sábado, 26 de septiembre de 2009

- ARGERICH -




Cosme Mariano Argerich



Cosme Mariano Argerich nació en la ciudad deBuenos Aires un 26 de septiembre de 1758 y fallecióen la misma, un 14 de febrero de 1820. Médico argentino de destacada actuación durante y después de la Revolución de Mayo.





Era hijo del cirujano militar Francisco de Argerich, español afincado en el virreinato del Río de la Plata. Viajó a España a estudiar medicina, y se recibió en la Real y Pontificia Universidad de Cervera, con el título de "Doctor en Medicina del Gremio y Claustro" en 1783.





De regreso a Buenos Aires, en 1794 fue nombrado examinador del Protomedicato, institución oficial que nucleaba a los médicos de la ciudad. También ejerció la medicina en forma privada y pública, ayudando en algunos hospitalitos organizados por las órdenes religiosas y en el Colegio de Huérfanos. Desde 1802 dictó la cátedra de medicina en el protomedicato.





Participó en la lucha contra los brotes de viruela en 1794 y 1796. Publicó un artículo en el Telégrafo Mercantil, donde recomendaba recurrir a la vacunación antivariólica. En 1805 introdujo las primeras vacunas contra la viruela; éstas eran importadas de Gran Bretaña, y vacunaba sin cargo a cuantos se presentaran a recibirlas.





Actuó en las invasiones inglesas como oficial del segundo escuadrón de Húsares, pero en cuanto comenzaron las batallas, se destacó como cirujano, para atender a los heridos. Ayudó tanto a criollos como a ingleses por igual, y fue nombrado médico jefe del Hospital de la Caridad.
Participó en el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 y se pronunció contra el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Después de la Revolución de Mayo sirvió como jefe del Protomedicato.





En 1812, junto con Luis José de Chorroarín y Diego Estanislao Zavaleta, compusieron un plan de estudios generales y de educación pública, que resultó impracticable. Se le encomendó que proyectara otro más reducido, limitado solamente a los estudios médicos, que la Asamblea del Año XIII aprobó para la Facultad de Medicina, que no había sido creada aún como tal. A solicitud de la misma Asamblea transformó la Facultad en otra institución de urgente necesidad en aquel momento, a la que se conocería como "Instituto Médico Militar", del cual nombrado director. Allí se formó una generación de médicos porteños.





Participó como cirujano en el Combate de San Lorenzo, que detuvo las depredaciones de los realistas en las costas del río Paraná.
Desde 1813 se desempeñó como cirujano del Ejército del Norte, acompañando al general Manuel Belgrano y asistiendo a los heridos de las batallas de Tucumán y Salta. Proyectó un Reglamento de Medicina Militar.





En 1816 regresó a Buenos Aires, debido a su mala salud. Proveyó al general José de San Martín de los insumos médicos y sanitarios para las campañas a Chile del Ejército de los Andes. Pasó el resto de su vida enseñando medicina, y organizó la sanidad del puerto.





Falleció en Buenos Aires en febrero de 1820, dejando dos hijos tan destacados como él: el médico Juan Antonio Argerich y el coronel Luis Argerich. Sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta.

viernes, 25 de septiembre de 2009

- PIZARNIK -





Alejandra Pizarnik



Aniversario de muerte




Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires, el 29 de Abril de 1936, en una familia de inmigrantes de europa oriental.





Estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y, mas tarde, pintura con Juan Batlle Planas. Entre 1960 y 1964, Pizarnik vivió en París donde trabajó para la revista "Cuadernos" y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.





Luego de su retorno a Buenos Aires, Pizarnik publicó tres de sus principales volúmenes, "Los trabajos y las noches", "Extracción de la piedra de locura" y "El infierno musical", así como su trabajo en prosa "La condesa sangrienta". En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright.





El 25 de septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica siquiátrica donde estaba internada, Pizarnik murió de una sobredosis intencional de seconal.

Entre sus obras:
• La tierra más ajena (Buenos Aires: Botella al mar, 1955)
• La última inocencia (1956)
o La enamorada
o Salvación





• Las aventuras perdidas (1958)
o La jaula
o La carencia
(estos dos últimos republicados en un único volumen: Botella al mar (1976))
• Arbol de Diana (Buenos Aires, Sur, 1962)
• Los trabajos y las noches (Buenos Aires, Sudamericana, 1965)
o Formas





o Madrugada
• Extracción de la piedra de locura (Buenos Aires, Sudamericana, 1968)
o Fragmentos para dominar el silencio
o Contuinidad
• Nombres y figuras (Barcelona, Colección La Esquina, 1969)
• El infierno musical (Buenos Aires, Siglo XXI Argentina, 1971)
• Los pequeños cantos (Caracas: Arbol de Fuego, 1971)
• La condesa sangrienta (Buenos Aires: Lopez Crespo Editorial, 1971)





o La virgen de hierro
o Torturas clásicas
o Medidas severas
• Zona prohibida, poemas (muchos de ellos borradores de piezas publicadas en Arbol de Diana) y dibujos (Veracruz, Mexico, Ediciones Papel de Envolver/Colección Luna Hiena, 1982)


jueves, 24 de septiembre de 2009

- APRENDER -




Entre el desinterés y la ignorancia militante



¿A quién le importa aprender?



Guillermo Jaim Etcheverry
Para LA NACION
Noticias de Opinión


En un reciente artículo periodístico, el escritor español Rafael Argullol comenta el hecho de que algunos de los mejores profesores universitarios de su país están abandonando la enseñanza. Identifica como una de las principales causas de esta preocupante situación el desinterés intelectual que advierten en sus estudiantes. Señala que los profesores no se sienten ofendidos por la ignorancia, sino por ese desinterés que demuestran sus alumnos. Es decir que no sólo comprueban que ignoran por completo nociones esenciales, sino que, fundamentalmente, tal desconocimiento no representa problema alguno para los jóvenes, quienes, dice, "adiestrados en la impunidad ante la ignorancia, no creen en el peso favorable que el conocimiento puede aportar a sus futuras existencias".

Esta situación no es más que el reflejo de un fenómeno generalizado: la indiferencia por el saber que muestra la sociedad que esos jóvenes integran, puesto que hoy se privilegia la utilidad por sobre la verdad. Señala Argullol: "Tras los ojos ausentes -más somnolientos que soñadores de sus jóvenes pupilos- los veteranos ilustrados advierten la abulia general de la sociedad frente a las antiguas promesas de la sabiduría. ¿Para qué preferir el conocimiento, que es un camino largo y complejo, al utilitarismo de la posesión inmediata?". Hemos conseguido contagiar a los jóvenes el clima antiilustrado que caracteriza a nuestra época en la que no se valoran "ni bien ni verdad ni belleza, las antiguallas ilustradas, sino únicamente uso: la vida es uso de lo que uno tiene a su alrededor".

Esa reflexión, que refleja la realidad que se observa en la sociedad occidental actual, justifica en gran medida la crisis de significado que atraviesa la educación. Nos encontramos ante la paradoja de una sociedad que declama la importancia del conocimiento, es más, que se considera a sí misma "sociedad del conocimiento", pero que no valora ese conocimiento e, incluso, no pocas veces lo combate activamente en los hechos concretos.

Muchos jóvenes son el espejo de ese clima que prevalece en la sociedad y, más aún, convierten su desinterés en ignorancia militante, configurando un grupo en expansión que exhibe ese desprecio sin ocultar un cierto orgullo. Se muestran heroicamente resistentes a toda influencia que consideren inútil para la sociedad de uso, hacen gala del hedonismo que ven en sus mayores y, como ellos, desconfían de todo lo que tenga cierto sabor a antiguo. No alcanzan a advertir que la tecnología, a cuyo consumo desenfrenado se los impulsa, reconoce su origen, precisamente, en los fundamentos teóricos que se desarrollaron, con gran esfuerzo, en respuesta al desafío que plantearon a las generaciones anteriores aquellos ideales del conocimiento.

Hace poco, el presidente Barack Obama, de los Estados Unidos, decidió hablar directamente con los escolares al comenzar el ciclo lectivo de este año. Desde una escuela media en Arlington, Virginia, se dirigió por televisión a los alumnos reunidos en todas las escuelas de su país, actitud que generó un interesante debate en la opinión pública, ya que algunos grupos creían ver en ella el propósito de adoctrinar a los jóvenes. En un discurso admirable -que deberían leer las dirigencias de todo el mundo-, les comentó que se había referido en numerosas ocasiones a la educación. Que había hablado de la responsabilidad que tienen los maestros en inspirar a sus estudiantes, alentándolos así a aprender. Que había hecho referencia a la necesidad de que los padres siguieran de cerca el desempeño de sus hijos, controlando que realizaran sus tareas y vigilando que no pasaran todas las horas del día frente a la televisión o a los videojuegos. Que había señalado la responsabilidad que le cabe al gobierno de establecer estándares elevados y de apoyar a los maestros y directivos de las escuelas, mejorando la situación de aquellas que no funcionan adecuadamente y en las que los estudiantes no logran buenos niveles de aprendizaje. "Pero -dijo- en última instancia, aunque contemos con los maestros más dedicados, con los padres más dispuestos a apoyar la labor educativa, con las mejores escuelas del mundo, nada de eso importará a menos que todos ustedes cumplan con sus responsabilidades, a menos que asistan a esas escuelas, a menos que presten atención a esos maestros, a menos que escuchen a sus padres, a sus abuelos, a los demás adultos y, sobre todo, a menos que estén dispuestos a realizar el duro trabajo que se requiere para alcanzar el éxito. Cada uno de ustedes es el responsable último de su propia educación."

Educarse representa una responsabilidad hacia uno mismo porque cada uno tiene capacidad para algo, cada uno tiene algo para ofrecer. "Y ustedes -señaló Obama- tienen la responsabilidad para con ustedes mismos de descubrir cuál es esa capacidad con la que cuentan. Esa es la oportunidad que les proporciona la educación." Enumeró diversas situaciones: "Pueden ser grandes escritores, pero no lo sabrán hasta que escriban ese trabajo que les exigen para la clase de lengua; innovadores o inventores, pero lo descubrirán recién cuando elaboren su proyecto para la clase de ciencias; dirigentes políticos, pero para eso deberán estudiar el gobierno e incorporarse a los grupos de debate. Para cualquier tarea que quieran emprender necesitarán una buena educación? Nadie deja la escuela y simplemente aterriza en un buen trabajo. Para eso necesitarán entrenarse, trabajar y aprender".

Destacó como idea central el hecho de que, además de esa responsabilidad personal, lo que hagan los jóvenes con su educación decidirá el destino de la sociedad en la que viven. "El futuro de los Estados Unidos depende de cada uno de ustedes -señaló el presidente-, porque lo que aprendan hoy en la escuela determinará si nosotros, como nación, podremos hacer frente a los grandes desafíos del futuro? Necesitamos que cada uno de ustedes desarrolle sus talentos, sus habilidades y su intelecto de modo que puedan ayudarnos a los mayores a resolver nuestros problemas más complejos. Si no lo hacen, no sólo se abandonarán a ustedes mismos, sino que estarán abandonando a su país."

"La posición en la que ahora se encuentren -dijo- no tiene por qué determinar qué lugar ocuparán en la sociedad. Nadie ha escrito el destino por ustedes, porque aquí ustedes escriben su propio destino. Ustedes construyen su propio futuro." Y apoyó esta afirmación con un emocionado relato de las dificultades que enfrentó en su propia vida, mencionando los apoyos con los que contó para concretar su sueño y así asistir a las mejores escuelas de su país. En fin, instó a los jóvenes a asumir la responsabilidad por sus propias vidas, a fijarse objetivos para su educación, a comprometerse y trabajar en serio para alcanzarlos, recurriendo a quienes pueden prestarles ayuda.

La preocupación que expresa Obama es la misma que, de otra manera y en una sociedad diferente, planteaba Argullol: la imperiosa necesidad de poner de manifiesto el interés por educarse, de asumir las responsabilidades personales. En los niños y jóvenes en edad escolar ésta se manifiesta en la demostración del interés por aprender. Si quienes se acercan a las instituciones educativas lo hacen carentes de ese interés, todo lo demás será inútil.

Por eso, la tarea que hoy enfrentamos es titánica, pues consiste nada menos que en recrear en los jóvenes ese interés por el trabajo de educarse, en transmitirles la dimensión de su responsabilidad para con ellos mismos y para con la sociedad que integran.

Padres y maestros deberían renovar su alianza para emprender la reconstrucción del interés de sus hijos y sus alumnos por el conocimiento y así emprender la tarea de hacerse humanos. Si esto no se logra, si a las escuelas no asisten alumnos sino clientes o espectadores en busca de entretenimiento, los planes de estudio, las aulas, las computadoras, los libros, carecerán de toda significación. Los niños y los jóvenes dejarán las escuelas habiendo desaprovechado la oportunidad única que les brinda la educación para descubrir y desarrollar sus capacidades. Además, la sociedad en la que vivirán, integrada por ignorantes, jamás llegará a ser la tan declamada pero aún tan lejana "sociedad del conocimiento".

miércoles, 23 de septiembre de 2009

- MORENO -





Mariano Moreno



Aniversario de su natalicio



Político argentino, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Jugó un papel crucial en la creación de la Argentina independiente.





En 1809 escribió "Representación de los hacendados", obra que supuso una feroz denuncia de las restricciones comerciales impuestas por España a sus colonias sudamericanas.





Tras la Revolución de Mayo de 1810, pasó a ser secretario de la Junta de Buenos Aires, como responsable de los asuntos políticos y militares, pero pronto se convirtió en el máximo dirigente de la Junta.





Garantizó la libertad de prensa, la integración de indígenas y blancos en el Ejército y la creación de una biblioteca nacional. Como director del periódico "La Gaceta de Buenos Aires" fomentó la difusión de los objetivos revolucionarios a las provincias y luchó por la total independencia del territorio argentino como república democrática.





Sin embargo, su radicalismo alarmó a los elementos conservadores de la Junta y, en diciembre de 1810, se vio obligado a dimitir. Tomó posesión de un cargo diplomático en Brasil y, después, en Gran Bretaña.





Falleció en alta mar el 4 de Marzo de 1811.

martes, 22 de septiembre de 2009

- RUMBOS -





Claves americanas



La peligrosa alianza de Chávez con Irán



Por Andrés Oppenheimer
Noticias de Exterior
La Nación


He aquí un tema que está atrayendo cada vez más la atención de Washington, pero que pasa casi inadvertido en América latina: las denuncias de que Venezuela está ayudando a Irán a desarrollar armas nucleares y que el régimen fundamentalista iraní está instalando una base en América latina.

Aunque estas especulaciones no son nuevas, han subido de tono considerablemente desde el discurso de el fiscal del distrito de Nueva York, Robert M. Morgenthau, el 8 de este mes en el Instituto Brookings, de Washington.

Morgenthau, que dirige la fiscalía de Manhattan desde hace más de tres décadas, es toda una leyenda en Estados Unidos. Ha estado a cargo de decenas de investigaciones contra grandes instituciones financieras y ha sido el modelo del personaje del fiscal de distrito de Manhattan en la serie televisiva La ley y el orden.

En su discurso, Morgenthau llegó a sugerir que podríamos estar más cerca de lo que creemos de una situación como la crisis de los misiles de 1962 con Cuba, en esta ocasión con bases nucleares iraníes en Venezuela. A continuación, algunos de los puntos centrales de su alocución:


Venezuela, que mantiene estrechos vínculos con los grupos terroristas Hamas y Hezbollah, respaldados por Irán, es uno de los pocos países del mundo que votan en contra de las sanciones de las Naciones Unidas contra el programa nuclear de Irán. En 2007, el presidente venezolano, Hugo Chávez, dijo que ambos países han creado un "eje?? contra Estados Unidos. En 2008, Venezuela e Irán firmaron un acuerdo de apoyo militar, y se ha informado que hay asesores militares de Irán en Venezuela.


La semana pasada, en su octava visita oficial a Irán, Chávez dijo que está negociando con Irán la creación de una "villa nuclear?? en Venezuela, al afirmar que Irán sólo quiere desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Venezuela tiene reservas estimadas en 50.000 toneladas de uranio no explotado y podría estar comenzando a extraer uranio para Irán.


En el frente financiero, el año pasado Irán abrió en Caracas el Banco Internacional de Desarrollo (BID), una filial independiente del Banco de Desarrollo de Exportaciones de Irán. Ambos bancos iraníes han sido objeto de sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por tratar de ayudar al gobierno iraní a comprar materiales para su programa nuclear.


Durante los últimos tres años, han aparecido fábricas de propietarios iraníes en lugares remotos de Venezuela que "por su ubicación y su naturaleza secreta?? deberían ser motivo de preocupación internacional.

"Los iraníes han encontrado en Venezuela un aliado perfecto??, dijo Morgenthau. "Venezuela tiene un sistema financiero que, con la ayuda de Chávez, puede ser utilizado por Irán para evitar las sanciones económicas internacionales. Asimismo, por su situación geográfica, Venezuela es ideal para construir y almacenar armas de destrucción masiva lejos de Medio Oriente y de los ojos de la comunidad internacional.??

El embajador de Venezuela en Estados Unidos, Bernardo Alvarez, respondió el 11 del actual que estas acusaciones son "disparatadas?? y que "resulta especialmente irresponsable que se hable de fábricas iraníes en zonas rurales de Venezuela sin suministrar ninguna clase de evidencia??.

¿A quién creerle? El presidente del subcomité de asuntos hemisféricos del Congreso estadounidense, Eliot L. Engel, me dijo en un diálogo telefónico que las acusaciones sobre la ayuda venezolana al programa militar iraní "aún no están probadas", pero aclaró que las toma "en serio". Agregó que su subcomité celebrará audiencias a fines de octubre sobre "todos los aspectos?? de las actividades de Irán en América latina.

Investigación
Otra importante fuente legislativa me señaló que el discurso de Morgenthau no tuvo mucho de nuevo, pero que algunos miembros clave del Comité de Relaciones Exteriores del Senado han solicitado a las agencias de inteligencia que investiguen el tema.

Mi opinión: lo que diga el gobierno venezolano tiene poca credibilidad, porque Chávez tiene un largo historial de negar lo innegable. A pesar de montañas de evidencias ?en videos, archivos de computadora y testimonios personales? que prueban que Chávez apoya activamente a las guerrillas de las FARC y que envía valijas llenas de dinero a sus aliados en América latina, el presidente venezolano sigue jurando que nada de eso ha ocurrido y que se trata de mentiras esparcidas por "el imperio?? norteamericano.

Eso no significa que Morgenthau haya ofrecido pruebas contundentes del apoyo venezolano al programa de armas nucleares iraní. Deberemos esperar a que aparezca evidencia más concreta de sus afirmaciones.

Pero aunque ahora parezca una posibilidad lejana, no se puede descartar que la megalomanía de Chávez lo lleve a elaborar un programa de armas nucleares en conjunto con Irán ?cuyo régimen proclama abiertamente querer "borrar del mapa?? a Israel"? y que algún día juntos arrastren a toda América latina a una crisis internacional como no se ha visto en décadas en el continente.

- AGOTE -





22 de Septiembre




1868 - Nace el Dr. Luis Agote





El doctor Luis Agote fue un médico e investigador excepcional que logró resolver el problema de la coagulación en la transfusión de sangre. Se graduó en la Universidad de Buenos Aires en 1893 y, a partir de 1902, se inició en la docencia como profesor libre en la cátedra de Clínica Médica.





Desde entonces, cada cargo que ocupó fue ganado rigurosamente por evaluación de méritos. Al mismo tiempo se dedicó a la investigación, buscando una manera de hacer factibles las transfusiones de sangre que todavía eran problemáticas y peligrosas.





Después de ensayar numerosos métodos logró el éxito al agregar citrato de sodio, una sustancia que evitaba la coagulación de la sangre pero no afectaba al organismo aunque se incorporara en grandes dósis. Con absoluto desinterés, Agote difundió su descubrimiento a través de la prensa y los institutos científicos.











Corría el año 1914, comenzaba la Primera Guerra Mundial y los campos de batalla de Europa se llenaban de heridos. Muchos de ellos podían salvarse si se empleaba el sistema inventado por Agote. La mayoría de los países en guerra prestaron poca atención al descubrimiento, y sólo al final del conflicto se empezó a poner en práctica.





Agote actuó también en política y fue diputado nacional por su país en 1913. Como legislador influyó para que el Congreso destinara fondos para la construcción de un pabellón modelo de Clínica Médica en el Hospital Rawson. Fue en ese pabellón donde practicó por primera vez una transfusión según su método.








Murió el 12 de noviembre de 1954.


lunes, 21 de septiembre de 2009

- LA EDUCACION -





La educación pública todavía espera ser tomada en serio



Cambios que no son cambios



Nélida Baigorria
Para LA NACION
Noticias de Opinión




Los procesos educativos se extienden en el tiempo y se reservan el derecho de no mostrar sus efectos hasta que la evidencia, criterio de verdad que no necesita demostración, impone su veredicto. En nuestro país, la destrucción del brillante sistema educativo que nos destacó ante América latina y el mundo se inicia hace seis décadas y lentamente va socavando sus cimientos hasta llegar a la etapa terminal que es nuestro presente. Los primeros atisbos comienzan a verse en 1943, cuando el gobierno de facto vulnera los principios filosóficos de la sabia ley 1420 e inicia el camino de su derogación, efectivizada en 1947, durante el primer gobierno de Juan Perón.

A partir de ese momento, la educación argentina comienza su descenso involutivo, incentivado a través del tiempo por leyes, decretos y resoluciones que ratifican el objetivo prioritario de poner fin a la escuela popular del gran Sarmiento. Esa inconcebible defección del Estado, frente al avance de la corriente privatista, no pasó inadvertida para maestros y políticos comprometidos con la educación popular, pero sus denuncias y recaudos para el futuro de las nuevas generaciones se consideraban agorerías mendaces.

Quienes fuimos no espectadores, sino protagonistas en los debates en los que se jugó el destino de la escuela pública, tenemos bien documentada, en los diarios de sesiones y en la prensa de la época, cuál fue nuestra posición en esa lucha implacable contra poderosísimos grupos de presión que nos acusaban de estar al servicio de ideologías totalitarias ajenas a la tradición democrática del país. Aducían, hipócritamente, que se trataba de un ataque a la enseñanza privada, aunque de la lectura de esos debates surge que nuestros amargos vaticinios se han consumado con el tiempo.

Destacar la etiología de ese proceso de destrucción deliberada de la escuela pública permitirá comprender al lector la naturaleza de las remociones y nombramientos en el área educativa tras la derrota del 28 de junio, y hacia dónde se orienta la brújula para el encuentro con nuevas "estrategias" que despejen el camino obstruido por las ruinas de un sistema fracasado del cual nadie parece haber sido responsable. El golpe inesperado del fracaso electoral los llevó a pensar que la alternancia de funciones dentro del mismo elenco estable tornaría creíble el propósito de enmendar el rumbo. El escenario para el recambio fue el esplendente Salón Blanco de la Casa de Gobierno y no sorprendió la presencia de muchos que en distintos momentos o simultáneamente trabajaron, dentro del Ministerio, con la piqueta de la demolición.

Los maestros y profesores de tiza y pizarra, de presencia en el aula, esos docentes que nunca estuvieron en "comisión de servicios" ni participan en congresos ni integran esos fraguados "equipos técnicos" conocen en profundidad la etiología del mal y saben también quiénes fueron los partícipes necesarios para ejecutar la política educativa nefasta que abatió valores e introdujo la demagogia, el facilismo y la anarquía escolar.

La muerte de la escuela pública, con el sello de una conquista definitiva, se produce en el gobierno peronista de Carlos Menem, secundado por los "técnicos" devenidos funcionarios que se han aposentado en el Ministerio. Desde allí, planifican, impulsan teorías pedagógicas aberrantes y participan en carácter de asesores de los proyectos legislativos.

¿Quiénes asistieron a esta reciente ceremonia de recambio de autoridades educativas, en la que nadie fue desplazado, sino propuesto para otro cargo de similar jerarquía? El Ministerio de Educación, transformado en una filial de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) desde hace mucho tiempo, exhibió rostros de conocidos personajes adscriptos al poder, cualquiera que fuere su sello ideológico: los mismos que batieron palmas cuando se sancionó la ley federal de educación, cuya estructura, con el "polimodal" incluido, garantizó el analfabetismo funcional de cuantos cursaron todas sus etapas. Es decir: una generación perdida.

¿Se podrá, acaso, organizar un sistema educativo valioso si se confía esa responsabilidad a los mismos funcionarios que clausuraron las escuelas técnicas, hicieron del facilismo el emblema de una educación "liberadora", redujeron hasta límites insospechados las medidas disciplinarias que resguardan la armoniosa convivencia escolar, suprimieron las mesas examinadoras integradas, como es de práctica en el mundo, por tres especialistas, desconocieron el principio esencial de toda organización jerárquica, que comienza por el respeto a los padres y a los maestros y exigieron sibilinamente la promoción completa de los cursos para evitar las informaciones sobre fracasos y deserciones? Además, como primera medida, suprimieron el Plan Nacional de Alfabetización, basado en los principios de la Constitución argentina.

En 1999, LA NACION publicó un artículo con el título de "Las trampas del facilismo", un trabajo mío elaborado en 1996, en el cual señalo, ante el cómplice silencio para abrir el camino hacia la privatización de la enseñanza. Hoy, la realidad demuestra cuán ciertas y sinceras fueron aquellas descarnadas denuncias.

Para saber qué son los autodenominados "progresistas", deberíamos preguntarles: ¿son progresistas a la manera de Esteban Echeverría, de Alfredo Palacios, de Sarmiento, de Arturo Illia, de monseñor De Andrea, del inolvidable papa Pablo VI, cuya encíclica Populorum progressio seguramente jamás leyeron? Los " progres" que conocemos dicen luchar en defensa de la igualdad de oportunidades y, no obstante, nadie como ellos hizo que en nuestro país, el de la educación popular por excelencia, se profundizara el abismo entre las clases sociales, hasta lograr la trágica partición en escuelas para ricos y escuelas para pobres. El 10 de diciembre, sin duda, la constitución del nuevo Congreso pondrá una lápida al unicato oprobioso que estamos viviendo. Entonces, nos asistirá el derecho de exigir al poder político que la educación deje de ser un recurso retórico de la oratoria preelectoral y se yerga para movilizar nuestro desarrollo integral como país y como pueblo .

El lema mundial que acuñó la Unesco refleja un anhelo de la humanidad: "Educación para todos". La experiencia ha demostrado que la piedra basal para vencer la pobreza es la educación del pueblo. Es deber del Estado ofrecer en todas las escuelas públicas -por lo tanto, gratuitas- la mejor calidad de enseñanza. En el bicentenario de nuestra patria, el mayor homenaje será encender nuevamente la llama de la educación popular que iluminó la gran pasión de Sarmiento.

domingo, 20 de septiembre de 2009

- AL CABALLO -






DIA NACIONAL DEL CABALLO




20 DESEPTIEMBRE




"Celebra la presencia y relevancia con que el caballo acompañó a la organización histórica, económica y deportiva de la República Argentina ".
CELEBRACIONES Ley 25.125





Desígnase el día 20 de setiembre de cada año como "Día Nacional del Caballo". Sancionada : Agosto 4 de 1999. Promulgada : Setiembre 6 de 1999. El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc. sancionan con fuerza de Ley :






ARTICULO 1º Desígnase el día 20 de setiembre de cada año como "DÍA NACIONAL DEL CABALLO", a los efectos de celebrar la presencia y relevancia con que éste acompañó a la organización histórica, económica y deportiva de la República Argentina.





ARTICULO 2° - Facúltase al Poder Ejecutivo Nacional a los efectos de disponer que por intermedio de los Ministerios de Cultura y Educación, Defensa e Intese proceda a requerir a los establecimientos educativos primarios y secundarios como a las autoridades militares del Arma de Caballería, Gendarmería Nacional y Policía Federal Argentina, realicen en el día instituido evocaciones alusivas al caballo y su significación en la República Argentina y se invite a todas las instituciones públicas y/o privadas que, por su fundamento tengan afinidad o relación con el caballo, hagan lo propio.





ARTICULO 3° - Comuníquese al Poder Ejecutivo.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS CUATRO DÍAS DEL MES DE AGOSTO DEL AÑO MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y NUEVE.
-REGISTRADA BAJO EL NUMERO 25.125.





Nuestro reconocimiento a éste querido compañero!


sábado, 19 de septiembre de 2009

- VAMPIROS -




Cuando los seguidores de Drácula están de moda




Los vampiros sutiles de Henry James




Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION
Noticias de Opinión



El éxito desmesurado de Crepúsculo , primer volumen de la saga todavía inconclusa de Stephenie Meyer, ha resucitado el mito del vampiro, que alude al afán de inmortalidad de los seres humanos y a la búsqueda de respuestas, en el más allá, de los problemas que no se han podido resolver en el acá de la vida.

Las cuatro novelas que Meyer dio a conocer hasta ahora han abierto las compuertas a un torrente de continuadores del conde Drácula. La mayoría introduce pocas variantes en las ya clásicas historias de Bram Stoker y Sheridan Le Fanu, que iniciaron el género en la Inglaterra victoriana. Es una lástima que esa generosa moda haya olvidado a Henry James, cuyos vampiros no beben la sangre de los seres amados ni salen de sus tumbas cuando cae la noche. Son más sutiles e inteligentes: no les interesa la inmortalidad, sino el dominio absoluto del ser amado.

Entre 1881 y 1904, Henry James publicó una docena de novelas que llevaron el género a su estado de perfección y lo prepararon para las transformaciones del siglo XX. Ya es un lugar común afirmar que James es una de las piedras fundamentales de la narración moderna, junto con Proust, Kafka y Joyce. Es menos frecuente que se diga por qué. Richard P. Blackmur ponderó en James la precisión algebraica de sus intrigas y la sabiduría con que revela cómo el amor, aun el más moderado, va haciendo estragos en el carácter y en la apariencia de las personas hasta volverlas irreconocibles. Leon Edel, su formidable biógrafo, ha puesto el acento en el hábil desarrollo de las anécdotas laterales y en la elección de un punto de vista dominante para ordenar las diversas jerarquías del relato. Pero quizás el aporte central de James a la novela sea la creación de realidades que están siempre en duda. Todo lo que sucede podría ser de una manera o de otra. El lector, así, tiene que decidir cuál es el verdadero lugar de cada cosa y cuándo los sentimientos se desvían de su cauce y se vuelven nada.

James nació en Nueva York el 15 de abril de 1843, en el seno de una familia adinerada. Su padre era un teólogo que llevaba el mismo nombre. Su hermano menor, William, fue un filósofo cuya fama perdura. La fascinación familiar de los James por Europa, como forma de rechazo contra la barbarie norteamericana, impregnó la infancia de los dos hermanos. Antes de la Guerra de Secesión Henry viajó a París, Londres e Italia en incontables ocasiones. Aprovechó esos viajes para acercarse a Zola, Flaubert, Maupassant, George Eliot y Turgueniev, su escritor predilecto. A fines de 1883 se afincó definitivamente en Londres. No parecen haberlo afligido otras molestias que la negativa de Estados Unidos a participar en la primera Gran Guerra durante los dos años que siguieron al atentado en Sarajevo contra el heredero del imperio austrohúngaro. Decepcionado, adoptó la ciudadanía inglesa en 1915, poco antes de que el rey Jorge V le concediera la Orden del Mérito.

Cierta incomodidad lo aquejaba al narrar la vida sexual de sus personajes. El vampirismo fue uno de los procedimientos oblicuos que le permitieron hacer pie en el tema. En Washington Square (1881), el vampiro Morris Towsend es ahuyentado, un paso antes de apoderarse de su presa, por las intrigas de Lavinia Penniman, tía de Catherine Sloper, la víctima. Cuando Catherine trata de recuperarse, la decepción y los años la han marchitado, y Morris, mientras tanto, ha perdido por completo sus habilidades de seducción. En Otra vuelta de tuerca (1898), la posesión de los niños por los espíritus del Mal -el fantasma de los criados- asume una forma que parece sexual; en Los embajadores (1903), una mujer inteligente y de buen gusto se vale del sexo para instilar esas cualidades en su amante vulgar.

Pero la apoteosis del vampirismo es The Sacred Fount ( La fuente sagrada , 1901), una novela breve que los contemporáneos de James pasaron por alto. La consideraban sólo un juego de espejos en los que no se reflejaba la realidad. Borges la reivindicó cuatro décadas después, al advertir que había notables puntos comunes entre su laboriosa intriga y los incidentes de "El acercamiento a Almotásim", uno de los estudios incluidos en Discusión .

Los propios personajes van descubriendo que en toda relación sexual hay víctimas y victimarios, y que uno de los términos de la pareja se alimentará siempre, lo quiera o no, de las cualidades del otro. El vampirismo ha sido habitualmente una metáfora del acto sexual en la literatura de terror. Sin afectar la verosimilitud de su historia, James descubre que los vampiros se dan en una zona menos grosera de la realidad que la divulgada por las tradiciones populares. No se trata ya de la succión de la sangre, sino de dones como la juventud o la inteligencia.

Quizá no sea casual que The Sacred Fount haya sido escrita en una habitación privada del Reform Club, desde la cual James pudo observar los funerales de la reina Victoria. Toda una época llegaba a su fin. A pesar de sus vampiros, La fuente sagrada parece ahora tan remota que tardó en ser traducida al castellano más que ninguna otra obra de James. Sólo en 1983 la editorial española Fundamentos la dio a conocer en una versión de Montserrat y José Antonio Millán muy poco difundida en América latina.

James no da el nombre del narrador de su novela ni lo describe. Lo presenta de manera difusa cuando toma el tren a Newmarch en la estación de Paddington, donde ha sido invitado a pasar el fin de semana. En el mismo vagón viaja Gilbert Long, a quien el narrador ha visto siempre como un idiota fatuo, y también la señora Brissenden, que ha ganado en belleza y juventud desde la última vez que se cruzó con ella. Al narrador lo confunde esa transformación. ¿Cómo es posible que la señora Brissenden, una mujer tan gris y poco atractiva, se haya embellecido en plena madurez? ¿Cómo puede haber alcanzado una segunda juventud?

Por la conversación entre Long y el narrador, el lector se entera de que ella se ha casado con un hombre mucho más joven. Tiene más de cuarenta años pero parece de veinticinco. A su vez Long, que ha sido un "Adonis vulgar y antipático", no sólo se ha vuelto cordial, sino que también muestra signos de agudeza e inteligencia. Una cadena de chismes se abre a partir de esa escena. Cuando los personajes llegan a la estación de Newmarch, el tema central del libro ya ha sido desplegado.

Pronto el narrador pone su atención en May Server, quien podría ser la fuente de la juventud mental de Long. Este ha pintado su retrato cuando ella era una mujer de gran belleza y paz; ahora coquetea incansablemente con todos los hombres de la fiesta, en un esfuerzo patético por encontrar los despojos de esa belleza en la mirada de los otros.

De las ambigüedades de Henry James es posible deducir no sólo una estética, sino también una metafísica. Todo lector familiarizado con Otra vuelta de tuerca , Daisy Miller , Retrato de una dama y Washington Square -sus obras más difundidas- sabe que ninguna de esas ficciones tiene un solo sentido, y que sólo en la ambigüedad encuentran su razón de ser. De la misma manera, la idea de inmortalidad que inquieta a James alude a la inmortalidad de la conciencia. Para un espíritu tan poco religioso como el suyo, la muerte es "conclusión y extinción bienvenida", o bien, por el contrario, es "renovación del interés y del deseo".

Por su complejidad y la delicadeza de su ejecución, la obra de James tiene pocos herederos. Hace tres décadas, alguna crítica inglesa supuso que Los sonámbulos de Hermann Broch podía ser un derivado del último James. Más próximos a su espíritu están ciertos latinoamericanos taciturnos como José Bianco, Sergio Pitol y el Adolfo Bioy Casares de Moscas y arañas . La grandeza de James está hecha de omisiones y de inexistencias, y lo no dicho enriquece sus ficciones más que lo dicho. En épocas tan poco propicias para las elipsis como las que lo sucedieron, el ejercicio de un arte como el suyo parece poco posible. James condujo la novela a uno de sus límites, agotó ese límite mediante una incesante exploración y saltó al otro lado. Para seguirlo en la aventura habría sido preciso tener su genio, vivir su vida, escribir por segunda vez sus prodigiosas narraciones.

viernes, 18 de septiembre de 2009

- AMEGHINO -







Florentino Ameghino





El paleontólogo Florentino Ameghino, nace en Moneglia (Génova, Italia), un 18 de septiembre de 1854, aunque algunos lo dan como nacido en Luján (provincia de Buenos Aires). Obtuvo una valiosa colección de fósiles en sus excavaciones de Luján.





Fue la primera gran figura de la ciencia nacional argentina, la que alcanzó, mayor trascendencia internacional. Fue un autodidacta, que puso por alto el prestigio científico del país sin más fuerzas que su formidable tesón y el apoyo de su hermano Carlos, y sin más financiamiento que los exiguos fondos obtenidos de una librería, negocio que manejó durante años en La Plata, ciudad en la que falleció el 6 de agosto de 1911.





Fue un naturalista, climatólogo, paleontólogo y antropólogo. Fue maestro de escuela y llegó a ser director del Colegio Municipal de Mercedes, en la provincia de Buenos Aires.
Como autodidacta, estudió los terrenos de la Pampa, coleccionando numerosos fósiles, en los que se basó para hacer numerosas investigaciones de geología y paleontología. También investigó el hombre cuaternario en el yacimiento de Chelles.
Fue profesor de zoología en la Universidad de Córdoba, subdirector del Museo de La Plata y director del Museo Nacional de Buenos Aires.





Para explorar el territorio patagónico, costeó una expedición a cargo de su hermano Carlos, para lo cual estableció una librería, que atendía personalmente, en La Plata.
La monumental Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina, de 1889, le valió la medalla de oro en la Exposición Universal de París, también Filogenia, principios de clasificación transformista basados sobre leyes naturales y proporciones matemáticas, que lo ubicó entre las pocas figuras mundiales del enfoque paleontológico de la biología evolutiva. En palabras de Domingo Faustino Sarmiento, Ameghino era entonces, un paisano de Mercedes que aquí nadie conoce, pero que es admirado por los sabios del mundo entero.





Cierra esta etapa de su vida en 1906 con Formaciones sedimentarias del Cretáceo Superior y del Terciario de Patagonia, una obra de síntesis que no se limita a las descripciones, sino que plantea hipótesis sobre la evolución de los diversos mamíferos y analiza las distintas capas de la corteza terrestre y sus posibles edades.





Finalmente, entre 1907 y 1911, vuelve Ameghino a su primitiva dedicación: el hombre fósil, las descripciones de los primeros habitantes, sus industrias y culturas.
Impresiona el volumen que alcanzaron sus publicaciones en los 57 años que vivió.





En una recopilación, publicada como Obras Completas, se cuentan 24 volúmenes de entre 700 y 800 páginas cada uno, que contienen clasificaciones, estudios, comparaciones y descripciones de más de 9000 animales extinguidos, muchos de ellos descubiertos por él.





Tal importante era este catálogo en relación con la cantidad total de mamíferos extinguidos conocidos en el mundo entero, que científicos de América y Europa viajaban a la Argentina a conocer la colección de Ameghino, escépticos y curiosos, para rendirse por fin, ante la evidencia de la verdad y el genio del naturalista.





La antigüedad del hombre en el Plata y Los Mamíferos fósiles en la América Meridional, que se traduciría más tarde al francés, fueron publicadas en 1878.
En 1884 publicó ''Filogenia'', una obra teórica en la que desarrolla su concepción evolucionista, de neto corte lamarckiano, y propicia, con intuición precursora, la fundación de una taxonomía zoológica de fundamentos matemáticos.
Poco después tuvo Cátedra de Zoología de la Universidad de Córdoba. Fue integrado a la Academia Nacional de Ciencias con sede en dicha ciudad.





En 1886, Francisco P. Moreno lo nombró vicedirector y secretario del Museo de La Plata, asignándole la sección de Paleontología, que Ameghino enriqueció con su propia colección (que vendió al Estado provincial). Pero fue poco el tiempo en que estos dos científicos trabajaron juntos. Un año después presentó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias su obra magna, compuesta por 1028 páginas y un atlas: Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina.

jueves, 17 de septiembre de 2009

- LA VENGANZA -





No deshonrar el contrato entre los ciudadanos y el poder que administra




La venganza fiscal




Natalio R. Botana
Para LA NACION
Noticias de Opinión


La inspección fiscal al servicio de las pasiones revanchistas de los gobernantes es un típico signo de subdesarrollo político. Costó milenios de aprendizaje a la humanidad entender las diferencias entre un Estado responsable, limitado por ley, que se ubica por encima de las disputas de ocasión, y un aparato irresponsable sujeto al apetito de poder del gobernante de turno.

A la vista de la reciente inspección masiva de agentes tributarios en las oficinas del GrupoClarín, está claro que el oficialismo persiste en su obcecación de subordinar el Estado al interés circunstancial del Gobierno. La cuestión es complicada, porque, más allá de este episodio inscripto en el debate de una ley de medios audiovisuales, concebida de nuevo como una batalla a todo o nada, seguimos cavando con ahínco el pozo de la desconfianza. Asombra esta inclinación para producir malas decisiones que, cuando dan marcha atrás, terminan en los enredos propios del grotesco.

En el tumulto de las novedades es posible que este episodio no pase a mayores. Lo que, en cambio, no se puede omitir es el depósito malsano que se va formando en el fondo de la conciencia cívica. Estos estratos de la desconfianza hacen que se miren las obligaciones fiscales como producto de un instrumento injusto aplicado con arbitrariedad. Si analizamos estos sucesos con perspectiva amplia, el resultado de ellos es la desobediencia fiscal, la evasión tributaria y la debilidad con que se expresa el sentimiento de la obligación política.

Con esto queda dicho que estas idas y venidas no son un asunto de índole coyuntural; son, más bien, tema de carácter estructural. No hay en efecto Estado que subsista sin recursos, pero tampoco hay Estado con vocación de servir al desarrollo de la sociedad si no asume el contrato que se forja a través del tiempo entre el ciudadano que paga impuestos y los poderes que los administran mediante la adjudicación transparente de bienes públicos.

No cabe duda de que este contrato de la ciudadanía fiscal conforma un circuito delicado, pues ante todo debería reposar -no lo hace- sobre los atributos de la confianza y la equidad. Sin ellos, la coacción aparece en el horizonte como el único medio disponible para hacer valer la voluntad del Estado. Una coacción, por otra parte, desnaturalizada cuando el gobernante la usa con arbitrariedad.

Lamentablemente, estos argumentos de sobra conocidos son aquí letra muerta. Se olvida así una regla de oro según la cual el ejercicio responsable de la economía se conjuga con un sistema fiscal equitativo. Si este último aumenta en cuanto a la presión que ejerce sobre el PBI, lo hace al compás del crecimiento y del respeto del Estado de Derecho.

Para llevar a buen puerto esta larga travesía, es preciso que nuestra cultura política produzca un giro copernicano y, al mismo tiempo, tenga el convencimiento de afrontar varios problemas de fondo que sistemáticamente se eluden. En el último medio siglo, si bien sobran los ejemplos al respecto, sería útil atender a los efectos de los Pactos de la Moncloa que, en octubre de 1977, suscribieron en España los miembros de casi todo el arco de la dirigencia política y social. Hoy se ha puesto de moda hablar de esos pactos en la Argentina en un tono que, por ahora, ignora el enorme esfuerzo fiscal que, desde aquella fecha, puso a punto la España de la transición democrática.

En aquel momento amenazante los partidos en formación, sindicatos y organizaciones empresariales procuraron contener en España la inflación asumiendo responsabilidades compartidas. Al conquistar esos objetivos inmediatos, la atmósfera agobiante se disipó y un contexto mejor ayudó a que poco tiempo después se sancionara la Constitución de 1978.

Hasta aquí lo que habitualmente se rememora. Sin embargo, esos comienzos no se entenderían cabalmente de no tomar en cuenta la ambiciosa reforma fiscal que, por aquellos años, se puso en marcha. Para ello, el Estado español tuvo a su favor el viento de cola de una tradición burocrática basada en concursos públicos de antecedentes que, más allá de los condicionamientos ideológicos, había atravesado experiencias políticas tan dispares como excluyentes.

Con ese resorte y la aquiescencia parlamentaria, se puso manos a la obra durante un período que abarcó aproximadamente un cuarto de siglo. Algunas cifras: en 1970, la parte de la población sujeta al impuesto a la renta ascendía a 300.000 contribuyentes; en 1993, a 6.000.000. En 1975, la presión fiscal sobre el PBI era del 20%; en 1985, del 35%, y en 1993, del 42%. El notable crecimiento de la economía corrió pues de la mano del desarrollo fiscal y, concomitantemente, de una sociedad cohesionada capaz de achicar la brecha de las desigualdades.

¿Tenemos acaso conciencia del esfuerzo que demanda esta clase de políticas y de la montaña de obstáculos que se nos viene encima, acrecentada por un Gobierno que, en lugar de acordar, se empeña en disentir a cualquier costo? Notemos que la continuidad que tuvo la reforma fiscal en España la aseguraron todos los partidos políticos en funciones de gobierno: la UCD de Suárez y Calvo Sotelo, el PSOE de Felipe González y luego de Rodríguez Zapatero, el Partido Popular de Aznar (sin desconocer, se entiende, a los gobiernos regionales). En definitiva, una política de Estado que, de izquierda a derecha, hincó el diente en la porción más sensible de la ciudadanía democrática correspondiente al cumplimiento de las obligaciones tributarias.

Este aspecto duro, en cuanto a la construcción de un Estado animado por criterios universales, se escurre y disuelve entre nosotros en medio de la anomia y de un torrente de palabras. Nos contentamos con aplicar impuestos regresivos; con que algunos paguen el pato de la boda y otros no; con que los impuestos percibidos para las obras sociales se los trague una escandalosa corrupción que medra con la salud de los afiliados; con que el ahorro se refugie en el exterior o modestamente en el colchón. Eso sí, en el caso de un conflicto en danza, bienvenido sea el sistema fiscal para apretar al contrario.

No es fácil avanzar con el apetito de un porvenir mejor en medio de esta maraña de conductas. Tampoco es sencillo analizar en toda su amplitud modelos de reconstrucción ajenos o autóctonos. Nos entusiasmamos, por ejemplo, con aludir al genio constituyente del Pacto de San Nicolás de 1852, haciendo en general caso omiso de la legítima pretensión, resultante de ese pacto, de nacionalizar la Aduana de Buenos Aires para ponerla al servicio del país entero como contrapartida de la eliminación de las aduanas en todas las provincias.

Como es sabido, Buenos Aires no aceptó y diez años transcurrieron, en un territorio sembrado de batallas fratricidas, para llegar a ese punto provisorio de unión. Convengamos entonces en que, tanto en la Argentina del siglo XIX como en la España del novecientos, la cuestión fiscal es un asunto político sobresaliente. En un caso hubo violencia; en el otro, felizmente, no. En los dos, la lección es sin embargo coincidente: las grandes dirigencias son aquellas que asumen este reto y lo traducen en políticas de largo aliento.

En este capítulo central de la teoría y praxis del Estado constitucional, acertó Alberdi. No hay progreso posible sin un sistema económico y rentístico adecuado a esos fines. Un combate contra el tiempo antes de que nos atrape la fuerza ciega de un futuro sin rumbo. Esto es lo que hoy nos falta: rumbo, mientras seguimos empantanados en el día a día. De aquí, la tarea de levantar la mirada y obrar en consecuencia.