaba, el hundimiento y la catástrofe, para que de esas ruinas renazca un universo distinto sin contactos con el anterior. Son las consignas que propala el Gobierno desde hace un quinquenio y las que replican algunos opositores.

Esta es otra cara de la dialéctica amigo-enemigo. La democracia, en cambio, defiende el concepto más modesto y menos estridente de que las victorias, siempre parciales, deberían terminar con el gobernante derrotado yéndose con tranquilidad a su casa. Entre nosotros, lamentablemente, algunos ex gobernantes deben dar vueltas por los tribunales de justicia a la espera de procesos y sentencias.

Un argumento pesimista podría alegar que estas virulencias son representativas de una sociedad también virulenta. Habrá que ver, pero, mientras tanto, convendría tener en cuenta a los presidentes de nuestras repúblicas hermanas que abandonaron el gobierno con dignidad. Lo hicieron así porque, entre otras cosas, juzgaron que la política, preñada sin duda de conflictos y pasiones, reclama con urgencia practicar el arte de la paz. Acaso sea ésta la posibilidad entrevista por quienes aguardan en silencio: la del estilo sereno que troca la iracundia por la razón constructiva.

jueves, 1 de enero de 2009

- LLEGO EL 2009 -

AÑO NUEVO EN EL MUNDO




ATENAS




BERLIN




KUALA LUMPUR




LONDRES




MADRID




PARIS




RIO DE JANEIRO





SINGAPUR





TAIPEI