martes, 8 de septiembre de 2009

- CAMPO -





8 DE SEPTIEMBRE



Día de la agricultura y del productor agropecuario




Un oficio tan noble y tan tradicional no podía dejar de tener su día. La institución de este homenaje a tantos trabajadores que forjan nuestro país desde sus mismas raíces es un acto de justicia.





Desde 1944, el gobierno argentino instituyó el 8 de septiembre como el “día de la agricultura y del productor agropecuario”, considerando la fundación de la primera colonia agrícola, el 8 de septiembre de 1856, como "una fecha decisiva en el desarrollo de nuestra agricultura”, según dice el decreto Nº 23.317.





La conmemoración fue instituida en recuerdo de la primera empresa colonizadora argentina dedicada a la agricultura, fundada en Esperanza (Provincia de Santa Fe) por iniciativa de Don Aarón Castellanos, durante la gobernación de José M. Cullen.





Los colonos eran 1162, todos de nacionalidad suiza, y fue precisamente el 8 de septiembre de 1856 que cada uno tomó posesión de la parcela que se le había asignado. 54 años después, el 8 de septiembre de 1910, se inauguró en el centro de la ciudad de Esperanza (en la Plaza San Martín) el Monumento a la Agricultura Nacional.





La agricultura desempeña un papel muy importante en el desarrollo de los pueblos, es imprescindible tomar conciencia de ello y aprender a valorar y difundir el esfuerzo y dedicación de los agricultores, y su inmenso aporte al progreso de las naciones y de la humanidad toda.





Desde 1944 y por siempre, se resalta en este día la importancia del agricultor en la construcción de la patria, se brinda honor a todos esos hombres y mujeres que luchan cada día por una vida digna, ensuciando sus manos para ofrecernos el fruto de su trabajo.





El respeto y la valoración de los agricultores es un compromiso con la producción nacional, con el desarrollo y el fortalecimiento de los recursos más genuinos de nuestro país, y es el mejor homenaje que les podemos rendir en su día.





Entre tantas dificultades, ser agricultor hoy es casi una empresa quijotesca, pues en un mundo en el que el afán de lucro y la voluntad de los más poderosos pretende devastarlo todo, mantener esa férrea voluntad de producir apegado a la tierra en un pequeño rincón del mundo tiene un mérito especial.





En definitiva, gran parte de lo que un país es, se lo debe al trabajo de los agricultores. Y es con esta celebración que se pretende honrar a todos los productores agropecuarios del país, quienes con su trabajo y su permanente esfuerzo construyen los cimientos para la grandeza de nuestra patria.


lunes, 7 de septiembre de 2009

- BOTANICO -






Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires



Aniversario de su inauguración



111 años



El Jardín Botánico de Buenos Aires también denominado como, Jardín Botánico Carlos Thays de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es un Jardín botánico que se encuentra próximo a los bosques del barrio de Palermo de la capital federal de Argentina, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se inauguró el 7 de septiembre de 1898. Actualmente el botánico tiene 69.772 m², en los que se encuentran además de 5.500 especies vegetales, diversas esculturas.





El Jardín Botánico Carlos Thays de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra en el barrio porteño de Palermo, junto al Jardín Zoológico, en el perímetro de ocho manzanas delimitado por Avenida Santa Fe, República Árabe Siria, Avenida Las Heras y la Plaza Italia.





Fue diseñado por Carlos Thays e inaugurado el 7 de septiembre de 1898. Thays y su familia vivieron en la mansión de estilo inglés que aquí se encuentra, durante los años en los que fue Director de Parques y Paseos de la Ciudad de Buenos Aires (1892-1898). Actualmente es el edificio central del parque.





Vicente Molino crea la Escuela Municipal de Apicultura de la Ciudad de Buenos Aires, cuyo colmenar escuela lo sitúa en el Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires, formando apicultores desde 1928 hasta 1944. La bibliografía comenta que fueron cientosd los apicultores que pasaron por ella y recibieron sus diplomas.





Esta escuela apícola dependiente de la Municipalidad de Buenos Aires fue fundada en el año 1928 y funcionó hasta 1944 por Vicente Molina. Los colmenares para realizar las prácticas estaban situados en el Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires. En el recordatorio que realizaron a los 10 años de su muerte el ex consejal José Rouco Oliva comenta que fueron centenares de alumnos los que formalizaron sus estudios allí.





Mujeres y hombres llenaban año tras año las aulas del pequeño edificio. Eran de diversas edades, índole social y profesión: médicos, abogados, granjeros, dueñas de casa, colegiales, pobres y pudientes; cuantos sentían la atracción de la abeja, unos seducidos por su vida y misterios, otros acercados por la fácil industrialización de sus productos. La casi totalidad de ellos egresó con el título de técnico y, por añadidura, con la conciencia esclarecedora que alentaba a la busca de nuevos horizontes.


sábado, 5 de septiembre de 2009

- LELOIR -







LUIS FEDERICO LELOIR




UN NOBEL INVESTIGADOR ARGENTINO




Nació el 6 de setiembre de 1906 en París, donde sus padres pasaban las vacaciones. Se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires y fue discípulo de otro premio Nobel argentino: Bernardo Houssay.





En los años 40 se acercó al Instituto dirigido por Houssay. Por ese entonces, Leloir compartía su trabajo como docente (profesor externo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales) con sus trabajos en el laboratorio.





También estuvo en Cambridge y en el Enzime Research Laboratory, de Estados Unidos, entre otros importantes centros de investigación.
A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azúcarnucleótidos, que tienen un importante rol en el metabolismo de los hidratos de carbono.





Esta investigación abrió el camino para el control de una enfermedad que resultaba fatal para los recién nacidos. Antes de obtener el Nobel, en 1970, Leloir fue distinguido con el Premio de la Sociedad Científica Argentina (1955), entre muchos otros galardones como los otorgados por la Comisión Nacional de Cultura (1944), Bunge y Born (1965), Fundación Gaidner de Canadá (1966) y por la Asociación Química Argentina (1969). Para entonces, ya era director del Instituto de Bioquímica de la Fundación Camponar, creada en 1947.





También fue autor de más de 200 trabajos sobre su especialidad, titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas y de la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia y doctor "honoris causa" de la Universidad de París.















Poco después de ser elegido premio Nobel, una serie de fotos recorrieron el mundo. Las imágenes mostraban al científico, usando un guardapolvo gris y sentado en una vieja banqueta. Era un símbolo de su permanente humildad y de su lucha por lograr el avance de investigaciones en un contexto de dificultades económicas.





Otra foto, publicada en Clarín el 11 de diciembre de 1970, registró el momento en que Leloir recibía el Nobel de manos del rey Gustavo Adolfo de Suecia.





Luis Federico Leloir murió en la Ciudad de Buenos Aires, el 2 de diciembre de 1987, tras un ataque al corazón poco después de llegar del laboratorio a su casa. Fue enterrado en el Cementerio de La Recoleta.


- CANETTI -





Sus obras, reeditadas, reaparecen en Buenos Aires



El regreso de Elías Canetti



Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION
Noticias de Opinión
Foto: LA NACION/Huadi



Pocos autores dejan una impresión de genio tan inmediata como Elías Canetti. Apenas el lector se aventura en las primeras páginas de sus libros, se siente iluminado por una sabiduría más antigua que el tiempo. Fue en su ensayo sobre la supervivencia y el poder donde por primera vez leí una reflexión clara (y extrañamente original) sobre la sensación de superioridad y de alivio que sienten los que están de pie ante alguien que ha muerto. Escrito así parece una simpleza, pero cuando Canetti lo enuncia, se advierte qué poca atención ponemos los seres humanos en el significado profundo de gestos y movimientos que se repiten todos los días. Fue también Canetti quien explicó mejor que nadie por qué, para sentirse "el centro de todo", Kafka se refugiaba en la pequeñez, en el silencio, en la liviandad. Cuando estudia los diarios y la correspondencia de Kafka, Canetti lo revela como un escritor nuevo, recién descubierto. Lo sorprendente es que lo consigue empleando muy pocas palabras.

Llevaba yo más de veinte años sin dar con sus libros en las librerías de Buenos Aires cuando, hace pocas semanas, lo vi reaparecer en ediciones importadas y caras, aunque no lujosas, lo que me parece injusto con los lectores de estas épocas de crisis. Su obra completa está ahora en Galaxia Gutenberg y en las ediciones más accesibles publicadas por DeBols!llo.

Lo primero que leí de él fue una extraordinaria colección de ensayos, La conciencia de las palabras , en la que analiza con perspicacia la influencia que sobre Hitler ejerció su arquitecto Albert Speer y la inteligencia con que el periodista Karl Kraus abrió los oídos de la Viena anterior al nazismo. La conciencia de las palabras es también un ejemplo de la generosidad con la que Canetti juzgaba a sus pares: Hermann Broch, George Büchner, Robert Musil. En el discurso de aceptación del Premio Nobel, que con toda justicia le concedieron en 1981, reconoce la deuda con todos ellos.

Antes del golpe militar de 1976, sus libros se encontraban con facilidad en las librerías de Buenos Aires gracias, sobre todo, al empeño del editor Mario Muchnik, quien publicó seis o siete de sus obras mayores. Muchnik tuvo la audacia de salir al paso de Canetti en el Grand Hotel de Estocolmo la misma tarde de la ceremonia del Nobel. Lo tomó del brazo y se quedó un rato conversando con él. Canetti no concedía entrevistas pero no podía negarse al diálogo con uno de sus editores. Muchnik publicó los detalles de esa conversación en su autobiografía de 1999. Pintor, fotógrafo, creador de enorme talento visual, incluye en su retrato una imagen inolvidable. Al abrirse la puerta del ascensor del Grand Hotel, Canetti está quitándose la gorra de invierno y dejando al descubierto una blanca melena leonina, "que arde como una llamarada de hielo".

Los candidatos al Nobel de 1981 eran Canetti, Borges y García Márquez, quien lo recibiría al año siguiente. García Márquez ha sido siempre muy discreto y ha evitado pronunciarse sobre el hecho de que Borges fuera un postergado perpetuo. Ha citado, sí, que algunos académicos de Estocolmo valoraban mucho sus poemas y desdeñaban, en cambio, sus ficciones. Según Muchnik, algo parecido dijo Canetti aquella víspera de gloria: "Yo no le daría el premio a Borges. Y no por razones políticas, que no son pocas, incluso la medalla que recibió de manos de ese tal Pinochet. No se lo concedería porque su literatura es trivial, bien escrita pero superficial como el ajedrez". Canetti era un genio y, como ha escrito Susan Sontag, "era también parcial e injusto con los pueblos sin historia". Por eso entendía tan mal a Borges, quien, como provenía de un pueblo sin historia, sentía la necesidad de crearle una.

Todo lo que a Canetti le pasó en su larga vida parece desmesurado. Oriundo de Rustschuk, un pueblo búlgaro del bajo Danubio, vivió mudándose desde los cinco años. En 1911 lo llevaron a Manchester, Inglaterra; en 1913 -tras la muerte del padre- a Viena; entre 1916 y 1920 anduvo entre Zurich y Lausanne; a fines de los años 20 se instaló en Berlín; luego regresó a Viena, se detuvo en París, y por fin en 1938, se asentó definitivamente en Londres, de donde raras veces se movió hasta su muerte en Zurich, en 1994, a los 89 años.

A diferencia de casi todos los hombres, que disponen de una sola lengua para el amor, para los recuerdos y la desdicha, Canetti tuvo por lo menos cuatro lenguas de infancia: el alemán, que sus padres le prohibieron hablar y leer hasta los siete años; el inglés de sus primeras lecturas; el ladino, "mi lengua de la cocina", como él decía, y el búlgaro de su adolescencia.

Podría haber escrito en cualquiera de esos idiomas, pero decidió hacerlo en alemán como una afirmación de su ser judío. Canetti seduce con palabras, porque el lector adivina en él, más allá de su humildad auténtica, una rara capacidad para entenderlo todo. Parece estar regresando de las culturas más remotas, de los sentimientos más primarios, de las experiencias más revolucionarias: como si fuera el sobreviviente de un lugar en el que han sucedido ya todas las cosas.

Empezó a escribir su primera novela, Auto de fe , en abril de 1927, cuando aún estudiaba química y vivía en una habitación vienesa cuyas ventanas daban al zoológico y al asilo de locos Steinhof.

La obra de su vida es el monumental ensayo Masa y poder (1960), de lectura imprescindible para quienes quieren entender el populismo, la demagogia y el desprecio que los hombres de poder sienten por las masas a las que manipulan. Cada vez que el autor se acerca a cualquier versión de la masa (el trigo, el bosque, el fuego, la lluvia), pone simultáneamente en movimiento las disciplinas más dispares. De la antropología salta con naturalidad a la historia de las religiones, de allí a la poesía y a la anatomía patológica, alcanzando en cada caso el milagro (¿cómo llamarlo de otro modo?) de transfigurar esa inmensidad en una criatura viva, pequeña, verificable, con la cual el lector puede identificarse fácilmente. La historia, abrazada por el lenguaje de Canetti, acaba siendo como la última plegaria de una tribu de sobrevivientes, la letanía de un loco que se cree invulnerable. Y que quizás es invulnerable.

Dos de los capítulos finales estudian el extraño delirio paranoico, entre místico y racial, narrado en las Memorias de un neurópata, de D. P. Schreber, ex presidente del Senado de Dresde. Esas Memorias son también la fuente principal del ensayo sobre la paranoia, que Freud publicó en 1910 y que Canetti no menciona, por razones no explicadas.

Pese a la imponencia de Masa y poder , cuyas 500 páginas nunca citan a Marx e incluyen sólo una mínima referencia a Freud (una nota casual a pie de página), el texto más revelador sobre Canetti es, sin duda, La lengua salvada (1977), primer volumen de su autobiografía, que deja en el lector la sensación de que el lenguaje ha sido agotado, vaciado de sus mejores sustancias y que ya no es posible decir nada con esas mismas palabras. Es una memoria a la que nunca se le ven las costuras. La naturalidad de los significados es tal, las frases respiran con tanta soltura, que no es fácil explicar de qué está hecho ese universo tan familiar y al mismo tiempo tan ajeno: qué entrega tan absoluta ha sido necesaria para que los sentimientos de Canetti operen un inmediato contagio.

Son inolvidables la fascinación que el narrador siente por las mejillas coloradas de una aldeana, el terrible grito de la madre en el jardín cuando el padre muere, la mansa aceptación del sexo como un tabú, y el descubrimiento, en Zurich, de que el prejuicio antijudío ya no se apartará de su vida.

Otra obra de destilación verbal, Cincuenta caracteres (1974), cuenta en dos a tres páginas historias que son la semilla de grandes novelas. Una de esas historias, "El bibliófago", es un resumen prefecto de Auto de fe, a la vez que una demostración de los límites a los que Canetti sabe llevar el lenguaje. La lengua salvada es irresistible de otra manera: se parece a esos viejos folletines cuya lectura uno querría recomenzar, impaciente, apenas se vislumbra la última página.

Cuando recibió la noticia del Premio Nobel, estaba en la casa de sus suegros bávaros, almorzando. A su esposa, Hera, se le resbaló el cucharón con el que servía la sopa y salpicó el mantel. Canetti masticaba un trozo de pan y, por el asombro, dejó caer el bocado al plato. Al advertir que la vida familiar no volvería ya nunca a ser la misma, sintió que el Nobel lo empobrecía, lo esclavizaba. Los dioses lo habían señalado con su dedo de luz, y ser un elegido lo atormentaba. Enfrentó la adversidad de la gloria recluyéndose en su casa de Londres, de la que no salió hasta que viajó a Zurich para morir.

viernes, 4 de septiembre de 2009

- DON ARIEL -





Ariel Ramírez


Pianista y Compositor


Sinónimo de buena música argentina



Ariel Ramírez nació en Santa Fe, un 4 de septiembre de 1921.
Es un músico, pianista, concertista, compositor y director argentino de un vastísimo trabajo musical. Actual presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC).





Recopiló melodías folclóricas en Jujuy y Tucumán y viajó luego a Europa durante el período 1950-1952, donde dio conciertos de música argentina en universidades de España, Inglaterra, Italia y Alemania. Al frente de su Compañía de Folkore fundada en 1955 actuó en diversos países de Europa. Perfeccionó sus estudios con Erwin Leuchter.





Uno de sus más aclamados éxitos fue en 1984 cuando la "Misa Criolla", compuesta 20 años atrás, resultara un éxito mundial. Esta obra fue realizada en base al texto castellano redactado por la Comisión de las Iglesias de América latina, después de que el Concilio Vaticano II dispusiera la realización de los oficios religiosos en el idioma de cada lugar, abandonando el latín, y contó con el apoyo y colaboración del R. P. Osvaldo Catena, asesor de Liturgia para América Latina, del R. P. Jesús Gabriel Segade, director de la Cantoría de la Basílica del Socorro y del R. P. Alejandro Mayol.1





Consta de cinco partes de la liturgia común:

• Kyrie
• Gloria
• Credo
• Sanctus
• Agnus Dei






La composición está basada en ritmos de origen folclórico argentino, como también de Bolivia y Perú. En su primera versión contó con las voces del hoy disuelto grupo Los Fronterizos.





Se ejecutó por primera vez en el Teatro Colón de Buenos Aires con versión escénica a cargo de Roberto Oswald y Aníbal Lápiz, y quince días después en el Avery Fisher Hall en el Lincoln Center de Nueva York, y en la catedral de San Patricio de la misma ciudad. Aquella versión contó con el propio Ariel Ramírez (piano), con Zamba Quipildor (voz), Jaime Torres (charango) y su conjunto, con Domingo Cura (percusión), Jorge Padín y el Coro Polifónico Nacional Argentino dirigido por Roberto Saccente.





De difusión internacional, fue editada en más de cuarenta países con más de 3 millones de placas discográficas y fue cantada, entre otros, por Mercedes Sosa y José Carreras (Plácido Domingo cantaba el Kyrie con Dominic Miller). Participó en los festivales folclóricos más importantes de Argentina, como Cosquín y Jesús María (Argentina).





Obras compuestas

Misa Criolla (1964)
• Mujeres Argentinas (con Félix Luna, Cantata, 1969)
• Alfonsina y el mar (con Félix Luna, Zamba, 1969)
• La tristecita (con María Elena Espiro, Zamba, 1945)





• Navidad Nuestra (con Félix Luna, Villancicos, 1964)
• La Peregrinación (con Félix Luna, Huella (baile), 1964)
• Los caudillos (con Félix Luna, Cantata Epica, 1965)
• Los inundados (con Guiche Aizenberg, Canción del Litoral, 1960)





• París, la libertad (con Félix Luna, Canción, 1977)
• Agua y sol del Paraná (con Miguel Brascó, Canción del Litoral, 1950)
• El nacimiento del charango (1958)
• Cantata Sudamericana (con Félix Luna, 1972)





• Antiguo dueño de las flechas (Indio Toba) (con Félix Luna, 1972)
• 15 Estudios para piano (1975)
• Tríptico Mocoví (con Guiche Aizenberg, 1980)
• Misa por la paz y la justicia (1980)





• La hermanita perdida (con Atahualpa Yupanqui, Aire de Milonga, 1980)

jueves, 3 de septiembre de 2009

- MEDIOS -





La habilidad de sacar conejos de la galera



El combate continúa



Natalio R. Botana
Para LA NACION
Noticias de Opinión



¿Puede acaso ser derrotado el Poder Ejecutivo en la nueva contienda en torno a los medios de comunicación? Es claro que el período que se extiende hasta el 10 de diciembre constituye la última oportunidad para que el oficialismo pueda imponer en el debate legislativo su actual mayoría. Después de aquella fecha no podrá aplicar su dominante concepción sobre el Congreso, pero tendrá en sus manos el poderoso instrumento del veto total o parcial de las leyes para impedir que los legisladores le tuerzan el brazo.

De hecho, en los últimos días asistimos a un ensayo general de lo que podría sobrevenir. El Poder Ejecutivo logró que la mayoría prevaleciese en la renovación de los poderes delegados y, al mismo tiempo, provisto del recurso constitucional del veto, doblegó la pretensión de eliminar provisoriamente el pago de retenciones en la provincia de Buenos Aires. De esta manera, la Presidencia hizo uso de dos facultades: una mayoría disciplinada en el Congreso y una contundente facultad de impedir.

Estas palancas han puesto en movimiento una iniciativa política que, se creía, había sufrido el 28 de junio un tropezón electoral de proporciones. Por si esto fuera poco, con otro golpe imprevisto, varios dirigentes dieron el salto que los condujo de los rangos de la oposición a las filas del Gobierno. Como se ve, la habilidad de sacar conejos de la galera, lejos de disminuir, se acrecienta.

¿Eran esperables estos desplazamientos? Probablemente sí, entre otros motivos porque la historia de la política representativa está plagada de estos ejemplos. En tiempos de la Revolución Francesa, desde las bancas altas de la Asamblea, Danton condenaba con voz tonante (algo que no le costaba mayor esfuerzo) a los diputados que, como un "vientre", se expandían o contraían según las circunstancias.

Siempre habrá oportunistas, y no solamente por ser mediocres o venales. Winston Churchill recordaba que el tránsito de un miembro del Parlamento de un partido a otro era más sencillo para los franceses que para los británicos. En la Asamblea francesa, diseñada en forma de hemiciclo como la nuestra, bastaba con desplazarse con leves movimientos de las bancas de izquierda hacia las de derecha, o viceversa. En el Parlamento inglés era más difícil, dado que había que atravesar el pasillo que separaba la bancada oficialista del bloque opositor (él mismo había traspuesto en una ocasión ese endiablado pasaje).

Entre nosotros, el asunto no merece metáforas digestivas ni alguna comparación mordaz. No obstante, los desplazamientos abundan, y la opinión pública comprueba, con desaliento y sin demasiado interés, que en este reñidero las piezas son intercambiables. Es posible que el espacio para maniobrar se haga más estrecho después del 10 de diciembre, aunque nada invalidaría, por ahora, la hipótesis de que, en la Argentina, la astucia de la captación suele reemplazar al difícil arte de pactar compromisos entre partidos con claro perfil ideológico. En nuestra política de dirigentes móviles, esa clase deseable de pluralismo está mucho más nublada.

Estos instrumentos se pondrán en juego con motivo del debate y eventual respaldo al proyecto de ley de difusión audiovisual. El planteo tiene varias aristas, en especial la vinculada con la tradición "ejecutiva" de nuestra política, como la llamó Joaquín V. González en LA NACION hará el año próximo un siglo. El Poder Ejecutivo manda a caballo de esta arraigada tradición. En estos días, en consonancia con temperamentos de moda en Iberoamérica, se trata de mandar sobre los medios de comunicación y de controlarlos con el expediente de renovar licencias cada dos años, justo en el momento -presumimos- en que podrían tener lugar los comicios para elegir autoridades.

A partir de 1983, el ritmo de elección de autoridades cada dos años ha sido vertiginoso y, en no pocas oportunidades, crítico. Ahora, para echar otros ingredientes a la marmita, se nos ofrece un proyecto que, a primera vista, expresa buenas intenciones. ¿Qué mejor camino, dirán algunos, que dividir de manera tripartita el espectro audiovisual distinguiendo el sector público del privado comercial y éste del ámbito correspondiente a la sociedad civil?

La pregunta podría revestir interés siempre que tengamos la honradez de poner sobre la mesa dos tendencias persistentes. La primera nos conduce a la fusión del Estado y el gobierno; la segunda, a un imaginario control sobre la sociedad civil. En ambos casos lo que pretende prevalecer es el dictado de los oficialismos de turno. Si las licitaciones de las frecuencias quedan en manos del Poder Ejecutivo, es altamente probable que este poder no actúe con el criterio universal de un Estado en forma, sino con el propósito de favorecer a clientes y amigos políticos e ideológicos. Esta confusión hace que el Estado, en la Argentina, se ponga al servicio de las facciones que un gobierno cobija, en lugar de representar, con la mayor equidad posible, el arco plural del país entero.

También las dudas sobrevienen cuando se busca legislar sobre el llamado tercer sector, caracterizado por las organizaciones sin fines de lucro de la sociedad civil. Tal vez en este campo resida un importante potencial de cambio, en la medida en que reciba el abono del desarrollo espontáneo de la libertad. Una sociedad civil carente de semejante resorte es una materia dócil, pronta a ser moldeada por los gobiernos.

No hay que confundir, en efecto, sociedad civil con sociedad corporativa. Si aquélla debería formarse gracias al principio eficiente de la asociación voluntaria, la sociedad corporativa resultaría más bien de la ordenación de determinadas actividades merced a los privilegios que otorga el Estado. En este proyecto de ley sobre radio y televisión, las fronteras no están tan claramente delimitadas como, por ejemplo, en la ley vigente de asociaciones profesionales con el sindicato único por rama de actividad, norma que la Corte Suprema ha cuestionado sin consecuencia alguna hasta el momento. En realidad, el juego entre el poder y las asociaciones (ONG, fundaciones, cooperativas, etc.) es aquí más sutil, porque se ubica en la frontera difusa en que se desenvuelven favoritismos y prebendas.

Para adjudicar este tipo de frecuencias, al Gobierno sólo le interesa que lo dejen hacer, concentrando los procesos adjudicatarios en un Poder Ejecutivo con escaso control administrativo y parlamentario. Entonces, en nombre de la libertad de comunicación, cobraría cuerpo el artificio de poner en órbita satélites que girarían en torno a los favores del Príncipe. Si a estos medios de comunicación de la sociedad civil se les ocurriera actuar con independencia (lo mismo acontecería con los medios de naturaleza comercial) sobrevendrían amenazas y coacciones apuntaladas por el método de renovación de concesiones cada dos años.

Poco antes de su muerte, el generalísimo Franco sostenía que dejaba tras de sí el legado de un régimen "bien atado". Un designio semejante parece planear sobre nosotros en estos días: atan con premura lo que todavía se puede atar. El espacio de las comunicaciones se convierte así en un campo de batalla en el cual avanzan, a paso redoblado, las acciones de superficie en las oficinas gubernamentales y los escraches y las propagandas de baja estofa contra los medios seleccionados como enemigos. Otro capítulo de un argumento de sobra conocido: el proscenio donde se habla y el subsuelo donde se disparan violencias. Difícil escenario, pues, para el espíritu constructivo.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

- DIA DE LA INDUSTRIA -





2 de Setiembre



Día de la Industria



La industria es uno de los más potentes motores de la economía mundial, y factor preponderante en el desarrollo de la humanidad en los últimos siglos. En la Argentina, la industria nacional tiene también su larga historia; hoy conmemoramos el día de su nacimiento, fecha establecida para el 2 de setiembre.





El 2 de septiembre de 1587 fue una fecha de gran trascendencia para la industria argentina, a tal punto que ha sido consensuada para celebrar su nacimiento. A menos de un siglo de la llegada de los europeos a América, y aún en un entorno de economía todavía artesanal, precapitalista y bastante básica, aquellos primeros «argentinos» por adopción tuvieron la visión, el coraje y sobre todo la voluntad de generar una producción que excediera su propio consumo y el de su mercado interno, para lograr la exportación de sus manufacturas.





Así fue que en aquella memorable jornada partió del Puerto de Buenos Aires la nave San Antonio, rumbo al Brasil, llevando a bordo el primer embarque para exportación de nuestra historia, que dio nacimiento también a la Aduana y constaba fundamentalmente de productos textiles: frazadas; lienzos, lana; cordobanes; costales; sobrecamas; sombreros.





No fue fácil dar este primer paso. Las normas restrictivas del comercio hispano no eran sencillas de superar, y las dificultades que imponían las largas distancias hacían de cada empresa una gesta dificilísima, pues los obrajes, telares y diversos parajes de producción textil se encontraban fundamentalmente en Tucumán y Santiago del Estero, donde se cultivaba el algodón, y los traslados hacia el puerto de Buenos Aires eran complicados y costosos.





Sin embargo, aquellos primeros pobladores tuvieron la pujanza necesaria para, desde un primer momento y superada la etapa inicial de subsistencia, pensar en las bondades de una economía autosuficiente y en poder abrir nuevos mercados con los excedentes de sus manufacturas.





Cuando en 1556 se introdujo el algodón en el centro de nuestro país, y gracias al valor artesanal agregado se constituyó como base del comercio y la economía de la región (las rústicas fibras de chaguar fueron reemplazadas por telas de algodón), aquella mentalidad emprendedora fue vital para gestar la industria nacional, de cara al mundo.





Siglos después, en un país que llegó a ser considerado «el granero del mundo» por su capacidad de producción agrícola, la industria nacional sigue generando trabajo, justicia y seguridad, pues la enorme cantidad de pequeñas y medianas empresas son las mayores creadoras de mano de obra en el país.





Sin embargo, su capacidad se ha ido alejando paulatinamente de su verdadero potencial, a la espera de una nueva generación de argentinos pujantes, emprendedores, capaces y honestos, que logren emular a aquellos primeros luchadores que se sobrepusieron a infinitas dificultades para abrir a los ojos del mundo nuestra capacidad productiva. Materia prima, a Dios gracias, es lo que nos sobra.


martes, 1 de septiembre de 2009

- UNIVERSIDAD -





¿Cuatro abogados por cada ingeniero es lo que necesita la Argentina del siglo XXI?




Por Rosendo Fraga
Especial para lanacion.com
Noticias de Cultura


En la Argentina, están egresando de la universidad cuatro abogados por cada ingeniero.

¿Es lo que realmente la Argentina necesita a comienzos del siglo XXI, cuando el conocimiento científico aparece como verdadera clave del crecimiento y el progreso en el largo plazo?

No es un dilema nuevo. Al asumir Julio A. Roca su segunda Presidencia en 1898, en el primer mensaje que envía al Congreso dice: "Se hace indispensable entrar resueltamente en ese orden de ideas (la enseñanza práctica) y abandonar tradiciones y costumbres cuyos deplorables resultados pueden sentirse y palparse no sólo entre nosotros sino en todas las civilizaciones que se han dejado dominar por ellas. En la esperanza de poder contribuir a esos objetos, solicitaré vuestra colaboración para la fundación de colegios y escuelas de agricultura, y demás industrias de inmediata aplicación".

En ese mismo mensaje de 1898, destacaba al modelo educativo de los Estados Unidos como el más adecuado a nuestras necesidades: "El gran poder industrial y el inmenso desarrollo agrícola de los Estados Unidos no son la obra de la improvisación o el acaso, sino el resultado de la educación industrial propagada con perseverante ahínco por todos los medios, desde los primeros días de su existencia, siendo en algunos estados precepto constitucional el establecimiento de escuelas de agricultura y debido a ello es que se les ve instruidas con envidiable profusión en todo el vasto territorio de la República."

Consecuente con esta idea, en 1900 se enviaron los primeros 20 jóvenes becados a los Estados Unidos para estudiar en escuelas industriales y agrícolas, programa que en los años subsiguientes se mantuvo y amplió.

El entonces ministro de Justicia e Instrucción Pública, Osvaldo Magnasco, preparó un proyecto de reforma del sistema educativo, que entre otras iniciativas contemplaba transformar la mitad de los colegios nacionales en colegios industriales y agrícolas, buscando así vincular el sistema educativo con el mundo del trabajo.

En 1901, en el mensaje al Congreso en el que anticipó el envío de este proyecto, Roca dijo: "En vuestras primeras sesiones os daré cuenta del decreto destinado a reorganizar debidamente la enseñanza secundaria, conforme a sus fines propios y a las exigencias que la economía nacional impone particularmente a nuestra instrucción".

Para explicitar este concepto agregó: "La vieja educación enciclopédica y siempre doctrinaria va siendo enérgicamente desalojada y sustituida, ante el reclamo unánime de los más notables pensadores, por la enseñanza que calcula la utilidad del valor de sus máquinas. Escuelas y colegios son hoy establecimientos de la más noble industria: la que trata de producir elementos sociales del mayor valor civilizador, mejorándolos gradualmente y habilitándolos así para vencer en la concurrencia del trabajo y de la inteligencia productiva".

Magnasco defendió con firmeza y elocuencia sus proyectos en el Congreso, pero fue derrotado. Los defensores de la cultura enciclopedista al estilo francés convergieron con intereses de las provincias, las que creían que sustituir un Colegio Nacional por uno de Agricultura o Industria era una suerte de "menoscabo".

Pero la obra de gobierno de Roca en su segunda presidencia no se frustró por este traspié. Creó las escuelas comerciales de Capital, Rosario, Concordia y Bahía Blanca; la Escuela Industrial de la Nación; el Instituto de Agronomía y Veterinaria y diversas escuelas prácticas de Agricultura en combinación con el ministerio del ramo. En el campo universitario, se creó el Instituto del Profesorado de Lenguas Vivas, se estableció la independencia económica de las universidades y se inauguró el nuevo edificio de la Facultad de Medicina.

Si bien el proyecto formal de reforma educativa con el cual Roca quería corregir su propia obra educativa del primer mandato se frustró en el Congreso, pudo igualmente terminar su segundo mandato con avances. Esto dijo en su último mensaje al Congreso en 1904, meses antes de terminar el segundo período: "Dignos de mencionarse son los movimientos que se operan en todo el país en favor de la enseñanza práctica, encauzada por los métodos activos modernos."

Ha pasado más de un siglo desde entonces y la debilidad relativa de la Argentina en los estudios técnicos y científicos respecto a las humanidades, sigue siendo muy fuerte.

Pero una vigorosa constante parece operar en el sentido contrario y removerla puede resultar importante no sólo para el crecimiento económico, sino también para establecer la necesaria relación entre la educación y el mundo del trabajo, para satisfacer la creciente demanda de personal calificado y disminuir la emigración de cerebros hacia el exterior.

Rosendo Fraga es el director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría