martes, 13 de octubre de 2009

- SIVORI -





Eduardo Sívori




Extraodinario plástico



Nace en la Ciudad de Buenos Aires, un 13 de octubre de 1847.








Uno de los plásticos más importantes y representativos de la llamada "Generación del Ochenta" -cuando se origino la argentina moderna- sin dejar de cultivar su depurado dibujo, supo captar el espíritu progresista de esos finales del siglo XIX y comienzos del siguiente, diversificando no solo su temática sino también su paleta.







Nunca abandono del todo el retrato ni la rica herencia del naturalismo a la italiana, y contribuyó como pocos a fijar una característica esencial de la pintura argentina: el fuerte sustento de un dibujo utilizado con rigor y acierto tanto para la búsqueda del carácter y la expresión, como para la captación del movimiento y lo fugaz.








En sus últimos años, Sívori ejecutó paisajes campestres que fueron verdaderos anuncios del impresionismo en la Argentina, triunfante poco después en el país.





Nuestro artista estudió en la Sociedad "Estímulo" de bellas artes que en 1876 había contribuido a fundar en su natal Buenos Aires, y recibió lecciones de Aguyari, Francesco Romero y otros.





En 1882 se radicó en Paris, donde hasta 1891 trabajó bajo la dirección de Pubis de Chavanne, Hannoteau y Laurens, y en cuyo Salón expuso hasta su regreso a su tierra. Aquí ejecutó algunos de los primeros aguafuertes creados por artistas nuestros y dirigió el Museo Nacional de Bellas Artes.





La primera etapa de la producción pictórica de Sívori, que se caracteriza por su impecable dibujo y su paleta casi monocroma, nos muestra su obra más famosa,
"El despertar de la criada", que envío al Salón de Paris en 1887, notable trabajo de excelente factura.





En un segundo período, de transición, continuó utilizando un gran dibujo, pero ya con mayor riqueza de color y una paleta más alta. Finalmente, de su tercera etapa sobresalen sus claros paisajes campesinos y su óleo "Primavera" (1914).





Fallece un 5 de junio de 1918.


lunes, 12 de octubre de 2009

- ENFERMOS -





Fruto de la falta de educación, el populismo sirve a los poderosos





Fijar la enfermedad



René Balestra
Para LA NACION
Noticias de Opinión




Para emancipar las masas ignorantes y abrirles el camino de la soberanía es preciso educarlas. Las masas no tienen sino instintos: son más sensibles que racionales, quieren el bien y no saben dónde se halla; desean ser libres y no conocen la senda de la libertad."
Esteban Echeverría

ROSARIO.- La tarea de pensar está al alcance de cualquiera. Todos los seres humanos tenemos a nuestra disposición el mecanismo formidable de la razón. Esa capacidad innata es la que, a través de los siglos, nos sacó de las cuevas prehistóricas. Eso no significa que todos la ejerciten. Desgraciadamente, la generalidad se apoltrona, se deja estar en un territorio de adormecimiento mental. La abulia de la cabeza les permite permanecer en un estado intermedio entre lo específicamente humano y lo simplemente animal.

Aunque sea una estruendosa paradoja, millones de seres humanos, a través de la historia, se han negado sistemáticamente a desempeñar el rol para el cual estaban dotados. Uno de los pensadores contemporáneos que mejor lo expresó fue José Ortega y Gasset. En un libro póstumo, Sobre la razón histórica , señala que cada uno tiene que plantearse qué ha de ser en la vida, primero como pregunta y luego como tarea. Es decir: como quehacer, sabiendo que sobre el hueco de lo zoológico, que heredamos en el repertorio genético, la razón tiene que edificar, con la vida de cada uno, lo humano. Somos, por lo tanto, inexorable e insoslayablemente racionales. Sólo lo humano lo es. Fuera de la razón, ruge el instinto, que es también humano, pero necesita pensar para terminar de formarse.

La razón es el componente imprescindible que nos eleva de la charca zoológica a la estatura intelectual. Es una empresa, es un esfuerzo, es una tarea en que cada yo debe empeñarse. No se da por añadidura, no es automático. Por eso, hasta en el lenguaje de la palabra "educación" está el esfuerzo. Educar viene del latín e-ducere , que significa "conducir hacia arriba". Eso siempre ha sido, y continúa siéndolo, voluntad tesonera. En el origen de nuestra cultura está presente. Sócrates nos lo dijo para siempre: "Conócete a ti mismo". La lógica, el razonamiento, la comprensión, tal como los conocemos y ejercitamos, son creaciones griegas. Todo proceso educativo, toda educación, es un inmenso esfuerzo por lograr que cada ser humano adquiera las herramientas imprescindibles, primero para descubrirse, es decir, conocerse, y después para edificarse, lo que significa construir una versión única e irrepetible de humanidad. Los infinitos hilos de la existencia no se volverán a encontrar jamás en ese centro impar que es cada yo. De allí la tarea raigal de educar. Se trata de acompañar la gestación y el crecimiento de la persona.

A diferencia de las demás especies animales, el ser humano no se completa por el solo transcurso del tiempo. La pantera, el caballo, la gallina de Guinea, perfeccionan la raza por el simple devenir de los días. Toda especie adulta de animal ha coronado su naturaleza. El hombre necesita la creación y el ahondamiento. Y ésa es una ardua y denodada empresa educativa. Por eso el común es ignaro, anodino, indistinto. Cuando no salvaje y agresivo. La condición humana es un nivel al cual se llega ascendiendo. El común no lo hace: se deja estar. Permanece. Perdura en el horizonte inicial. Esto, que es casi una verdad de Perogrullo, lo han sabido desde siempre los auténticos civilizadores. Porque eran civilizadores y porque eran auténticos se preocuparon y se ocuparon de elevar a esa inmensa masa bárbara hasta convertirla en ciudadanía. Esto significó y continúa significando que cada uno de esos seres potenciales -gracias al fecundo proceso educador- se hayan transformado en personas que se pertenecen a sí mismas y pueden ser artífices de su propio destino.

El horizonte de la vida humana, desde que ascendió al nivel necesario, ha ofrecido también el espectáculo de los aprovechados. De los que advirtieron el fenómeno y decidieron beneficiarse pro domo sua , es decir, para sus particulares intereses. La historia debe de ser tan antigua como la misma humanidad. Pero importa recordar aquí cuando la república romana otorgó a todos los hombres libres, sin distinción de linajes, la ciudadanía. Rápidas como un resorte, aparecieron algunas familias patricias dispuestas a mantener económicamente a los nuevos votantes con la condición de ser votados, a su vez, por ellos el día de los comicios. Se inauguró una nueva especie, que tomó el nombre de "cliente". Esa dependencia atravesó las épocas -con sufragio o sin él- y perdura, lozana, en nuestros días. Tuvo distintos nombres, se encarnó de diversas maneras, pero protagonizó siempre la subordinación, la falta total de autonomía y la incondicionalidad respecto del patrón y señor de existencias sumidas.

Esa desigualdad abyecta -como un daguerrotipo- se disfrazó siempre de amor desmesurado al vulgo. El montón fue elevado verbalmente a valor. En el mismo momento en que se lo adormecía como ganado, se lo castraba para toda independencia. El populismo no es lo popular. Como el clericalismo no es lo religioso, ni el militarismo lo militar. Son sus deformaciones patológicas, que desnaturalizan totalmente el sentido original del concepto. El populismo arrulla y acaricia constantemente a la masa ignorante para fijarla, para que continúe siendo una masa maleable y no se convierta jamás en personas. Los médicos conocen el mecanismo de ciertos enfermos que se transforman en el centro de atención de sus familias. El interés morboso que generan los coloca en el eje del hogar. Logran un protagonismo enfermizo, pero exclusivo. Consciente o inconscientemente, no se quieren curar. Algo parecido sucede con las masas populistas de nuestros días. Eternamente en movimiento. Agrediendo. Interrumpiendo la vida normal y transformándose en noticia cotidiana de todos los formidables medios de comunicación. Se convierten en el foco de lo habitual. Logran notoriedad. Los que los sostienen y alimentan, que son los que los usufructúan políticamente -como los antiguos patricios romanos degradados- los tienen de clientes.

Ese círculo perverso no tiene salida. La muchedumbre ignorante puede repetir una y mil veces lo que gritó envilecida en la España de Fernando VII: "¡Vivan las cadenas!" Sólo un impulso oceánico de educación puede remediar este espanto. Entre nosotros, Echeverría, Alberdi, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, entre otros, supieron desde siempre que el ulular de la barbarie sólo puede cesar por la escuela. En su momento, transformaron un desierto en un formidable país, que fue imán de atracción mundial.

Cuando giramos el cuadrante del análisis, cuando abandonamos el examen de la desgarradora realidad del salvajismo, cuando inventamos la verdad imposible que trastoca la realidad, embelleciendo la decadencia, empezamos nuestra propia declinación. En ningún orden de la vida lo vulgar se valora. Ni en las profesiones, ni en el deporte, ni en el arte. ¿Por qué habría de ser distinto en la política? Estamos tentados de contestar: porque existen versiones modernas de los antiguos romanos corruptos que anhelan perdurar en el abuso de sus clientes perpetuos.

Como desde la aldea griega del inicio, la llave que abre la puerta de esa cárcel es la educación. Sólo ella puede curar la enfermedad.

Cualquier similitud entre este análisis y la realidad clientelista del oficialismo de turno en la Argentina con sus patricios opulentos y vividores está absolutamente justificada. e_SCrt LA NACION

El autor es director del Doctorado en Ciencia Política de la Universidad de Belgrano.

domingo, 11 de octubre de 2009

- TITA -






TITA MERELLO






por Néstor Pinsón






(11 de octubre de 1904 - 24 de diciembre de 2002)
Nombre completo: Laura Ana Merello



Tita no necesitó crear un personaje. En sus más desetenta años de trayectoria artística, simplemente recurrió a expresar, los matices de su propia vida, entregando al público lo peculiar de su personalidad.
No tuvo maestros. Tuvo abandono temprano, calle y tristeza, donde forjó la prepotencia que la caracterizó toda su vida, fiel reflejo de los papeles que le tocó interpretar en el teatro y en el cine.





Un ejemplo de esto, es aquella memorable escena, una de las mejores de todo el cine argentino, de la película "Los isleros". En ella personifica a "La Carancha" (ave nocturna que ataca y devora a los animales más pequeños), mujer agresiva que forma pareja con un hombre tranquilo, un campesino manso. En la escena ella ataca verbalmente a su hombre y este resiste, hasta que lo llama "toruno" (buey o toro castrado), entonces el hombre reacciona y le pega rebencazos hasta amansarla, para finalmente poseerla físicamente.





No nació para cantar. De joven decía con humor tangos reos. Más adelante, a medida que su repertorio se fue ampliando, al intentar sostener las notas, desafinaba. Pero tenía ángel y era aceptada por su público, tanto es así, que de varios temas realizó creaciones inolvidables y de tal magnitud, que ninguna otra cantante se atrevió a incluirlos en su repertorio sin salir mal parada.





El tango Arrabalera -del film del mismo título, basado en la obra teatral de Samuel Eichelbaum, "Un tal Servando Gómez"-, "El choclo", "Se dice de mí", "Pipistrela" y "La milonga y yo", que fuera creada especialmente para ella por el autor y compositor Leopoldo Díaz Vélez, también para una película, son emblemas de su repertorio.





Con respecto a "La milonga y yo", vaya como curiosidad que una parte de su estribillo fue plagiada por Joan Manuel Serrat, aquella que dice: "vamos subiendo la cuesta...", y que las instancias judiciales, después de treinta años, siguen sin resolver el pleito.





Bajita, morocha, de bellas piernas, labios gruesos y sensuales, y ese gesto de mirada insinuante y provocadora, de quien todo lo sabe y todo lo ofrece. Esa era ella y su personaje. Y así fue. Buscó todo con rabia, exultante, consiguió muchas cosas pero también perdió.





Fue registrada como Laura Ana Merello, nacida en la calle Defensa 715, el 11 de octubre de 1904. Hija de Santiago Merello de profesión cochero. Extrañamente no figura en su partida el nombre de su madre. Cuatro años más tarde una muchacha uruguaya llamada Ana Gianelli o Ganelli, se reconoce como su madre en la misma partida de nacimiento. Su padre ya había fallecido con sólo 30 años de edad.
«Yo conocí el hambre. Yo se lo que es el miedo y la vergüenza», con estas frases comenzó el relato de los duros momentos vividos en el asilo donde pasó sus primeros años.





«Mi infancia fue breve. La infancia del pobre es más breve que la del rico. Era triste, pobre y fea». Ya más grande, declaró sin pudor, "haber hecho la calle".
Y acto seguido nos confiesa que ya siendo reconocida en el ambiente artístico, un periodista famoso, al saludarla y tomar su mano, luego de observarla procazmente con intenciones "non santas", le dijo: «Usted en otra vida debió haber sido cortesana.» Y ella contestó: «¿Y ahora qué soy?»





Llega al escenario al enterarse que se necesitaban coristas en un teatro cercano el puerto, de esos característicos que vemos en las películas, frecuentado por marineros y gente del bajo fondo. En este momento viene a mi memoria Marlene Dietrich, aquella alemana bajita, sugerente, de hermosas piernas y desenfadada, los mismos atributos que la Merello, en el film "El ángel azul" donde intentaba cantar en un turbio cafetín y provocando el amor irracional de un serio profesor.





Un periodista de la época lo describe como un teatrillo de mala muerte, casi pornográfico, de nombre "Ba ta clán", a partir de entonces, a las coristas se las llamó "bataclanas", y este término se convirtió en sinónimo de "mujer alegre".
Tiempo más tarde pasó a ser una "vedette" y la bautizaron "La vedette rea". En esta condición estrena la obra "Leguisamo solo", creada por el director musical de la compañía, un italiano acriollado amante del turf, Modesto Papavero, y resulta un notable éxito.





Un famoso crítico teatral que la conoció antes de los años '30 dijo de ella: «Es una de las actrices más temperamentales, más fogosas y de carácter más fuerte de la escena nacional, a la par que es muy picara, muy rápida para las réplicas, muy inteligente, e interpreta los tangos como actriz. Cada tango es un pequeña obrita de teatro.»








Comenzó en el cine con el cine mismo. Aparece en la primera película sonora argentina reconocida como tal, "Tango", del año 1933. Otras posteriores apariciones suyas fueron de "segunda damita joven", pero de personalidad opuesta a la primera actriz que hacía el papel de "cándida" y con quien, en definitiva, se quedaba el galán, todo en un marco de comedia.





Pero cuando en 1937 filma "La fuga" se revela como actriz dramática, desconcertando a productores y directores, por su naturalidad, su expresión y su desenvoltura.
Otras películas importantes de su trayectoria en el cine, que la consagran en forma definitiva, fueron: "Morir en su ley", "Filomena Marturano" (del actor y dramaturgo italiano Eduardo De Filippo), "Los isleros", "Arrabalera", "Pasó en mi barrio", "Guacho", "Para vestir santos", "Amorina" y muchas más hasta superar las cuarenta.





Con el tiempo y en pleno desarrollo de sus éxitos actorales es requerida por el teatro, la televisión y por la radio, medio, este último, en el que continuó hasta su vejez. Ya era "Tita de Buenos Aires".





Como cancionista llegó al disco en el año 1927, para el sello Odeón, con dos temas: "Te acordás reo" (de Emilio Fresedo) y "Volvé mi negra" (de José María Rizutti y letra de Fernando Diez Gómez). En el año 1929 pasa a la Victor donde graba 20 temas, destacándose "Tata ievame p'al centro", "Che pepinito" y "Te has comprado un automóvil".





Luego de un largo paréntesis vuelve a los estudios de grabación, en el año 1954, de la mano de Francisco Canaro, siendo esta su época consagratoria. Allí surgen discos inolvidables como "El choclo", "Se dice de mí", "Arrabalera", "Niño bien", "Pipistrela" y "Llamarada pasional", este último dedicado a Luis Sandrini y del cual es autora.





En las décadas del sesenta y del setenta graba más de cuarenta temas, con las orquestas de Carlos Figari y Héctor Varela.
Todo lo hizo con ímpetu arrollador. Fue mujer de muchos hombres, pero siempre reconoció un solo amor, el del actor Luis Sandrini (fallecido en 1980), con el que vivió alrededor de una década y quien luego la abandonara por una actriz más joven, Malvina Pastorino (fallecida en 1994).





«Mi mejor personaje es el mío. Una actriz dramática se llora a si misma cuando interpreta un personaje teatral.»
Obtuvo premios como actriz, pero lo más importante es el reconocimiento del público, que se mantiene hasta la actualidad y que la consagró como un símbolo de la mujer del tango y de Buenos Aires.


sábado, 10 de octubre de 2009

- LEY DE MEDIOS -




Salió la ley de medios recontra K



Por Pablo Sirvén
Especial para lanacion.com
Noticias de Política



Ya está. Allá vamos: la sovietización progresiva de los medios nos espera con los brazos abiertos y, ahora, con fuerza de ley.

Medios más chicos y opacos, más dependientes de la publicidad oficial, menos preocupados en ser atractivos, más corporativos y sectoriales (un 33% del nuevo espectro que representará a organizaciones no gubernamentales que, en no pocos casos, funcionarán en tándem con el otro 33%, representado por medios del Estado/Gobierno), y que todavía no se sabe cómo y por quién serán financiados y con qué tipos de capacidades profesionales afrontarán esa nueva tarea).

Como suele suceder, lo justo y lo lógico suele ubicarse en un lugar intermedio entre las desmesuras extremas: algunos holdings de comunicación no debieron crecer tanto como lo permitieron Menem (les autorizó a ampliarse sin límite y miraba para otro lado cuando arrasaban y/o absorbían a sus debilitados competidores), Duhalde (les concedió la ley de quiebras que los salvó de la hecatombe en 2002) y el mismísimo Kirchner (les regaló diez años más de licencias y les condonó deudas); ni tan chicos ni dependientes de los favores estatales, como pretende ahora Cristina Kirchner y su obediente brazo ejecutor legislativo.

Se molestan en el Gobierno que se denomine "ley de medios K" a la legislación que el Congreso acaba de sancionar. Pero, en verdad, el mote, a la luz de los resultados, ya le queda chico: debería ser llamada "ley de medios recontra K" porque no bastaron 19 horas de intensos debates para que el Senado pudiese ejercer, siquiera tocando una mínima coma, su papel de cámara revisora.

Ningún argumento (ni siquiera de la propia bancada oficialista, que aportó menos votos en algunas de las votaciones clave en particular) fue válido para corregir las más polémicas asperezas del texto (autoridad de aplicación, plazos de desinversión, restricciones varias y arbitrarias impuestas a los actuales operadores, el creciente papel intervencionista reservado al Estado, etcétera).

Se perdió una ocasión única: había consenso entre todos los sectores en cumplir, al fin, con una vergonzosa asignatura pendiente de la democracia, cual era la de elaborar una ley de radiodifusión moderna y pluralista acorde con el sistema en el que hemos elegido vivir para siempre desde 1983. Pero el kirchnerismo prefirió, en cambio, reducir la causa a bandera sectaria de su exclusiva propiedad para, de paso, asestarle el golpe de gracia a su virtual antiguo aliado, el Grupo Clarín, del que se distanció cuando estalló la crisis del campo el año pasado.

Durante 26 años la impericia de los políticos y el eficaz y persistente accionar de lobbies empresarios para trabar el alumbramiento de una nueva ley de radiodifusión desembocó en el continuo y cómodo emparchado a gusto de la ley 22.285, que permitió negocios inconcebibles y privilegios inauditos para pocos.

Lo peor tenía que suceder y sucedió: el nefasto péndulo argentino (que va de un extremo a otro, sin nunca detenerse en el medio): la "solución" vino impuesta por quienes, paradójicamente, se destacaron por asfixiar a la prensa no adicta en Santa Cruz y que ahora pretenden rearmar el sistema de medios, pero a nivel nacional, a su imagen y semejanza, con el insólito aval de ciertos anestesiados ámbitos académicos e intelectuales que los aplauden encandilados.

La lucha acaba de comenzar: será un arduo proceso de reconversión donde los más perjudicados judicializarán los pasos a seguir y hasta, si es necesario, apelarán a sociedades fantasma o testaferros para defender sus actuales posiciones. Inevitablemente la Corte tendrá que expedirse sobre algunas cuestiones.

Habrá que estar muy atentos para advertir y, en lo posible, neutralizar las consecuencias imprevisibles (inclusive para este Gobierno) que acarreará la bomba que acaba de ser activada para hacer saltar por los aires el actual y muy imperfecto sistema de medios audiovisuales. Se aproximan nuevas batallas.

viernes, 9 de octubre de 2009

- MARECO -





JUAN CARLOS MARECO



CORDIALMENTE TE VAS...



Se nos fue otro grande de la TV, el cine y la radio... ése gran conductor, humorista y mejor persona: Juanca -Pinocho- el co-Topo Gigio.
Cordialmente te despedimos los que alguna vez trabajamos a tu lado... siempre con buena onda y sobresaliente profesionalismo.
Chau... Hasta siempre...

- ORDEN -





Los límites constitucionales en el derecho de huelga




Orden republicano



Daniel Funes de Rioja
Para LA NACION
Noticias de Opinión




Es común confundir las huelgas salvajes y otras medidas ilegales con el ejercicio del derecho de huelga y, sin embargo, no debería haber lugar a equívocos.

El derecho de huelga, consagrado constitucionalmente y reconocido también a nivel internacional, tiene límites para su ejercicio. Es un derecho colectivo que la Constitución, en su artículo 14 bis, garantiza a los gremios -y no a los trabajadores individualmente- y se caracteriza por la "abstención concertada de la prestación laboral".

La legislación reconoce que la decisión de adoptar medidas de fuerza debe ser tomada siguiendo los recaudos y procedimientos establecidos en el estatuto de la asociación gremial respectiva (por ejemplo, previa votación secreta en el lugar de trabajo) y -conforme a la ley-luego de haberse agotado la instancia y los plazos de conciliación obligatorios ante la autoridad administrativa del trabajo.

Por otro lado, debe ser decretado por el sindicato que corresponda, cumpliendo los pasos antes señalados en cuanto a la participación de los trabajadores en su proceso de gestación.

Está claro también que el derecho de huelga -al decir de la jurisprudencia que emana del derecho comparado y de la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT)- no puede producir "mayor daño" que el de la simple interrupción de la prestación de trabajo en un día inhábil.

Por su parte, queda claro que la medida sólo es legítima en los conflictos de intereses y no en los de derecho, que deben sustanciarse ante los órganos jurisdiccionales respectivos.

¿Qué pasa si no se cumplen esos presupuestos? Estaríamos frente a "medidas de hecho" sin amparo constitucional, pues, como todos los derechos de tal jerarquía, no son absolutos y tampoco el resultado de una acción espontánea o individual, sino que deben ser adoptados colectivamente, con los límites ya reseñados, y cumplimentarse los pasos legales que habiliten su ejercicio.

Sin embargo, en la realidad cotidiana, estamos asistiendo a ciertas acciones de "piqueterismo pseudosindical", con intimidaciones, ocupaciones de fábricas, obstaculización de la producción y violación de la libertad de trabajo que, en cualquier definición o precisión que se realice al efecto, queda claro que no constituyen el aludido derecho de huelga, sino el hecho de la huelga, lo que perjudica no sólo a los empleadores sino también a terceros habitantes, a quienes se les cercena la libertad de tránsito y aun el derecho a trabajar, e incluso producen daños de cualquier envergadura.

Tan claro como que la ocupación del lugar de trabajo o sus adyacencias no constituye el ejercicio de huelga, sino lisa y llanamente la violación del derecho de propiedad y el de ejercer toda industria lícita es que el único derecho constitucional realmente amparado se ejerce como "abstención concertada de la prestación", una vez agotadas las instancias legales correspondientes, en el marco de un conflicto de intereses y ejercida colectivamente.

Si repasamos las experiencias de recientes bloqueos, piquetes, ocupaciones o "movimientos espontáneos de activistas" que no encarnan la voluntad sindical o no reflejan una decisión adoptada de acuerdo a los mecanismos legales o estatutarios, es claro que estamos frente a medidas ilegales, tanto cuando se materializan en esferas de la actividad típicamente privada (empresas alimenticias, frigoríficas, petroleras que hoy están padeciendo este flagelo) como lo que ocurre en la prestación de un servicio público concesionado, tal el caso de los subterráneos, donde los rehenes terminan siendo, nada más y nada menos, que los usuarios).

Es por ello que la primacía del Estado de Derecho y el orden necesario que la autoridad pública y judicial deben hacer prevalecer requiere de respuestas eficientes que -sin lugar a dudas- pasan tanto a la declaración de la ilegalidad de las medidas de acción directa tomadas al margen de la ley o en exceso de la caracterización normativa del derecho de huelga, así como también accediendo, mediante decisión judicial, al requerimiento del desalojo de quienes, ocupando un establecimiento, están vulnerando el derecho de propiedad y de ejercer toda industria lícita, o privando del derecho de transitar o el ejercicio de la libertad de trabajo.

Recuérdese al efecto la categórica definición que la Corte Suprema de Justicia de la Nación diera en el leading case Kot Samuel s/Amparo, del 3 de septiembre de 1958, en el que se estableció: "La ocupación material de un establecimiento por su personal, como consecuencia de un conflicto laboral, constituye una restricción ilegítima a un derecho esencial, cuyo inmediato restablecimiento debe ser resuelto por la rápida vía del recurso de amparo?".

No puede admitirse que la supuesta "conexidad" con la protesta gremial (que, reitero, en muchos casos es de activistas sin representatividad) se constituya en excusa para no intervenir, no restablecer el orden ni imponer las sanciones que el sistema jurídico contempla para quienes cometen delitos como los antes tipificados.

El derecho de cada uno termina donde comienza el derecho de los demás; es una verdad sabida, pero poco practicada en nuestra realidad y, si verdaderamente aspiramos a una nación moderna con una economía desarrollada, un sistema social inclusivo, crecimiento e inversión, es menester que el reconocimiento del conflicto y de la diversidad de intereses -normales en una democracia plural y en la economía de mercado- vayan de la mano con la obligación de respetar los caminos institucionales para dirimirlo.

No hay que confundir el orden y el respeto a la ley y a la autoridad pública que caracteriza al Estado -que indudablemente debe tener el monopolio del uso de la fuerza y debe usarla en el marco de la Constitución, de la división de Poderes y del orden republicano, y con pleno respeto a los derechos humanos y laborales fundamentales- con la afirmación simplista de que cualquier cosa es represión, cuando quien verdaderamente termina como víctima y "reprimida" es la sociedad, que padece estos abusos libertinos en falso nombre de una supuesta "plenitud de los derechos de protesta".

La Argentina que queremos para todos debe ser claramente la que nos permita expresarnos, transitar y trabajar a todos y no sólo a los que "piquetean", intimidan o cercenan las libertades de la comunidad en su conjunto y es función estatal garantizar el orden y la seguridad de la Nación.

jueves, 8 de octubre de 2009

- GUIRALDES -




Ricardo Güiraldes


Aniversario de su muerte



Ricardo Güiraldes (Buenos Aires, 13 de febrero de 1886 - París, 8 de octubre de 1927) fue un novelista y poeta argentino.





Güiraldes nació en una familia de alto rango social y de grandes propiedades. Don Manuel Güiraldes, su padre, era un hombre de gran cultura y educación; y también muy interesado por el arte. Esta última predilección fue heredada por Ricardo, que dibujaba escenas campestres y realizaba pinturas al óleo.














Un año después de nacer Ricardo, la familia se trasladó a Europa, donde permaneció durante algún tiempo. A su regreso y contando el niño con cuatro años de edad, se lo podía escuchar hablando tanto francés como alemán; siendo el francés el idioma que dejaría honda huella en su estilo y en sus preferencias literarias.












Su niñez y juventud se repartieron entre San Antonio de Areco y Buenos Aires. Fue en San Antonio donde se puso en contacto con la vida campestre y de los gauchos, reuniendo experiencias que habría de utilizar años más tarde en Raucho y en Don Segundo Sombra. Fue allí donde conoció a Segundo Ramírez, un gaucho de raza, en el que se inspiró para dar forma a la figura de Don Segundo Sombra.






Tuvo una serie de institutrices y luego un profesor mexicano, que reconoció sus aspiraciones literarias y le animó a continuar con ellas. Estudió en varios institutos hasta que acabó el bachillerato a los dieciséis años. Sus estudios no fueron brillantes. Comenzó las carreras de arquitectura y derecho, sucesivamente, más al fracasar, emprendió varios trabajos en los que tampoco triunfó.





Viaja a Europa y Oriente en 1910 en compañía de un amigo, visitando Japón, Rusia, la India, Oriente Próximo y España, instalándose finalmente en París con el escultor Alberto Lagos. En la capital francesa decide seriamente convertirse en escritor.





Sin embargo, Güiraldes se dejó seducir por la vida fácil y divertida de la capital francesa y emprendió una frenética vida social, intentando olvidar sus proyectos literarios. Pero un día se le ocurrió sacar de un cajón unos borradores que había escrito, unos cuentos campestres, que luego incorporaría a sus Cuentos de muerte y de sangre.
Leyó los cuentos a unos amigos y le animaron a publicarlos. Ya en estos primeros borradores se dio cuenta de que había forjado un estilo muy particular.





Volvió a Buenos Aires en 1912 después de haber decidido, de una vez por todas, convertirse en escritor. Al año siguiente, 1913, se casó con Adelina del Carril, hija de una destacada familia bonaerense (la ceremonia se realiza el día 20 de octubre, en la estancia Las Polvaredas), y ese mismo año aparecieron varios de sus cuentos en la revista Caras y Caretas.





Éstos y otros de 1914, irían a formar parte de Cuentos de muerte y de sangre que, junto a El cencerro de cristal, se publicarían en 1915 animado por su mujer y por Leopoldo Lugones. Sin embargo, no tuvo éxito. Dolido, Güiraldes retiró los ejemplares de la circulación y los tiró a un pozo. Su mujer recogería algunos de ellos y hoy en día estos libros, manchados de humedad, tienen un gran valor bibliográfico.





A finales de 1916 el matrimonio Güiraldes, junto a un grupo de amigos, emprende un viaje a las Antillas, visitando Cuba y finalizando el mismo en Jamaica. De sus apuntes surgiría el esbozo de su novela Xaimaca. En 1917 aparece su primer novela Raucho. En 1918 publica la novela corta Rosaura (rótulo de 1922) con el título Un idilio de estación en la revista El cuento ilustrado de Horacio Quiroga.





En el año 1919 viaja otra vez a Europa con su mujer. En París establece contactos con numerosos escritores franceses. Frecuenta tertulias literarias y librerías.
Entre todos los escritores que conoció en esa visita, quien mayor huella le deja fue Valéry Larbaud. En 1923 publica en Argentina la edición definitiva de Rosaura, muy influenciada por escritores franceses, y que es razonablemente bien recibida por público y crítica.





En 1922 vuelve a Europa y, además de establecerse en París, pasa una temporada en Puerto Pollensa, Mallorca, donde había alquilado una casa.
A partir de ese año se opera un cambio intelectual y espiritual en el escritor. Se interesó cada vez más por la teosofía y la filosofía oriental, buscando la paz del espíritu. Su poesía es fruto de esta crisis.





Al mismo tiempo sus ideas literarias empezaban a tener aceptación en Buenos Aires, ciudad que se veía asaltada por los movimientos vanguardistas. Güiraldes ofreció su apoyo a los nuevos escritores.
En 1924 funda la revista Proa junto con Brandán Caraffa, Jorge Luis Borges y Pablo Rojas Paz; la revista no tendría éxito en Argentina pero sí en otros países hispanoamericanos.





Tras el cierre de la revista, Güiraldes se dedica a terminar Don Segundo Sombra, novela a la que pondría el punto final en marzo de 1926.
En 1927 hace su último viaje a Francia, a Arcachón, y debido a su estado de salud es trasladado a París -en una ambulancia- donde muere, en la casa de su amigo Alfredo González Garaño, víctima de la enfermedad de Hodgkin (cáncer de los ganglios). El cadáver es trasladado a Buenos Aires para darle sepultura en San Antonio de Areco.


miércoles, 7 de octubre de 2009

- CAMPIÑA -





Un pueblito francés sale en defensa de un inmigrante



Pizza y cerveza de castaña



Alicia Dujovne Ortiz
Para LA NACION
Noticias de Opinión


La actualidad francesa está representada por dos acontecimientos paralelos, uno grande y uno chico (suponiendo que el tamaño de los hechos esté determinado por el grado de relumbrón de sus protagonistas), pero íntimamente relacionados entre sí. Del grande se hacen lenguas todos los medios; del chico, apenas se ocupan algunos diaruchos de una encantadora región montañesa llamada Ardèche.

Sin embargo, son dos caras de la misma moneda: por una parte, el ministro del Interior, Brice Hortefeux, acaba de incendiarse (el verbo transitivo tiene que ver con la segunda parte de su apellido, "fuegos"), incurriendo en una metida de pata de las suyas y, por otra, en un pueblito de la mentada región, Saint-Sauveur de Montagut, la población en pleno se ha levantado para defender a Kheder Haddad, un inmigrante marroquí, para más datos, pizzero, preso por indocumentado, que corre el riesgo ser expulsado del territorio francés.

Para hacerse una idea de la gaffe de Hortefeux, por la que los partidos de izquierda y las asociaciones de derechos humanos piden su renuncia, basta con ir a Internet o al diario Le Monde y hacer clic en el video del escándalo en el que se ve la escena; para enterarse del drama de Kheder, es preferible tener amigos que nos llamen por teléfono, desesperados, a contarnos la historia, y mejor aún si la relatora de los acontecimientos es Emilie Doz, joven profesora de la Universidad de Lyon, especializada en peronismo, que suele visitar nuestro país y que supo lo sucedido porque su abuela es vecina de Saint-Sauveur.

Cuando asumió la cartera del ministerio de la Integración, la Inmigración y la Identidad Nacional, Hortefeux había elevado una propuesta que, en vista de la reciente y sulfurosa polémica, el actual ministro Eric Besson ha resuelto encarpetar del todo: someter a una prueba de ADN a cada extranjero que pretendiera venir a Francia acogiéndose a los beneficios del plan de reagrupación familiar. Gracias al análisis genealógico, una viejita senegalesa que quisiera vivir aquí junto a su hijo debería demostrar, genes al canto, que es la madre biológica. La lógica pregunta que muchos se formularon fue ésta: "Ajá, ¿y los hijos adoptivos ?". La iniciativa, en su momento, levantó tempestades y ha terminado por pincharse debido a que más de uno la encuentra desembozadamente racista.

Lo que no se ha abandonado en absoluto es un criterio inmigratorio apoyado en dos grandes pilares: las cifras (en enero de 2008, Hortefeux se enorgulleció de haber puesto en la frontera a 29.796 inmigrantes ilegales, muchos de los cuales viven, trabajan y procrean en Francia desde hace muchos años) y las cuotas de inmigrantes susceptibles de ser considerados choisis (elegidos o deseables) y no subis (padecidos o indeseados), según la célebre fórmula del presidente Sarkozy.

Los métodos ideados para reconducir a la frontera a esos pobres indeseados también son dos: subirlos al avión, manu militari y a veces con un vigor que puede causar desde chichones hasta fractura craneana, o proponerles una compensación económica que los incite a retornar al pago por las buenas.

Hortefeux siempre se ha horrorizado de que le dijeran xenófobo. En su boca, los chistes que jalonan su carrera son sólo eso: chistes. Vayan tres ejemplos de entre los muchos que se ventilan por estos días. Cuando le dio la bienvenida a Fadela Amara, funcionaria encargada de los suburbios de inmigrantes en el ministerio de Trabajo, diciendo: "Les presento a una compatriota, lo digo porque al verla no resulta evidente". Cuando le gritó a Azouz Begag, por entonces delegado de Promoción de la Igualdad ante el primer ministro: "¡Dale, fissa , salí de ahí! ¡Rajá de ahí, te digo! ¡Rajá!", empleando una palabra maldita utilizada por los soldados franceses en Argelia para designar al enemigo. Y, por fin, el otro día, cuando, al sacarse una foto junto a un joven delegado de ese mismo origen, en la universidad de verano de su partido, la UMP, dijo: "Siempre tiene que haber uno. Si hay uno solo está bien; el problema es cuando son muchos".

Para no quitarle su derecho al pataleo a un ministro que jura no haberse referido a los árabes en modo alguno, sino a los franceses originarios de Auvernia, región de donde él mismo procede, me dediqué a mirar con lupa el célebre video. Lo que aparece en la imagen es un señor alto, rubio, de ojos azules y rostro rubicundo, que, sin ánimo risueño, palmea condescendiente la espalda del morocho. Puede ser que minutos antes haya estado bromeando acerca de los auvergnats . En todo caso, en el segmento filmado, el ministro bromea visible y audiblemente acerca de los árabes. No hay vuelta de hoja: el sujeto de la oración no son los campesinos bonachones de su provincia, sino los inmigrantes, que en pequeñas dosis resultan aceptables, pero que en cuanto suman muchos dejan de serlo. Después de todo, hasta Mitterrand se refirió al tema con un aserto formalmente irrebatible, trop c´est trop (?demasiado es demasiado´).

En el otro extremo del abanico, está el pueblito del nombre simbólico, Saint-Sauveur, San Salvador. Lástima que no pude ir: en la foto se lo ve precioso, con ese río serpeanteante por entre las montañas.

Pero Emilie me contó, con lujo de detalles, cómo la prefectura de policía, en vista de que sus cifras (léase, la cantidad de indeseados a presentar ante las autoridades) les quedaban cortas, se personó en el pueblito a buscar al pizzero; cómo el pizzero, que vivía con su compañera, nativa del lugar y embarazada, no podía regularizar su situación casándose con ella, como los dos querían, porque un casamiento con un extranjero en situación irregular es considerado "matrimonio en blanco" (por mucho que la pancita de la mujer demuestre lo contrario), y cómo, ante el encarcelamiento de Kheder, Saint-Sauveur y los pueblos vecinos, Dunière, Saint-Etienne de Serres, Les Ollières, Saint-Vincent de Durfort (perdón por no nombrarlos a todos), se acordaron de 1944, cuando la resistencia local logró expulsar a las tropas nazis durante la ocupación. Por eso, los primeros en reaccionar fueron los viejos: "Si antes escondimos en nuestras casas a los judíos -dijeron con orgullo-, a este marroquí no vamos a permitir que nos lo echen".

Desde hace un mes se suceden las manifestaciones populares sin tendencia política: comunistas, católicos y protestantes, unidos en defensa de un hombre que, sin duda, habría preferido no convertirse en símbolo y vivir tranquilo. Marchas de la resistencia en Lyon, ante la Prefectura; delegaciones presididas por los alcaldes de todos los pueblitos para discutir con el prefecto, una cadena humana silenciosa en torno a la cárcel donde está Kheder, una marcha de ocho kilómetros en el Col du Moulin à Vent de Privas, donde en 1944 los primeros resistentes se fueron al maquis , y, por supuesto, comidas: ¿quién podría concebir una lucha contra los poderosos que no estuviera debidamente sustentada con un almuerzo al aire libre, regado por la bebida del lugar, que es la cerveza con castaña? Las mesas rebosantes de unas ciruelitas doradas llamadas mirabelle tienen un efecto tan revolucionario como los cantos que, inventados para la ocasión, hablan de plantar un olivo con una testaruda y acaso creadora ingenuidad.

En Saint-Sauveur de Montagut no parecería haber dos Francias, sino una sola. No soñemos: este movimiento solidario tiene un nombre, Kheder, y una fecha: 2009. Sin embargo, existe, siempre ha existido, y lo que amo en él es la posibilidad de que no se corte.

A propósito de cortes, al leer mi última nota publicada por este diario, también sobre un tema francés, uno de mis lectores escribió un comentario en el que propone "cercenarme" de la Argentina. Aunque el verbo "cercenar" ilustre por sí solo el sustrato ideológico del comentario, su autor lo completó diciendo que sus referentes intelectuales franceses eran Maurras, Céline y Péguy. Por si aún no resultara evidente, el mío es Emile Zola, ese que dijo J´accuse , ese que murió asesinado con el humo de su propia chimenea por haber defendido a Dreyfus. Pero para dejarlo todavía más claro, diré que mi lugar de elección es cualquier sitio del mundo donde la población se insurreccione para que no cercenen a nadie.

martes, 6 de octubre de 2009

- MIGNONA -





Eduardo Mignogna



Tres años sin Mignona




Eduardo Mignogna nació en la Ciudad de Buenos Aires, un 17 de agosto de 1940 y falleció en la misma Buenos Aires, un 6 de octubre de 2006.





Fue un director de cine, dramaturgo, novelista y guionista argentino. Ganador del Premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana por "Sol de Otoño¨, El Faro (1998) y ¨La Fuga¨.





Mignogna comenzó a trabajar en publicidad a principios de los años 1970, al mismo tiempo que iniciaba su obra literaria. Con la escalada de amenazas y atentados de la Triple A, hubo de exiliarse en 1975 a Sitges y luego a Milán. Volvió con su familia en 1981 y retomó su actividad publicitaria.





Ya había colaborado con el cine como guionista, pero en 1983 tuvo su primera oportunidad como director con Evita, quien quiera oír que oiga, que combinaba escenas documentales y entrevistas con la recreación actoral de la juventud de Eva Perón, una innovación para la tradición cinematográfica argentina.





También dirigió miniseries documentales de problemática social en la televisión de su país.

Filmografía

El viento, 2005
Cleopatra, 2003
Cartoneros de Villa Itatí (mediometraje) 2003
La fuga, 2001, basada en su novela homónima





Adela (2000)
El Faro 1998
Sol de otoño 1996
El beso del olvido (telefilme) 1991
Flop 1990, sobre el actor cómico Florencio Parravicini
Evita (quien quiera oír que oiga) 1983






Obra literaria

La señal (novela, 2002)
La fuga (novela, 1999)
Cuatrocasas (cuentos, 1976, premio Casa de las Américas)
En la cola del cocodrilo (novela, 1971, premio Revista Marcha)

lunes, 5 de octubre de 2009

- MERCEDES -




Actualidad religiosa


Mercedes Sosa y su encuentro con Dios



Por Jorge Rouillon
Noticias de Cultura
La Nación


Dos días antes de morir, Mercedes Sosa recibió la unción de los enfermos (sacramento también llamado extremaunción) de manos de un sacerdote amigo, el padre Luis Farinello.

La muy querida intérprete, de profunda voz y raigambre popular, en buena parte de su vida circuló en ambientes artísticos y políticos muy ligados al Partido Comunista y a sectores de izquierda afines.

Quizá sean poco conocidas algunas manifestaciones suyas que revelaron un proceso de acercamiento a la fe católica de sus mayores, y una reconsideración de algunos enfoques, como el trato que se dio a la gente de fe ortodoxa en Rusia.

En una conferencia de prensa, en julio de 1999, en San José de Costa Rica, donde estaba en una gira centroamericana, Mercedes Sosa declaró haber encontrado a Dios, luego de atravesar un agudo proceso de depresión. "Estuve perdida y encontré a Dios", reconoció en esa ciudad.

Confesó estar saliendo de "un agudo proceso depresivo", que había comenzado varios meses antes y que en algún momento le impidió cantar pues "lo único que quería era dormir".

Entonces, declaró ante la prensa costarricense que los rezos de su familia y de muchas otras personas contribuyeron a su recuperación.

"Tengo tíos curas y tías monjas que rezaron por mí cuando estuve enferma. Vengo de una familia muy católica", dijo. A la vez, reconoció entonces que su proceso de encuentro todavía se encontraba "a medio camino".

En una ocasión, la intérprete cantó ante el papa Juan Pablo II en el Segundo Concierto de Navidad en el Vaticano.

El padre Farinello atendió a la madre de Mercedes, de fe católica arraigada en su familia tucumana, hasta su muerte. Allí, la artista empezó a mostrar fuertes inquietudes espirituales. Y le dijo al padre: "Cuando llegue el día en que esté así, no se olvide de mí".

A juicio del sacerdote, ella "fue madurando y abriéndose al misterio".

Mercedes cantó gratuitamente para la fundación del padre Farinello y sus chicos. Y le decía que "el hambre de los pibes es obsceno". Hace unos dos años le había pedido al sacerdote una imagen de la Virgen de Luján. "Siempre que hablábamos, conversábamos mucho sobre Dios y la Virgen de Luján", comentó él.

Cuando el sacerdote la visitó, la artista estaba inconsciente. El le dio la unción y sintió un estremecimiento. Le habló al oído. A su entender, "ella se conmovió". Y entiende que ante la muerte se ve eso: "Es entregarse a una ternura invisible, que uno presiente".