miércoles, 16 de septiembre de 2009

- OZONO -





16 Septiembre



Día Internacional de la Protección de la Capa de Ozono



La protección de la capa de ozono de la Tierra ha sido un reto importante durante los últimos 30 años, que afecta a las esferas del medio ambiente, el comercio, la cooperación y el desarrollo sustentable.





Se espera actualmente que la capa de ozono se recupere a los niveles anteriores a 1980 para el año 2050 gracias a la aplicación con éxito del relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono y de sus enmiendas de Londres (1990), Copenhague (1992), Montreal (1997) y Beijing (1999).





Esta conmemoración en todo el mundo brinda la oportunidad de centrar la atención y la acción a los niveles mundial, regional y nacional en relación con la protección de la capa de ozono.





La protección de la capa de ozono ha constituido un problema importante durante los últimos 30 años, y ha afectado las esferas del medio ambiente, el comercio, la cooperación y el desarrollo sostenible.





Actualmente se espera que la capa de ozono se recupere y en el año 2050 alcance los niveles anteriores a 1980 gracias a la aplicación con resultados satisfactorios del Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono y sus Enmiendas de Londres (1990), Copenhague (1992), Montreal (1997) y Beijing (1999).





En el marco del Protocolo, hace tres años los países en desarrollo iniciaron la eliminación gradual obligatoria del consumo y la producción de clorofluorocarbonos.
Es preciso mantener este impulso y acrecentarlo con el fin de asegurar una recuperación plena de la capa de ozono.





Este año, se espera que los países en desarrollo congelen el consumo de los halones y el metilbromuro. Asimismo, tanto los países en desarrollo como los desarrollados deben eliminar gradualmente el bromoclorometano, una sustancia destructora del ozono relativamente nueva.





También los países industrializados tendrán que completar su eliminación gradual de los hidroclorofluorocarbonos y el metilbromuro en los próximos 3 (tres) años.





La realización de actividades que eleven la conciencia del público y política respecto de estas cuestiones sería útil a todos los países en sus esfuerzos dirigidos a proteger la capa de ozono.





El Día Internacional de la Protección de la Capa de Ozono es una oportunidad para promover la concientización de la problemática y las medidas correspondientes.

martes, 15 de septiembre de 2009

- COLOMBIA -





Hoy se reúne en Quito el Consejo Sudamericano de Defensa



Las bases y el ABC



Juan Gabriel Tokatlian
Para LA NACION
Noticias de Opinión
Foto: LA NACION
Ilustración: Alfredo Sabat





La decisión soberana de Colombia y Estados Unidos de actualizar un acuerdo militar de 1952 para que Bogotá le ceda a Washington el uso de hasta siete bases, inicialmente, ha generado y potenciado una crisis evidente en el sistema de seguridad continental.

Lo que se presumía que era la gestación de un esquema de seguridad cooperativo a nivel continental se viene desmoronando a pasos agigantados: el incremento de peligrosas escaramuzas bilaterales de todo tipo (derivadas de cuestiones fronterizas, ambientales, energéticas y migratorias); la reactivación de la IV Flota a iniciativa del Comando Sur (nunca informada a las autoridades civiles en América latina); la ascendente política de adquisición de armas convencionales (en particular, de Brasil, Colombia, Chile y Venezuela) que nada tiene que ver con la lucha contra el terrorismo; las acciones unilaterales de fuerza de Colombia en relación a Venezuela (caso Granda en 2004) y Ecuador (caso Reyes en 2008); los intentos de proyección militar de Caracas en la región andina (en especial, en Bolivia), y el resurgimiento de golpes de Estado en la zona, como lo prueba el ejemplo de Honduras, entre muchos otros, corroboran que la arquitectura de seguridad continental que se articuló desde principios del período que siguió a la Guerra Fría es demasiado frágil e inefectiva.

El compromiso colombiano-estadounidense en materia de instalaciones militares exacerba una situación crítica que viene creciendo con más fuerza después del 11 de septiembre de 2001. Los países de América del Sur han reaccionado, hasta ahora, con prudencia. No se trata de que los gobiernos del área sean paranoicos o ignorantes: Bogotá y Washington hicieron todo lo posible por despertar sospechas mediante un comportamiento opaco, altivo y torpe.

La reunión del Consejo Sudamericano de Defensa (CSD), en Quito, puede iniciar el gradual camino para recuperar un mínimo de serenidad y credibilidad.

Abocarse a un caso tan complejo como el acuerdo entre Bogotá y Washington es un desafío: o el CSD afirma su razón de ser o se confirma como un tigre de papel. La responsabilidad mayor de que ocurra lo primero y no lo segundo depende, en gran medida, del Cono Sur y de la Argentina, Brasil y Chile (el ABC), en particular.

Brasilia sola no puede estabilizar América del Sur ni liderar soluciones sostenidas si pretende satisfacer, meramente, sus intereses nacionales. El acuerdo colombiano-estadounidense mismo comprueba, una vez más, que Brasil puede ser una potencia sudamericana con aspiraciones globales, pero no posee aún liderazgo regional.

Por ello, los países del ABC podrían fijar una postura mancomunada en el encuentro del CSD. Al menos pueden presentarse una serie de iniciativas que combinen principismo y pragmatismo. Por ejemplo, y siguiendo el argumento que expuso la Argentina en la reunión de Bariloche, es importante precisar una doctrina compartida y aceptada. Así como América latina en su conjunto promovió un cuerpo doctrinario (Calvo, Drago, Bello, Carranza, Estrada, entre otros) en materia de no intervención, ahora América del Sur -con igual espíritu latinoamericano- podría avanzar en la creación de un corpus doctrinario en la dirección de la seguridad. Se trataría de colocar límites precisos para no generar, unilateral o colectivamente, más inseguridad entre los países.

Así como en materia humanitaria ha ganado reconocimiento el deber de proteger, en el campo de la defensa se necesita la obligación de no vulnerar los legítimos intereses de seguridad de los Estados.

Por otro lado, y tal como se ha hecho en casos recientes con respecto a la ley Helms-Burton y su naturaleza extra territorial, el ABC podría pedir un concepto sobre el alcance del acuerdo colombiano-estadounidense al Comité Jurídico Interamericano. Este comité es un cuerpo consultivo de la Organización de Estados Americanos en asuntos jurídicos de carácter internacional, así como un ámbito para el estudio de los problemas jurídicos referentes a la integración de los países del continente. Es dable esperar que tanto Estados Unidos como Colombia acepten someter su convenio militar a tal instancia, pues han indicado su voluntad de darle conocimiento y transparencia a sus compromisos y acciones una vez que el acuerdo esté finalizado.

Asimismo, la Argentina, Brasil y Chile pueden atestiguar, con sus múltiples mecanismos de confianza en el área de la defensa y en el delicado tema nuclear que es posible diseñar procedimientos y estructuras que faciliten la distensión, el entendimiento y la certidumbre en el terreno de la seguridad. El ABC debiera estar presto a suministrar su experiencia pacífica en ese frente.

Finalmente, la Argentina y Brasil pueden retomar su mejor tradición en cuanto a su proyección positiva en el área andina. Fue el presidente Raúl Alfonsín, por un lado, y el brasileño João Baena Soares, como secretario general de la OEA, quienes lograron evitar que un delicado incidente ocurrido en 1987 llevara a la guerra entre Colombia y Venezuela.

Hoy más que nunca, ni Buenos Aires ni Brasilia pueden definir su política hacia esa zona en clave anti-Uribe/pro -Chávez o viceversa: eso sería un error estratégico mayúsculo. Paradójicamente, la opacidad de las negociaciones entre Bogotá y Washington pudieron facilitarles cierto oxígeno político-diplomático a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y podría tentar a Caracas a una acción desesperada: ante el fait accompli de las bases, que vuelve a desnudar la imposibilidad de reaccionar militarmente, y la impotencia de revertir la situación, el presidente Hugo Chávez puede propiciar el reconocimiento de un estatus político para las FARC, fenómeno que volvería a sacudir a toda América del Sur y conduciría a internacionalizar aún más negativamente el prolongado conflicto armado colombiano.

La Argentina y Brasil, en especial, deben anticipar y rechazar categóricamente esa temeraria eventualidad.

En esencia, se busca evitar una profundización de la crisis de inseguridad en América del Sur reforzada por el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos y dar pasos básicos en la dirección de una elemental confianza en cuestiones de defensa en el área.

lunes, 14 de septiembre de 2009

- MARTINEZ ESTRADA -





Ezequiel Martínez Estrada



Aniversario de su nacimiento





Ezequiel Martínez Estrada, (San José de la Esquina, provincia de Santa Fe, Argentina, 14 de setiembre de 1895- Bahía Blanca, 4 de noviembre de 1964) fue un escritor, poeta, ensayista, crítico literario y biógrafo argentino. Recibió dos veces el Premio Nacional de Literatura, en 1933 por su obra poética y en 1937 por el ensayo "Radiografía de la Pampa". Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de 1933 a 1934 y de 1942 a 1946.





Santafesino de nacimiento, su familia se trasladó a la localidad de Goyena, en el Sudeste de la provincia de Buenos Aires, donde su padre abrió un almacén de ramos generales. Luego de la separación de sus padres en 1907, viajó a la ciudad de Buenos Aires, donde vivió con su tía Elisa y estudió en el Colegio Avellaneda. Por razones económicas hubo de interrumpir sus estudios y comenzó a trabajar en el Correo Central de Buenos Aires.





Publicó seis libros de poesía entre los años 1918 y 1929. En 1921 contrajo matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica argentina. Ejerció la docencia en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata donde, entre sus alumnos, se contó el luego célebre médico René Favaloro, con quien mantuvo amistad hasta su muerte, y con el dinero obtenido por el segundo Premio Nacional antes citado, compró un campo en Goyena.





Desde 1946 colaboró con la Revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. Publicó durante esa época obras de teatro, cuentos y novelas cortas. En 1949 se radicó en Bahía Blanca, en la casa que es hoy sede de la fundación que lleva su nombre.
En los años del peronismo, Martínez Estrada sufrió de neurodermatitis, una enfermedad extremadamente discapacitante de origen psicosomático que lo mantuvo postrado por años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de Victoria Ocampo, según dejará consignado el mismo escritor.





Luego de la caída de Perón, y luego de ser sometido a las técnicas terapéuticas del llamado sueño prolongado, su salud mejoró, comenzando una serie de escritos que él llamaba sus "catilinarias" (Cicero y sus Oraciones Catilina), serie de acérbicos escritos dirigidos a la élite argentina, tanto gobierno como intelectuales, prediciendo que la Argentina atravesaría una centuria de "Pre-Peronismo, Peronismo, Post-Peronismo."





El gobierno peronista lo había privado de su puesto de trabajo en La Plata, que recuperó en 1956 luego de la caída del régimen, pero al año siguiente fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía blanca. En 1957 asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.





En 1959, Martínez Estrada comienza una serie de viajes a Chile, a la Conferencia de Paz en Viena, donde conoce al poeta cubano Nicolás Guillén, a México, donde enseñó durante un año en el Instituto de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribe Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina, un largo ensayo fijando paralelos con Asia y Africa, y el concepto emergente del Tercer Mundo, condenando el imperialismo, el colonialismo y expresando admiración por la Revolución Cubana, que sería su siguiente destino.





Desde setiembre de 1960 a noviembre de 1962, fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana. Formó así parte de la densa atmósfera intelectual de los primeros años de la revolución: allí estudió en profundidad la obra de José Martí y editó dos libros de discursos de Fidel Castro.





Veía en Cuba un destino manifiesto, donde los Taíno se unirían a los Amaurotos de Thomas More, y la Cuba revolucionaria con el ideal de Cuba de Martí. Esta adhesión a la revolución cubana no sería comprendida ni perdonada por los intelectuales argentinos nucleados en torno de la revista "Sur". Comienza así un aislamiento, en su tierra, que lo acompañará hasta su muerte. Silenciamiento que persiste todavía hoy, por razones no tan fáciles de comprender.





Martínez Estrada deja Cuba después de la crisis de los misiles. El país había sido expulsado de la OEA, y él estaba teniendo problemas de salud y financieros, por lo que decide que "servirá mejor a la revolución desde afuera". Pasa por México y retorna a Argentina, más precisamente a Bahía Blanca, donde completa sus tres libros sobre José Martí (ninguno publicado en vida y uno de los cuales permaneció inédito hasta 2001), escribe un trabajo sobre Balzac, y continúa escribiendo poemas (notables sus Tres poemas del anochecer - último trabajo publicado en Sur).





Él hablaba de volver a Cuba; no está claro si finalmente no lo hizo por su estado de salud o, como indicaría su correspondencia, por sentirse desilusionado con la revolución.





Falleció el 4 de noviembre de 1964 en Bahía Blanca.

domingo, 13 de septiembre de 2009

- MONCLOA -






En busca de un Pacto de la Moncloa criollo



De manera reservada y no tanto, sectores opositores liderados por Duhalde y Cobos trabajan en el armado de un gran acuerdo multisectorial que garantice políticas de largo plazo en el país. Qué dicen los protagonistas y por qué el Gobierno observa con desconfianza


Laura Di Marco
Para LA NACION
Noticias de Enfoques



Una reunión entre Julio Cobos y Eduardo Duhalde se prepara en silencio. Cobos habla, por estos días, de un plan de estabilización, con políticas de largo plazo, y se reúne con dirigentes de su partido con la idea de reconstruir la UCR. Duhalde vaticina (y así lo dice) que, probablemente, el próximo presidente no será peronista, mientras mantiene charlas políticas fluidas con Ricardo Alfonsín y otros radicales, y predica ante el PJ disidente que perder una elección no es la muerte de nadie. Durante la última semana, se reunió en desayunos políticos con los líderes de la UIA, y, según anticipa, los empresarios acordaron con sus planes. Invitado por el búnker duhaldista, el radical Rodolfo Terragno detalló los puntos básicos de su plan estratégico nacional. Estos son los pasos que, en la última semana, dio la dirigencia opositora -hasta ahora, el kirchnerismo mira estas conversaciones desde afuera y con desconfianza- hacia lo que ellos llaman una versión criolla del Pacto de la Moncloa, en alusión a aquel gran acuerdo nacional que posibilitó la estabilización política de la España posfranquista.

Claro que la idea de reeditar una versión nacional del Pacto de la Moncloa, buscando consensos básicos entre las principales fuerzas políticas y sociales, no es nueva en la Argentina. Los acuerdos económico-políticos firmados en el Palacio de la Moncloa, en octubre de 1977, que marcaron un hito en la transición democrática española, viven en el imaginario colectivo, idealizados como ejemplo a seguir, cada vez que recrudece la crisis institucional. La última vez que se habló con fuerza del tema fue en la antesala del estallido de 2001, cuando el ex presidente Felipe González -pieza clave en los procesos de la Moncloa- llegó, pero tarde, para ayudar en la conformación de un gobierno de unidad nacional que evitara lo que finalmente sucedió: la caída de Fernando de la Rúa.

Claro que el Pacto de La Moncloa, si bien fue fundamental para la consolidación democrática de la península, estuvo lejos de ser una experiencia idílica o perfecta: las fuerzas de centroderecha encarnadas en el Partido Popular, entonces la coalición gobernante, y la centroizquierda del PSOE acordaron, entre otras cosas, legitimar una amnistía generalizada y convalidar la monarquía. No todos firmaron, y fue el propio Gobierno el que convocó al consenso, a la luz del día, no sólo de las principales fuerzas políticas sino de las cámaras empresariales y las centrales sindicales. Algo difícil de imaginar en la Argentina de hoy.

De hecho, por ahora, las tratativas no tienen ni miras de incluir al kirchnerismo, aunque Julio Cobos -después de todo, vicepresidente de este Gobierno- diga que, si quisieran sumarse, los Kirchner también deberían tener lugar. En eso Duhalde se muestra más contundente: el matrimonio presidencial, afuera. Aunque también aclara: "Si lleva mi sello no sirve; será contraproducente. No quiero ser yo el que aparezca armando un acuerdo. Se tiene que ir armando entre todos."

¿Podría hablarse, entonces, de un Pacto de la Moncloa criollo, sin la participación del Gobierno nacional? ¿O se trata de un intento de acuerdo entre "posibles coaliciones opositoras", tal como lo describe, desde el kirchnerismo, el vicejefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina?

Poco antes de reunirse con Mauricio Macri, el jueves por la mañana, el vicepresidente Cobos le explica a Enfoques, en su despacho del Senado, cómo imagina ese gran acuerdo. "Con la mayor cantidad de sectores políticos, empresariales y sindicales que sea posible. El kirchnerismo debería participar, por supuesto, y todos los que tengan voluntad de hacerlo. Muchos criticaron que la Sociedad Rural ahora hable de pobreza porque antes no lo hacía. Pero por favor, dejemos de mirar hacia el pasado... ¿Por qué no tomar ese dato positivamente, y verlo como un nuevo consenso? A los argentinos nos cuesta mucho ponernos de acuerdo, así que, si coincidimos en los grandes títulos y la reducción de la pobreza es uno de ellos, bienvenido sea y empecemos por ahí".

-Y dígame, si no se convoca al kirchnerismo, ¿no tiene miedo de que estos acercamientos sean leídos como un intento desestabilizador?

-No, por el contrario. Todo lo que sea consenso en torno a políticas de Estado es un intento estabilizador.

Aunque todavía nunca se reunieron personalmente, Cobos y Duhalde creen en la resurrección del bipartidismo. O, para estar a tono con los tiempos, creen en una gobernabilidad garantizada por dos grandes coaliciones fuertes, el PJ y la UCR, capaces de alternase en el poder. Cobos dirá: "Los países que avanzan funcionan así; la crisis de la Argentina es política, no económica". En tanto que Duhalde está convencido de que "la mezcla de peronistas y radicales -impulsada por Néstor Kirchner en su ensayo de transversalidad- le hizo mucho daño a la Argentina".

El ex presidente evalúa que la "otra estructura", la compuesta por la UCR y el socialismo, está más ordenada que la interna del PJ, a partir del surgimiento de la figura de Cobos: "Su figura es un elemento ordenador".

El vice radical y el ex presidente peronista tienen una línea de comunicación abierta desde el histórico voto no positivo de Cobos, durante la pelea con el campo. Fue entonces cuando Duhalde le mandó una carta en la que, además de felicitarlo, le aconsejaba recuperar el radicalismo como garantía de gobernabilidad.

"Y en eso estamos", admite hoy Cobos, quien recientemente recibió en su despacho a Federico Storani, junto a los diputados nacionales que le responden, Pedro Azcoiti y Rubén Lanzetta. Y, muy activo, también se reunió con Leopoldo Moreau y su grupo de dirigentes bonaerenses.

Pero, ¿qué tipo de acuerdo está imaginando Duhalde?

La idea que amasa es la siguiente: un gran acuerdo estratégico nacional, a trabajar en estos dos años, de cara al 2011. Con pocos puntos consensuados, firmado por las cuatro grandes fuerzas políticas, PJ, UCR, Partido Socialista y macrismo (Elisa Carrió, para Duhalde, estaría dentro de la UCR) y sus candidatos presidenciales y a legisladores. "Ese sería el núcleo duro, con un segundo anillo, en el que deberían estar los medios de comunicación garantizando el cumplimiento de estas políticas de Estado acordadas, a través de la difusión de su contenido y el control de su cumplimiento."

En su imaginario, no debería haber patas peronistas fuera del PJ, precisamente la estrategia política que anhela Mauricio Macri con su alianza Pro. "Todas las patas deben estar adentro", insiste Duhalde. Está pensando en un escenario de competencia política, para las presidenciales del 2011, en el que confronten, por un lado, un PJ aliado a Macri y, por otro, una UCR aliada al socialismo.

En todo caso -y en esto también coincide Cobos-, cualquier ensayo de Moncloa criolla debería venir de la mano de un reordenamiento del escenario político y de un fortalecimiento de las estructuras partidarias más o menos tradicionales.

Otro radical, Rodolfo Terragno, es el tercer actor importante de esta trama. El ex jefe de Gabinete de la Alianza fue, en rigor, el primero en hacer público un plan estratégico de elaboración propia que contiene ocho puntos y que presentó el mes pasado. En lugar de llamarlo "Pacto de la Moncloa", Terragno prefiere que a un consenso nacional se lo llame Acuerdo de San Nicolás II o algo semejante, en alusión a uno de los pactos "preexistentes" a la Constitución nacional. "No debemos olvidar que las principales fuerzas políticas españolas, sobre todo el Partido Comunista y el PSOE de Felipe González, cedieron muy fuertemente, sobre todo la izquierda. En tanto, la derecha de Fraga Iribarne firmó el pacto económico, pero no el político.

Y se negó a firmar porque no estaba de acuerdo con hacer reuniones públicas sin avisarle a la policía y tampoco acordaba con la venta de anticonceptivos en las farmacias. Fue un pacto importantísimo, pero no lo idealicemos. Hagamos el nuestro, en todo caso".

Los puntos centrales
El ex senador radical también advierte que, "si sólo nos centramos en los grandes títulos -federalismo, educación, combate a la pobreza, modelo productivo-, podemos firmar un acuerdo fácil pero poco consistente". Hay que afinar el lápiz, aconseja. Y agrega, orgulloso: "Hasta ahora, el único que tiene un plan detallado soy yo".

Duhalde cree que un consenso nacional debería rondar básicamente en torno a lo social y que el ingreso universal a la pobreza debería ser una clave. Cobos propone, por su parte, que la educación sea otro de los ejes. Su propuesta: escuelas en las zonas vulnerables y, paralelamente, que los puntos del acuerdo sean "monitoreados" para su cumplimiento.

Terragno vuelve a poner énfasis en las precisiones: "Está todo muy bien, eso hoy lo firma hasta Cristina Kirchner. Pero, ¿cómo se financia el ingreso universal a la pobreza? En mi opinión, si no acordamos la forma en que debemos crecer, todo lo demás se cae. Mi propuesta es invertir sólo en energía 6400 millones de dólares por año sostenidamente, digamos durante 14 años. Es decir, si tenemos una estrategia común de crecimiento, debemos acordar una matriz energética y cómo financiarla. Y, como ven, no es sencillo. Por eso digo: las políticas de Estado no son sólo títulos. Tenemos que acordar el cómo, no sólo el qué".

Desde la academia, la politóloga e historiadora de la Universidad de San Martín María Matilde Ollier ofrece una mirada escéptica sobre este nuevo intento de consenso criollo: "No compararía la posibilidad de un acuerdo hoy entre dos posibles coaliciones, una liderada por el actual PJ disidente y otra por la UCR, con el pacto de la Moncloa, porque aquél incluyó a todos los sectores sociales y políticos representativos (con excepción de Fraga, que no firmó el pacto político) y fue convocado por el gobierno, que en este acuerdo doméstico no figura. Si bien lo están pensando para el 2011, cuando uno de ellos supuestamente haya llegado al gobierno, hoy por hoy sería lisa y llanamente un pacto de la oposición."

Ollier asegura que un pacto de estas características debería tener, por lo menos, dos elementos: representatividad y legitimidad social de sus firmantes porque, de lo contrario, puede ser leído como un instrumento más de la lucha política. Además, reflexiona, representatividad y legitimidad son las garantías para su cumplimiento.

También Terragno está preocupado por la legitimidad, de ahí que -para la presentación de su plan estratégico en agosto- lo invitó a Daniel Filmus. "Y lo invité -dice- porque un plan estratégico no es, o no debería ser, un plan de la oposición".

A diferencia de Terragno y de Cobos, Duhalde aparece en una posición más radicalizada en lo que respecta a la posibilidad de incluir al kirchnerismo en un gran acuerdo nacional.

¿Será, como especula Ollier, que no se perdona a sí mismo el error político de haber apadrinado a un presidente como Néstor Kirchner, cuando hoy siente que le hizo daño al peronismo y al país?

Precisamente, desde el ala dura de los K, el vicejefe de Gabinete, Abal Medina, analiza las cosas de un modo muy distinto: "Me resulta llamativo que, mientras una parte de la dirigencia política plantea dudas sobre la continuidad del diálogo político, dirigentes opositores sueltos o empresarios impulsen acuerdos que carecen de legitimidad. El único consenso legítimo podría ser el que se generara desde el Gobierno, a partir del Consejo Económico y Social, convocado por la Presidenta para este año. El Consejo es una idea basada en el mecanismo de diálogo social permanente, inspirado, precisamente, en las políticas que siguieron a los acuerdos de la Moncloa".

El ex ministro de Carlos Menem, Armando Caro Figueroa, estaba exiliado en España cuando se firmaron los pactos de Moncloa y, en tanto observador privilegiado de aquellos hechos (como extranjero, trabajaba en el sindicato ligado al Partido Socialista Obrero Español, de Felipe González), asegura que entre aquel escenario político y el que reina hoy en la Argentina hay un abismo: "En la España de aquellos años había una necesidad social enorme de consenso, en medio del fantasma de la Guerra Civil. Y esa necesidad no sólo era de la elite política sino de elite intelectual y de la sociedad en su conjunto.

Y esa necesidad era tan grande que logró que se sentaran a negociar personas que habían estado fuertemente enfrentadas durante 40 años. No tiene nada que ver con lo que pasa aquí, que hasta los intelectuales toman posición y se pelean entre sí".

Caro Figueroa ofrece otra clave española que en la Argentina está ausente: "Hubo necesidades complementarias. El gobierno necesitaba un aval al ajuste económico para resolver el tema de la inflación y la oposición reclamaba libertades políticas.

La central obrera tuvo que firmar la reglamentación de los despidos para el 5% del personal en las empresas, y también acordó un límite al incremento salarial del 22% para los años siguientes. Pero, a cambio, logró el derecho de asociación sindical, después de años de dictadura. Es decir, ambas partes cedieron pero también obtuvieron lo que necesitaban. Y a los dos años, España despegó".

Las oficinas del Movimiento Productivo Argentino (MPA) ocupan el piso 11 de un edificio ubicado frente a la Plaza de los dos Congresos, en Hipólito Yrigoyen al 1600. Carlos Brown, el número dos del MPA y ex ministro de la Producción bonaerense, lo define como un gran centro estratégico de ideas. Allí se prepara, dice, el esbozo de un plan estratégico para ser presentado en noviembre, en el Hotel Sheraton.

Cuando visitan el búnker, los empresarios que conversan con el ex presidente peronista -en los últimos días hubo, por ejemplo, comunicación con los empresarios de AEA, Julio Pagani, de Arcor y su director ejecutivo, Jaime Campos- le quitan la batería a sus celulares por temor a que sus conversaciones sean escuchadas: hasta ese punto llega la paranoia. Los Duhalde cambian todo el tiempo sus claves del correo electrónico y así y todo se los jaquean.

"La gente está cansada de este liderazgo extorsivo. Después de 26 años de la recuperación de la democracia, éste es el momento político más fértil para consensuar. ¿Por qué? Porque todos están convencidos de que las papas queman."

Lo cierto es que, entre denuncias de espionaje político, acusaciones de desestabilización y una lógica política muchas veces despiadada, mientras la oposición teje su consenso y el Gobierno mira con desconfianza ese tejido, el país no parece encaminarse en serio hacia un acuerdo nacional. Será que los ecos de la Moncloa no encuentran, todavía, una buena traducción en clave argentina.

sábado, 12 de septiembre de 2009

- CULTURA Y COMUNICACION -






LA CULTURA

Y LA

COMUNICACIÓN






HERRAMIENTA IMPRESCINDIBLE




La Cultura es entre tantas otras cosas, una herramienta de inclusión y participación, que debería funcionar como un elemento de reparación social, para un tejido tan dañado, frustrado y castigado como el nuestro (estamos hablando de la mismísima Ciudad de Buenos Aires) Ciertamente en ésta gestión se está cumplimentando con mucho de lo necesario.





Esta tarea no se puede llevar adelante y acabadamente bien, si no se dispone de otra pieza fundamental: la de divulgación, propagación y transmisión que es la Comunicación. Informar es prioritario!





No importa solamente “lo que pasa” ó “lo que se hace”; es indispensable comunicarlo, transmitirlo y divulgarlo a la población toda y específicamente llegar a cada nicho poblacional, a cada segmento socio cultural debidamente determinado por: Edad, sexo, educación, interés, necesidad e innumerables variables que soportarían los más sofisticados estudios sociológicos, tal como los que se llevan a cabo para segmentar un producto, previo testeo de lanzamiento en campaña publicitaria.





Estamos hablando de “la bendita pauta”, pero en el mejor de los sentidos… Hay que llegar al focus grup con las aspiraciones y necesidades del mismo. Decir lo que le importa al potencial consumidor (aunque de cultura hablemos) Ese es el objetivo...





La fusión de ambas disciplinas en forma mancomunada, tendera a cambiar los escenarios de clarificación y penetración, en lo que a políticas profundamente sociales y educacionales deberemos intentar llegar a beneficiar y proponer.





La participación ciudadana en los quehaceres culturales barriales ó centrales, deberá ser profundamente abarcativa, tanto en sus contenidos, como a los que se pretenda llegar: personas, vecinos, habitantes, turistas, pasajeros, etc. Lo importante es que a la gente “le cambie en algo la vida” el contacto con la cultura y de este modo la integre a otro mundo, un poco más profundo, diverso y creativo.
Con el tiempo nacerá algo nuevo: de la Siembra y el Cultivo... ¡De eso se trata!





Pese a que se cuente con programas buenos ó excelentes, éstos NO funcionarán si los actores no lo saben. Si la gente no se entera, si la población no participa, si los vecinos no se integran, -tanto en forma activa como pasiva- De nada sirve esfuerzo alguno.





Una buena comunicación es la piedra basal de todo intento de logro que muchas veces va aparejado con el éxito.
Si no entendemos esto, las ideas navegaran, UNA VEZ MÁS -solamente para pocos- y no se contribuirá el desafío de la hora.
No son dos cosas tan distintas. Solo se trata de darles un buen uso y para ello hace falta conocimiento.





Un ejemplo palpable: reposicionar los medios en manos de gente de la Cultura y la Comunicación. ¡Esa es la fórmula correcta! Hacia allí vamos…


Ricardo A. Carrasquet


viernes, 11 de septiembre de 2009

- LA FRANCE -






Daniel Cohn-Benedit reaparece en escena



El frente amplio francés




Alicia Dujovne Ortíz
Para LA NACION
Noticias de Opinión



El duende pelirrojo que se reía en las barbas de la policía (barbas parapetadas detrás de escudos que no lo amedrentaban en lo más mínimo, a juzgar por la carita risueña inmortalizada en la fotografía que dio la vuelta al mundo); aquel mismo geniecillo chispeante que, al ser expulsado de Francia debido a su nacionalidad alemana unida a su condición judía, generó la famosa respuesta del estudiantado, que la coreó por las calles, "todos somos judíos alemanes"; en una palabra, Daniel Cohn-Bendit, encarnación viviente del espíritu rebelde, jocoso e imaginativo de mayo del 68, se está convirtiendo en el elemento catalizador de la renovación de una izquierda francesa que parecía desmayarse como la flor en el vaso de la princesa triste.

En realidad, el que desfallecía era el Partido Socialista (PS). Desde la renuncia de Lionel Jospin, cuando Jean-Marie Le Pen estuvo a un tris de ganar las elecciones, motivo por el cual todo el mundo se vio obligado a votar a Chirac para impedir el bochorno, ese viejo partido envejecía. Sus feroces internas, que se reflejaron en la designación, como candidata socialista frente a Sarkozy, de Ségolène Royal , muy resistida por los "elefantes" del partido, los socialistas no paran de pelearse entre sí. Lo que es peor, no paran de carecer de ideas.

El agotamiento es tal, o lo ha sido hasta hace más o menos 10 minutos, que el propio Partido Comunista se ha condolido: ¿en qué irá a convertirse el juego político de este país, si el más importante de los partidos de izquierda se desinfla? Una pregunta no sin gollete, puesto que el PC, otrora todopoderoso, sabe lo que es pincharse por haberse convertido en una pequeña agrupación de canosos nostálgicos. Cuando durante este vivificante verano europeo, un joven dirigente socialista propuso cambiarle el nombre al Partido Socialista, muchos otros nostálgicos suspiraron recordando a Jean Jaurès.

Entonces, como diciendo "aquí estoy, ¿me llamaban?", apareció el colorado Dany, un duende ecológico. En las últimas elecciones europeas, Cohn-Bendit, representante de los Verdes y flanqueado por la corajuda jueza Eva Joly, especializada en revelar chanchullos de paraísos fiscales, obtuvo nada menos que un 16,3 por ciento de los votos, contra un melancólico 16, 4 por ciento del PS.

Increíble resultado para una formación hasta ahora casi marginal por un lado y, por otro, un partidazo tradicional. El ex pibe travieso sigue bien caracterizado en su papel de David frente a Goliat: más redondito que antes pero siempre muerto de risa, conserva su aspecto de personaje de fábula y, lo que es más importante, su frescura de ideas. Sí, ideas: justo lo que andaba faltando para oponerse al sarkozismo con algo más que broncas personales.

¿Cuál puede ser la salida frente a una atomización de fuerzas de izquierda y de centro que, sumadas, darían los mejores resultados? Esa salida sólo se puede hallar a partir de lo que llamaré la inteligencia inclusiva: el que excluye parte de una visión celosa, ambiciosa y apropiadora que, al limitar el pensamiento, se convierte en lo contrario exacto de la inteligencia. Acaso haya sido eso lo que querían decir los chicos y chicas de mayo del 68 con su "todos somos judíos alemanes": la doble o múltiple identidad, real o simbólica, ayuda a ampliar la cabeza y a no morir idiotas. Que el aún pelirrojo piense a lo ancho se advierte en el movimiento fluido e integrador que está engendrando: una alianza de los Verdes con los socialistas, los comunistas y ¡horror! el MoDem (Unión por la Democracia Francesa).

Este partido de centro tuvo la oportunidad de aliarse con Ségolène Royal durante las últimas elecciones presidenciales y? la perdió. La candidata socialista estaba de acuerdo, aunque, convencida de ganar por sus propios medios, coqueteara con cierta ambigüedad y se decidiera por el no. El que propició con mayor firmeza y claridad la unión del PS con el MoDem fue el dirigente socialista más lúcido de todos, Michel Rocard. Uno de mis grandes orgullos es que en esta misma página se publicara un artículo de Rocard apoyando esa unión y, humildemente y por debajo (tan grata fue la sorpresa que todavía lo recuerdo), una notita mía donde también decía que Ségolène haría bien en deponer su personalismo en aras del bien común.

La mención de Rocard, eterno postergado del PS (Mitterrand lo incineró a propósito al nombrarlo primer ministro), no sólo viene a cuento a causa del MoDem, al que Cohn-Bendit pugna por acercarse considerándolo una fuerza de progreso, sino también de la ecología: al dirigente Verde, la última propuesta de Rocard le ha parecido "revolucionaria" y, en efecto, lo es. Se trata nada menos que de un "impuesto carbono" que se le cobrará a todo hijo de vecino en función del gasto de energía que realice. ¿Cómo lograr que el ciudadano común consuma menos, si no se le hace sentir en su propio bolsillo lo que significa el recalentamiento global?

El proyecto, que está en estudio porque su aplicación no es sencilla, se completa con un cheque que cada familia recibirá a modo de premio por haber ahorrado el máximo de energía. Siempre en pos del estrellato, Ségolène ha resuelto salir al frente denostando el proyecto con argumentos sociales bastante demagógicos.

La fotografía de los políticos reunidos en el encuentro de Marsella en torno a Cohn-Bendit y del socialista Vincent Peillon, fundador del movimiento L´Espoir à gauche , parece un sueño. Allí están, codo a codo, socialistas, comunistas, ecologistas, centristas.

Para que nos entendamos, imaginemos a Elisa Carrió (efectivamente inspiradora del proyecto de asignación universal por hijo, tal como, con toda razón, me lo recordó un lector de mi nota anterior), junto a Solanas, las Madres, Binner, Filmus, Ibarra, Lozano y Monzón, todos ellos abrazados con el Premio Nobel alternativo y militante ecologista Raúl Montenegro, y al frente de una manifestación en contra del Ceamse y del efecto destructor del exceso en el cultivo de soja y de la minería a cielo abierto.

¿De ilusión también se vive? Como de lo contrario también se muere, los participantes de esa reunión han resuelto seguir en vida con propuestas creativas de naturaleza inclusiva, valga la rima. Y valga la perogullada, puesto que lo creativo y lo inclusivo, repitámoslo, obran como sinónimos.

El socialista Vincent Peillon ha hecho su mea culpa en relación con la escasa importancia atribuida por su propio partido, desde siempre, a la ecología. "Cuando los socialistas volvieron al poder en 1997 - declaró en una entrevista- su prioridad era la lucha contra la desocupación. Esto está ligado a la cultura productivista del socialismo francés, muy impregnada de marxismo". Y Cohn-Bendit: "La crisis ecológica nos obliga a repensar toda la política social tradicional, lo cual sitúa forzosamente al PS y a todos los partidos socialdemócratas frente a sus contradicciones".

El ejemplo que da es muy claro: un gobernador socialista declama sus convicciones ecologistas, pero cuando le proponen la construcción de un gran aeropuerto en su región, se deja tentar por el tristemente célebre argumento de que la riqueza genera riqueza. Un argumento que ha derivado, por ejemplo, en una tala de bosques generalizada en el mundo entero para edificar megaproyectos que generan riqueza para unos, pobreza para los más y empobrecimiento del suelo para todos. No por nada la senadora brasileña Marina Silva, emblemática luchadora en defensa del Amazonas, acaba de plantar a Lula y su partido, en el que militaba desde 1985, porque éste sacrifica el medio ambiente en nombre de grandes obras de infraestructura.

Como podía preverse, ya que la defensa del territorio está inscripta en los genes desde la Edad de Piedra, tanto en los humanos como en los animales, no todos los socialistas comulgan con la idea de incluir al MoDem en la preparación de su campaña para las regionales de 2010 y para la presidencial de 2012 (así como tampoco la extrema izquierda trotzkista, siempre purista, tiene la menor intención de sumarse al alegre montón).

Sin embargo, un día después de la reunión marsellesa, cien personalidades de primer orden, entre ellas Delanoë, alcalde de París, que cuenta con un 63 por ciento de opiniones favorables, y, por supuesto, Michel Rocard, todos ellos bajo la advocación de Terra Nova, un grupo próximo al PS, han presentado una petición, aceptada por la secretaria del PS, Martine Aubry, para que las elecciones a candidato de la izquierda sean no partidarias sino abiertas a todo ciudadano que participe de esa tendencia y quiera votar, incluyendo a los extranjeros, que en Francia no tienen derecho al voto. Esto significa que los votantes no serán los meros afiliados, siempre sospechosos de responder a este o a aquel puntero, sino millones de personas con ganas de gobernar en forma participativa y democrática.

En Estados Unidos se hace lo mismo, por eso ganó Obama, y en Italia también, con menos suerte. No es el remedio universal, pero al menos muestra la decisión de terminar con un pensamiento excluyente, vale decir, obtuso, ese que cabe en dos dedos de frente y que la ciudadanía en su conjunto termina por pagar.

¿Moraleja? Lo que en Francia se llama "el pueblo de izquierda" está vivito y coleando. Le faltaba pensar sin anteojeras mirando hacia los lados y hacia el centro. También le hacía falta una actualización ecologista, desgarradora para quienes todavía lloran por lo que también se llama "la izquierda de papá", pero absolutamente necesaria si no queremos terminar viviendo en un desierto marciano, rojizo y polvoriento, con la máscara puesta día y noche para no respirar el viento envenenado.

jueves, 10 de septiembre de 2009

- GINASTERA -





UNO DE LOS GRANDES CREADORES ARGENTINOS




Alberto Ginastera






Nace en Buenos Aires un 11 de Abril de 1916 y muere en Ginebra, un 25 de Junio en 1983. Su primer trabajo importante fue el ballet Penambí, que lo hizo conocido en toda Argentina.
De 1945 a 1948 abandona su país debido a su pésima relación con J. D. Perón.





Parte hacia Estados Unidos, donde estudia con Copland y Tanglewood.Cerca de 1956 expande su estilo musical más allá de los límites de su nacionalidad. Es la época de excelentes trabajos.
En 1969 nuevamente deja la Argentina y va a vivir en Ginebra, Suíza.





Su música es esencialmente tradicionalista. Una ecléctica síntesis de técnicas de varias escuelas musicales está evidente en su composición más famosa, la ópera Bomarzo, que fuera injustamente prohibida por aquel entonces. Contaba con un magnífico libro de Manuel Mujica Lainez, para muchos fue su obra cumbre literaria.





“El Ogro, la Lucha de los Gigantes, Cancerbero, un Templo de amor. Toda la desmesura de la que es capaz un ser humano se encuentra en los jardines que el duque Vicino Orsini hizo construir en Bomarzo”





Se hace famoso como compositor de fuerte sentimiento nacionalista, a pesar de haber influencias de la música internacional que se producía en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
Su obra puede ser dividida en 3 períodos: nacionalismo objetivo, nacionalismo subjetivo y neo-expresionismo. Sus primeros trabajos pertenecen al primer período.





Él caracterizó ese período como una etapa de "nacionalismo objetivo" en el cual las características de la música folklórica se reproducían abiertamente. Utiliza el folklore argentino y es influenciado por Stravinsky, Bartok y Falla.





Son de este período: Danzas Argentinas op. 2 para piano, Estancia (ballet), las Cinco Canciones Populares Argentinas, Las horas de una estancia y Pampeana nº 1. El estreno de la suite orquestal de su ballet Estancia, consolidó su posición dentro de Argentina.A partir de 1948 comienza a usar modos de composición más avanzados.





Es el período de nacionalismo subjetivo, sin posiciones revolucionarias. Abandona los elementos populares tradicionales a pesar de continuar a usarlos simbólicamente. Jamás abandona las tradiciones argentinas.





Son de esta fase Pampeana n. 3 para orquesta, y Sonata para piano n. 1. Durante ese segundo período, que comienza con la Sonata para piano, Ginastera adoptó la técnica dodecafónica. Su concepción a respecto de la técnica siempre fue libre y totalmente personal y su música tuvo siempre características inconfundiblemente nacionalistas.





El Cuarteto de cuerda nº 2 tiene la misma calidad rítmica que aparecía en sus primeras obras y, a pesar del uso de técnicas dodecafónicas, ese cuarteto es esencialmente tonal. En este período las características étnicas, a pesar de presentes con una forma sublimada, se aplican de una manera menos consciente.El período neo-expresionista, comienza aproximadamente en 1958.





Está marcado por una busca continua de los procedimientos técnicos más avanzados y una disminución de la importancia que hasta poco otorgara a las características nacionales explícitas. No hay más folklore pero continúa habiendo elementos argentinos, como él mismo dijo.












Además de una aproximación cada vez mayor a la forma dodecafónica, respondió a algunas de las nuevas corrientes que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial integrando ciertos aspectos de la composición aleatoria y microtonal, dentro de su propia orientación estilística general.





Las obras más importantes de este período fueron las óperas Don Rodrigo, Bomarzo y Beatrix Cenci, que tuvieron gran éxito y lo situaron como el compositor latinoamericano más importante de su tiempo.





De este último período tenemos aún dos Conciertos para piano, un Concierto para violín, el Popul Vuh para orquesta, el Concierto n. 2 para cello y orquesta y la Cantata para América Mágica.





Es bueno recordar a uno de nuestros eximios compositores nacionales, de trascendencia internacional.

Nuestro homenaje al maestro Alberto Ginastera, a más de 26 años de su desaparición.





Ricardo A. Carrasquet ©

miércoles, 9 de septiembre de 2009

- COSAS -





El entretenimiento y el sonambulismo acrítico



Y seréis como dioses



Mori Ponsowy
Para LA NACION
Noticias de Opinión



En Lloret de Mar, un pueblo de Cataluña, hay un restaurante donde por 40 euros se puede comer y, además, vivir el simulacro de un terremoto de 7 grados en la escala de Richter. Se llama Disaster Café. Quienes han ido aseguran que se asustan igual, aunque sepan que no es un terremoto de verdad. Le escucho contar la anécdota a un amigo que fue hace poco. "Salí hecho un asco -dice, encantado-, con la ropa toda salpicada de vino y comida." Mientras estuvo ahí hubo dos terremotos. Las mesas se movían tanto que los pimientos rellenos terminaron en el piso.

Le pregunto por qué quiso ir a un lugar así. Me mira como si yo fuera marciana. "Todos gritaban y se morían de risa", dice, como si esa explicación bastara. Me pregunta: "¿No te gustan las montañas rusas?". "Sí, pero no es lo mismo", digo. Quiere saber por qué no es lo mismo. Trato de improvisar una explicación, pero no se me ocurre nada contundente. Nos despedimos y me quedo con la sensación de que soy una aguafiestas.

Me paso la tarde pensando. ¿Qué diferencia hay entre subirse a una montaña rusa e ir a un bar donde habrá un simulacro de terremoto? Ambas experiencias dan miedo, ambas tienen que ver con situaciones en las que aparentemente nuestra integridad física está en peligro y, también, en ambas se trata de un miedo que no llegará a ser pavor porque sabemos que es sólo un simulacro. Por eso nos reímos: aunque nos asustemos, sabemos que saldremos indemnes, pues se trata de un juego.

La respuesta se me ocurre recién a la noche: la diferencia entre una montaña rusa y el bar en cuestión es que la montaña no imita una catástrofe natural. En cambio, el atractivo del Disaster Café se basa en el remedo de un fenómeno que ha causado miles de muertes a lo largo de la historia. ¿No hay algo perverso en divertirse viviendo el simulacro de una catástrofe? ¿Qué sentirán los familiares de las víctimas del sismo en Abruzzi al saber que hay gente que paga por experimentar un simulacro de terremoto y que, al sentir el temblor, se divierte a más no poder?

"El dolor es un horror que fascina", dice Aldous Huxley en la última página de Un mundo feliz , una novela que describe una sociedad totalitaria en la que el control de los individuos no se logra mediante la represión y el miedo, sino a través del placer, el condicionamiento y la diversión. La escena final, en la que un "salvaje" se da latigazos a sí mismo ante la mirada lasciva de una muchedumbre "civilizada", es una de las pocas en toda la novela que muestran violencia física. El autor empleó las doscientas páginas anteriores para mostrar cómo, una vez anestesiados emocionalmente, los seres humanos podemos aceptar horrores de la más diversa índole. En el mundo de Huxley las personas viven satisfechas, en un estado de paz perpetua. El consumo y la diversión constantes le proporcionan estabilidad a un Estado que alienta a sus miembros a tomar alucinógenos y que condiciona a los niños mientras duermen.

A diferencia del mundo futuro soñado por George Orwell en su novela 1984 , en el que el control se logra por medio de la opresión, en el mundo de Huxley los humanos se entregan gustosos a tecnologías que van minando su propia capacidad de pensar. Orwell temía que los totalitarismos del futuro prohibieran los libros; Huxley temía una sociedad en la que no hubiera razón para prohibir la lectura, pues ya nadie querría leer. Orwell temía que se ocultara la verdad; Huxley temía que, hundidos en un mar de irrelevancia, la verdad dejara de importarnos. Tanto Orwell como Huxley imaginaron futuros sombríos. La diferencia entre uno y otro radica en que para el primero la opresión nos sería impuesta desde afuera, mientras que para el segundo seríamos nosotros mismos quienes nos encerraríamos, gustosos, en nuestras cárceles.

Señalar casos de Estados totalitarios orwellianos es sencillo. Basta pensar en la Alemania nazi, en la Unión Soviética de Stalin o en nuestra Argentina de los 70. Sin embargo, aunque menos evidente, creo que la ficción distópica de Huxley es mucho más actual y pende sobre Occidente, haciéndose realidad de manera corrosiva e indetenible. ¿Disaster Café no es un ejemplo del modo en que con frecuencia nuestra "infinita sed de distracción" -como la llamaba Huxley- logra acallar nuestra capacidad de raciocinio? ¿Acaso divertirse con un simulacro de terremoto no evidencia una moral y una sensibilidad adormecidas? Pero quisiera ir un poco más allá: ¿es Disaster Café el único ejemplo del sonambulismo acrítico con que nos zambullimos en la diversión, o tal vez también lo sean las consolas de video en las que nuestros hijos disfrutan matando personas y, en general, la facilidad con que cada vez le dedicamos más tiempo a distraernos con las últimas novedades tecnológicas y menos a conversar, a intentar conmover, a acercarnos, a acariciar los corazones de quienes tenemos cerca?

"¡Pasear y hablar! ¡Vaya extraña manera de pasar una tarde!", piensa Bernard, con ironía, cuando en Un mundo feliz Lenina le dice que prefiere jugar al golf electromagnético que caminar por la orilla de un lago. Y es que los humanos de Huxley se dedican a dos actividades, nada más: trabajan y se divierten. Y si por casualidad a alguien se le ocurre entristecerse o, peor aún, detenerse a reflexionar, ahí está siempre a mano el "soma", ayudándolos a dejar el temor y a concentrarse en el presente. "No dejes para mañana la diversión que puedes tener hoy", le dice Lenina a Bernard.

¿No es, en cierto modo, Occidente una especie de mundo feliz a lo Huxley? Cuanto más escalamos en la escala socioeconómica, ¿no nos acercamos también más a un adormecimiento colectivo producido no por el hambre y la escasez, sino por la abundancia? Pienso en nuestra televisión. En la facilidad con que programas de mal gusto, de vocabulario limitado, sin argumento, logran mantenernos mudos ante la pantalla. Pienso en la naturalidad con que nos enteramos de injusticias, muertes y guerras en las noticias, sólo para olvidarlas instantes después y dejarnos envolver de nuevo por la banalidad. Pienso en la creciente dificultad que tienen nuestros niños y adolescentes para disfrutar del silencio y la simplicidad, enchufados constantemente a la diversión fácil y acrítica que les proporcionan sus decenas de maquinitas.

"Resulta curioso considerar que antes la mayoría de los juegos se practicaban sin más aparatos que una o dos pelotas, unos pocos palos y a veces una red", dice un personaje en Un mundo feliz . Y continúa: "¡Imaginen la locura que representaría permitir que la gente se entregara a juegos que en nada aumentaran el consumo!". En el mundo de Huxley, el Estado no aprueba ningún nuevo juego, a menos que pueda demostrarse que exige cuando menos tantos aparatos como el más complejo de los juegos ya existentes. ¿No nos suena familiar esto a todos los padres que día a día comprobamos la dificultad creciente de nuestros hijos para divertirse con una piedrita?

Se ha dicho hasta el hartazgo que la tecnología no es nociva y que sólo sus usos pueden llegar a serlo. Tal vez sea cierto. Pero creo que una de las consecuencias de la tecnología es ir minando nuestra capacidad de asombro, nuestra humildad, el respeto que una vez sentimos por todo aquello que no entendíamos. Huxley dijo que la novela Seréis como dioses , de H. G. Wells, le había servido como inspiración para imaginar un mundo en el que ya no existe nada sagrado y donde los avances tecnológicos permiten tener la naturaleza bajo control.

"Relájese y escuche las olas mientras reposa en una playa de arenas blancas", dice la publicidad de Typhoon Lagoon, una playa artificial inventada... no por Huxley, sino por un equipo de ingenieros que trabaja para Disneyworld. "Juegue en el agua mansa de la orilla. O zambúllase más lejos, donde olas de hasta tres metros le harán sentir la fuerza del mar." Detrás de toda esa arena de fibra de vidrio en la que no vive ni un solo molusco, detrás de toda esa agua en la que centenares de personas saltan sin temor a que las pique un agua viva, se ocultan motores inmensos que cada tres minutos producen una gran ola que remeda las de la playa. Cada vez que viene la ola, niños y grandes gritan y se asustan, saltan y ríen, disfrutando el movimiento del agua, pero, también, maravillados ante la habilidad humana para recrear algo tan grande, tan imprevisible, como el mar.

Por supuesto que entre divertirse con un simulacro de terremoto y uno de playa hay una gran diferencia: en el segundo caso el dolor ajeno no está en juego y, por tanto, nuestra conciencia no tiene nada que objetar. Sin embargo, lo que ambos tienen en común es el uso de tecnología innovadora para imitar fenómenos naturales y divertirnos de modo controlado, aséptico, sin peligro: se desacraliza la naturaleza, al mismo tiempo que se seculariza el asombro. A diferencia del asombro que sentimos frente a la inmensidad del mar, o al experimentar las sacudidas de un sismo verdadero, este nuevo asombro no provoca recogimiento ni introspección alguna, y está lejos de ser una experiencia de comunión con el universo. Por otro lado, mientras el asombro ante los fenómenos naturales pone en evidencia nuestra pequeñez y nos hace más humildes y respetuosos, el asombro originado en artilugios tecnológicos nos hace sentir poderosos, geniales e imbatibles. Amos y señores del universo.

Me dan ganas de llamar a mi amigo y hablarle de todo esto, decirle que a veces tanta diversión adormece, pero me aguanto porque sé que no le gustaría. Quizá me diría que soy incapaz de divertirme. O que tengo cierta dificultad para ser feliz. Y aunque seguramente tendría algo de razón, a mí me gustaría contestarle como Bernard a Lenina, cuando ella insiste en que tome un gramo de soma para curar su melancolía: "Prefiero ser yo mismo -dijo Bernard-. Yo y desdichado, antes que cualquier otro y adormecido".