sábado, 20 de junio de 2009

- CESARISMO -





Venezuela, la Argentina y los caudillos providenciales



El cesarismo democrático



Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION
Noticias de Opinión



Hasta las vísperas mismas de su desenlace, la brevedad ha sido la única virtud de la campaña electoral argentina, dado que el peronismo gobernante adelantó los comicios. La opereta del armado de las listas, las peleas entre el candidato a diputado oficialista Néstor Kirchner y el vicepresidente Julio Cobos, las impugnaciones judiciales, la guerra de encuestas, la infinita publicidad de Francisco de Narváez y hasta un aspirante a diputado tras las rejas constituyeron un espectáculo penoso. Volvió así a confirmarse el escepticismo de generaciones ante el sentido de su voto, la urgencia de una reforma política que devuelva la fuerza original a los partidos tradicionales y el papel inagotable del cesarismo en las naciones jóvenes como la Argentina.

Si se toma la definición de Antonio Gramsci, "el cesarismo expresa siempre la solución arbitraria, confiada a una gran personalidad, de una situación histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas de perspectivas catastróficas". Para el marxista italiano, puede haber cesarismos progresistas -Julio César y Napoleón I- o regresivos -Napoleón III y Bismarck-, pero en todos los casos se trata de una salida encabezada por un caudillo militar, aunque no sólo militar, a una situación desesperada y excepcional. De ahí que la figura -llámese cesarismo, bonapartismo, bismarckismo- sea tan familiar en América latina, donde, desde las revoluciones independentistas, la mayor parte de las naciones, castigadas por sucesivas crisis políticas y escenarios de transición, conocieron más caudillos que soluciones institucionales. Estas tierras han sido fértiles en autócratas de gran popularidad que fueron expandiendo y afianzando su poder, en los tiempos modernos, mediante el control de la corrupción, de la policía y de la facultad para repartir los recursos del Estado como les conviene.

No hay mayor símbolo de cesarismo democrático que el régimen del venezolano Juan Vicente Gómez, uno de cuyos ministros, Laureano Vallenilla Lanz, estableció la validez del término en un libro de 1919.

Gómez inspiró a Gabriel García Márquez el personaje del dictador de su sexta novela, El otoño del patriarca , y es la encarnación favorita del hombre fuerte de las tierras pobres para artistas plásticos como Fernando Botero y Pedro León Zapata. Cuando llegué a Venezuela en 1975, la figura de Gómez seguía ocupando el centro de la imaginación nacional, y ahora, que ha encontrado en Hugo Chávez a su mejor discípulo, casi no pasa semana sin que la oposición invoque el término.

Gómez creció al lado de su predecesor, Cipriano Castro, quien inició el siglo XX enfrentando una poderosa amenaza internacional al no poder pagar la deuda contraída con empresas extranjeras expropiadas. Buques de bandera inglesa, italiana y alemana bloquearon el puerto de La Guaira en 1902 y Venezuela logró zafarse de la asfixia gracias a la providencial invocación de la doctrina Drago, obra del canciller argentino del segundo mandato de Roca, Luis María Drago, quien argumentó la ilegalidad del cobro violento de las deudas por parte de las grandes potencias en detrimento de la soberanía, estabilidad y dignidad de los Estados débiles. Su papel en la defensa de los intereses nacionales permitió a Gómez dar el salto hacia la vicepresidencia. Cuando Castro debió someterse a una cirugía delicada en Alemania, lo traicionó con un golpe que lo instaló en la jefatura del gobierno durante veintisiete años. Allí, en el sillón patriarcal, murió en 1935.

Su ideólogo Vallenilla Lanz, un sociólogo positivista, intentó argumentar que pueblos como el venezolano no estaban capacitados para respirar una atmósfera republicana; sólo "el gendarme necesario" -como definió a su modelo de césar- podía sacarlos de la miseria y de la anomia. Dictaminó que "el Caudillo constituye la única fuerza de conservación social" y que "el gendarme electivo o hereditario de ojo avizor" es una necesidad fatal "en casi todas estas naciones de Hispanoamérica, condenadas por causas complejas a una vida turbulenta".

Como eficaz vocero de la ideología oficial, Vallenilla Lanz no se refiere a Gómez en su ensayo de manera directa. Se ampara, en cambio, en la figura tutelar de Simón Bolívar, quien propuso la presidencia vitalicia. Escribe que Bolívar "nunca abrigó la más ligera esperanza" de que "aquellas constituciones de papel" pudieran establecer el orden. Sus críticos, como el exiliado Rómulo Betancourt, del Partido Revolucionario Venezolano -luego presidente constitucional-, lo llamó "Maquiavelo tropical empastado en papel higiénico".

Lejos de ofenderse, Vallenilla Lanz agradeció la comparación con el autor de El príncipe .

Chávez no es el único heredero de la idea de un césar avalado periódicamente por elecciones libres. Decidido a concentrar férreamente todo el poder en sus solas manos, lleva por ahora diez años en el gobierno, el mismo tiempo que Carlos Menem. Figuras como Alberto Fujimori y Alvaro Uribe, por distintas que sean, han visto en la perpetuación presidencial el vehículo para modelar sus países a la medida de sus deseos. Qué decir de Fidel Castro, quien no logró hallar un sucesor que no llevara su sangre. Si Brasil ha logrado superar, con los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva, la herencia del autoritarismo populista de Getulio Vargas, en la Argentina el ejemplo de Perón impregna demasiado al partido que él fundó y que ya se confunde con el Estado. Ayudan, y mucho, las torpezas de una oposición que muestra menos interés en la construcción de la democracia que en el asalto a los privilegios que confiere la cosa pública, así como parece tener menos convicción para reintegrar a los marginales al mundo de la ciudadanía que en reemplazar a un firmante de los decretos de necesidad y urgencia por otro que haga lo mismo.

Néstor Kirchner, como Gómez, ha intentado prolongar sus planes de hegemonía alternándose con sus parientes en el gobierno, tal como hizo al decidir la candidatura de la actual presidenta, su mujer. Ahora sale a defender el modelo agitando el fantasma de un conflicto de intereses entre grupos y clases que sólo una figura providencial, el césar, podría contener. "Tengan en claro -declaró el candidato y presidente del justicialismo-que el 28 de junio no es una elección más. O es la vuelta al pasado para tratar de imponer proyectos que no tienen nada que ver con el pueblo, o es la consolidación de un proyecto nacional y popular que devuelva la justicia social. Tengan mucha memoria cuando estén en la cola para votar. Sientan el ruido del helicóptero y recuerden cómo se escaparon de la Casa de Gobierno."

Ese juego al todo o nada fue explotado ya por Menem. Los sucesores de la Alianza, que continuaron su doctrina económica y sus métodos políticos, demostraron que, a veces, todo se parece demasiado a nada. Es, de alguna manera, el juego bonapartista, una de las formas del cesarismo. Luego de las revoluciones de 1848, Luis Bonaparte fue elegido -el primer voto universal en Europa- presidente de la Segunda República Francesa. Sus constantes convocatorias a referendos desnaturalizaron la representatividad republicana y cimentaron su popularidad. El 2 de diciembre de 1851 aplastó a la creciente oposición monárquica al llamar a un plebiscito con la pregunta: "¿Queréis ser gobernados por Bonaparte? ¿Sí o no?". Un año más tarde, previa reforma constitucional, se convirtió en emperador autoritario.

La presidenta Cristina Fernández conoce bien la historia de Napoleón III, pues ha citado la obra de Carlos Marx sobre su golpe de Estado, El 18 Brumario de Luis Bonaparte , repitiendo la famosa frase según la cual cuando la historia se repite primero lo hace como tragedia y luego como farsa. Sus reclamos sobre la calidad institucional se enfrentan con sus declaraciones sobre los peligros que corre la democracia si el partido gobernante no logra la mayoría en las elecciones de diputados y senadores. Avalar a candidatos que no piensan asumir sus responsabilidades -los testimoniales, como el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli-tampoco fortalece su compromiso ciudadano. La influencia del estilo cesarista de su marido, que no concibe el disenso sino como traición, amenaza la estabilidad institucional no menos que la falta de ideas de la oposición.

La Argentina no merece unas vísperas electorales tan desalentadoras, en las que no se proponen otros futuros que el caos o la continuidad del modelo impuesto por la voluntad del césar. Hay, quién lo duda, horizontes más luminosos, pero desde las alturas del poder nadie los ve.

viernes, 19 de junio de 2009

- ALBERDI -





Juan Bautista Alberdi




El padre de nuestra Contitución Nacional




El 18 dejunio de 1884 muere en Neully, Francia, el ensayista, jurista, político y diplomático Juan Bautista Alberdi, una de las mentalidades más lúcidas del pensamiento argentino, autor de las "Bases y puntos de partida para la organización política de la Confederación Argentina", muy tenidas en cuenta en la redacción de la Constitución Nacional de 1853. Nació el 29 de agosto de 1810.





Político, jurisconsulto y escritor argentino (Tucumán, 1810 - Francia, 1884). Residió desde muy joven en Buenos Aires, ciudad en la que desarrolló una importante actividad política, cultural y social. Participó en la fundación del Salón literario y la Asociación de Mayo junto a Esteban Echeverría. Fundó el periódico La Moda y compuso algunas piezas musicales.





Decidido opositor al gobierno de Juan Manuel de Rosas, debió expatriarse y pasó casi toda su vida en el exilio. Hacia 1840 concluyó sus estudios de Derecho en Montevideo. Más tarde viajó por Europa y Sudamérica. Finalmente se estableció en Valparaíso (Chile), donde se dedicó a su profesión de abogado con gran éxito, pero sin abandonar la literatura y el periodismo. Ejerció una gran influencia en las instituciones políticas argentinas.





En 1852 escribió Bases para la organización política de la Confederación Argentina, tratado completo de Derecho público americano, prácticamente un «borrador» de la Constitución Nacional Argentina de 1853. Adherido a la Confederación y enfrentado a la política de Buenos Aires, en 1855 fue nombrado consejero del gobierno del general Justo José de Urquiza y representante plenipotenciario de la Confederación Argentina en la legaciones de París, Madrid y Londres.





Fue, junto a Domingo F. Sarmiento -con quien polemizó duramente en la Cartas Quillotanas-, uno de los intelectuales más importantes e influyentes de Argentina y América Latina durante el siglo XIX. Muchas de sus ideas y propuestas se plasmaron en el régimen político que se consolidó en los 80.





La derrota de Urquiza ante Bartolomé Mitre en la batalla de Pavón (1861) le obligó a prolongar su exilio, permaneciendo en Francia. Regresó al país por un breve periodo de tiempo pero volvió a Francia, donde murió.


jueves, 18 de junio de 2009

- BARCELONA -





Vida cultural


La cultura que moldea la inmigración


Por Susana Reinoso
Noticias de Cultura
La Nación



Barcelona, como metrópoli globalizada, apuesta a explicarse a sí misma. Ciudad abierta a los debates, los intercambios, el trasiego de ciudadanos de cien mil raleas -con palabras de Joan Manuel Serrat-, lo intenta en una muestra multimedia, abierta en el Museo de Historia, ubicado en el atractivo barrio gótico. El título de la exhibición, "Barcelona conectada, ciudadanos transnacionales", anticipa la perspectiva: la antigua Barcino ?nombre de la ciudad romana que la precedió? estuvo desde sus orígenes destinada a ser cosmopolita.

Son las categorías de inmigrante y cosmopolita las que se amalgaman, cuando una parte sustantiva de sus habitantes son de muy variada posición y condición. En el escenario del Año Europeo del Diálogo Intercultural, Barcelona reflexiona sobre la magnitud de las oleadas inmigratorias que están moldeando la nueva ciudad. En esa creación simbólica juegan un papel fundamental los nuevos medios (antenas parabólicas, TV satelitales, Internet) que conectan a la ciudad con los invisibles y remotos universos culturales de sus habitantes, procedentes de todas partes. ¿Cuándo se deja de ser inmigrante en un país de adopción? "Nunca", dice el profesor universitario Roberto Aparici, emigrado hace casi tres décadas de la Argentina a España. "Y en el mejor de los casos, te conviertes en hispanoamericano", remata el académico, que trabaja temas de discriminación en los medios de comunicación.

La muestra catalana enlaza diversos materiales multimedia, gráficos, instalaciones sonoras, testimonios, debates, imágenes y voces en distintas lenguas reproducidas al unísono, capaces de provocar la rotunda sensación de estar en una Babel del siglo XXI, con su diversidad de lenguas, rasgos y color de piel. Dividida en "imaginarios", "conexiones", "intimidades", "negocios" y "asimetrías", la muestra recorre la compleja realidad de la inmigración actual, cuyo crecimiento se construye, sobre todo, por las oleadas de africanos subsaharianos y pakistaníes.

Barcelona ?dice la curaduría de la muestra? constituye "un crisol eficaz para convertir esos vínculos en un factor de innovación social y cultural, siempre que las diferencias de derechos y la precariedad económica no perjudiquen ese potencial". Advertencia imprescindible si se atiende que el 59% de sus habitantes nació fuera de Cataluña y no todos los emigrados consiguen hacer pie en una cultura con lengua propia.

miércoles, 17 de junio de 2009

- DESERTIFICACION -





Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía


17 de junio



La Asamblea General de Naciones Unidas designó, en 1994, el 17 de junio como "Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía". Este día marca el aniversario de la adopción de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.





La desertificación afecta a más de 110 países y cada año se pierden 6 millones de hectáreas de tierra productiva. Según Ecologistas en Acción en España el 40% del suelo esta amenazado por los procesos de desertificación, pero a pesar de ello, el Ministerio de Medio Ambiente ha sido incapaz de detener la desertificación, principal obligación contraída por el Gobierno español tras firmar, en 1996, el Convenio de Lucha contra la Desertificación.





Aunque los sucesivos gobiernos han recalcado que la protección de los suelos es una de las prioridades del Estado, la realidad es que este aparente interés se desvanece entre promesas y retóricas vacías. Está claro que a pesar de que el diagnóstico cartográfico y científico del problema inducen a pensar que se sabe técnicamente como frenarlo no se toman las medidas adecuadas.





España se encuentra a la cabeza de los países desarrollados afectados por la desertificación. Uno de los principales factores desencadenantes de esta situación es la erosión o pérdida de suelo fértil. El 42% del territorio español, 21 millones de hectáreas, está sometido a procesos de erosión que superan los límites tolerables, (pérdidas de suelo de 12 toneladas por hectárea y año) y el 12%, 6 millones de hectáreas, está sometido a erosión muy severa, con pérdidas de suelo superiores a 50 toneladas por hectárea y año.





Para el conjunto del Estado se calcula una pérdida total anual de suelo de 1.156 millones de toneladas. Si se tiene en cuenta que la tasa de formación de suelo varía entre 2 y 12 toneladas por hectárea y año, se reparará en la magnitud del problema. Las zonas más afectadas se encuentran en Andalucía, Castilla-La Mancha, Levante y Murcia.





Entre los principales factores que desencadenan esta situación se encuentran la explotación insostenible de los recursos hídricos, que es causa de graves daños ambientales, incluidos la contaminación química, la salinización y el agotamiento de los acuíferos. Pérdidas de la cubierta vegetal a causa de repetidos incendios forestales. Concentración de la actividad económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo de masas y la agricultura de regadío.





Para Ecologistas en Acción, las actuaciones en materia de protección de suelos deben tener como principal objetivo el desarrollo de una gestión sostenible de las tierras agrícolas, de los recursos hídricos y de la ordenación del territorio. Sin embargo, las políticas que lleva a cabo el Gobierno en materia agrícola, urbanística e hidrológica se alejan cada vez más de un modelo de desarrollo sostenible que pudiera prevenir la degradación de nuestras tierras.

martes, 16 de junio de 2009

- PRENSA -




Un desafío para la libertad de prensa


Mary Anastasia O'Grady
The Wall Street Journal
Noticias de Opinión



Tras el colapso económico argentino de 2001-2002, el Congreso le otorgó al Poder Ejecutivo inmensos poderes, aduciendo que las circunstancias requerían medidas extraordinarias. Siete años después, tales facultades siguen vigentes y el Estado domina la economía como dueño y regulador.

La Argentina ahora enfrenta la amenaza de una mayor consolidación del control ejercido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a través de medios similares a los empleados por Hugo Chávez. Al igual que en Venezuela, la libertad de expresión y la libertad de prensa son blancos de una mayor represión.

Que esto sirva de lección a cualquier democracia que conceda grandes poderes al gobierno en tiempos de crisis: darle facultades extraordinarias al Ejecutivo es fácil; recuperarlas no lo es.

Las elecciones legislativas tendrán lugar el 28 de junio y las encuestas sugieren que los argentinos son cada vez más recelosos de sus líderes. Se espera que el ala kirchnerista del peronismo, el Frente para la Victoria, sea derrotada. Si esto ocurre, la Presidenta y su esposo, Néstor Kirchner, que la precedió en el cargo y que, probablemente, aún está moviendo los hilos políticos tras bastidores, tendrán que enfrentarse a un Parlamento menos maleable.

Estas serían buenas noticias para el país. Con el autoritarismo de los Kirchner, la Argentina ha pasado del capitalismo democrático, por débil que haya sido, a un sistema controlado por el Estado, cada vez más represivo y aislado. Los derechos de protección a la propiedad han sido eviscerados. Los empresarios han sido forzados a guardar silencio, con amenazas de investigaciones impositivas y hostigamiento regulatorio. Matones respaldados por el Gobierno atacan empresas que se resisten a la agenda de la presidencia. Los adversarios de Kirchner lo describen como a un Vladimir Putin, pero sin su encanto.

Claramente, gran parte del país está hasta la coronilla del kirchnerismo. Las promesas de prosperidad no se han materializado. Los agropecuarios se oponen a los impuestos a las exportaciones. La Presidenta ha irritado aún más a los electores de la clase media, al confiscar las cuentas de jubilaciones privadas y subir los impuestos a la propiedad inmobiliaria. Ahora quiere aumentar el impuesto sobre las ventas. Todo esto sucede en recesión, mientras los economistas privados estiman que la inflación está por encima del 18 por ciento.

Incluso si Kirchner perdiera su mayoría en el Congreso, aún quedarían riesgos contra la libertad. Gracias a la decisión del Gobierno de adelantar las elecciones, el nuevo Congreso no asumirá hasta dentro de ocho meses, lo que le da a la pareja presidencial una amplia oportunidad para acrecentar su poder. Una población informada, por supuesto, resistiría nuevas medidas antidemocráticas, razón por la cual los Kirchner están intensificando sus esfuerzos para amordazar a la prensa.

Desde sus primeros días como presidente, Kirchner intentó silenciar a los medios críticos. Utilizó el presupuesto de publicidad gubernamental para recompensar a quienes lo apoyaban y matar de hambre a los que se atrevían a imprimir críticas. Fue una herramienta efectiva en una economía conectada a un respirador artificial, en la que la publicidad se había evaporado.

A medida que se recuperaba la economía, esta estrategia comenzó a costar más. En 2008, el Gobierno gastó US$ 100 millones en publicidad en los medios, ocho veces más que en 2003. El Gobierno canaliza sus avisos hacia los medios según sea favorable a él la línea editorial.

Sin embargo, las voces independientes se mantienen, como la del influyente diario LA NACION. Sus críticas, obviamente, les acarrean problemas a los Kirchner. De modo que el Gobierno ha desenfundado el martillo. El director de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) ha presentado dos demandas criminales contra Bartolomé Mitre, director del diario, y Julio Saguier, presidente de la corporación dueña del matutino.

Son acusados de calumnias por publicar dos editoriales que cuestionan las actividades políticas de la agencia de inteligencia y de su director.

De alguna forma, ambos casos han terminado en manos del mismo juez ?aunque las posibilidades de que esto ocurriera deberían haber sido remotas?, y éste ha permitido que las causas avanzaran, aunque la Corte Suprema dictaminó el año último que las críticas a los funcionarios públicos no pueden motivar acciones civiles o criminales. Algunos se han preguntado si es posible obtener un juicio justo. Si son encontrados culpables, los acusados podrían ser sentenciados a tres años de prisión.

El Gobierno también ha elaborado un proyecto de ley de radiodifusión que, si se aprueba, con seguridad parece destinado a aplastar la libertad de los medios. La legislación reservaría sólo un tercio del espectro de radiodifusión para el sector privado; un tercio sería para emisiones de medios estatales, y el tercio restante sería para organizaciones no gubernamentales elegidas por el Estado. No está claro cómo se otorgarían las licencias, pero sólo durarían diez años y podrían ser renovadas una vez. Muchas empresas de medios que operan actualmente no serían elegibles para competir. La ley no hace mención alguna a la libertad de prensa y los funcionarios no han solicitado las opiniones del sector.

Los argentinos deberían recordar que la supervivencia de la República requiere un cuarto poder fuerte. La supervivencia del régimen Kirchner requiere lo opuesto. En los próximos meses, uno se impondrá.

La autora es editora de la Columna de las Américas de The Wall Street Journal.

lunes, 15 de junio de 2009

- LIBRO -





15 de Junio


DÍA DEL LIBRO



Esta celebración comenzó en Argentina el 15 de junio de 1908 como "Fiesta del Libro". Ese día se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. En 1924, el Decreto Nº 1038 delGobierno Nacional declaró como oficial la "Fiesta del Libro".





El 11 de junio de 1941, una resolución Ministerial propuso llamar a la conmemoración "Día del Libro" para la misma fecha, expresión que se mantiene actualmente.

La revolución del Libro

Las tablas de arcilla o bajorrelieves en diferentes piedras fueron los primeros soportes. A los egipcios les corresponde el invento del papiro, una especie de papel fabricado con una planta que crecía a orillas del Nilo. Las láminas de papiro medían hasta 49 cm de largo y 20 cm de ancho. Se las enrollaba y lo usaban los escribas para asentar sus escritos.





Los chinos aportaron un soporte mucho más perdurable: el papel. Este invento aparece en los registros históricos en el año 105 d. c., pero es sin duda más antiguo.

El pergamino fue el sistema usado en Europa durante la Edad Media y tenía la ventaja de que se podía escribir de las dos caras. Se agrupaba en varios pliegos y se cosía formando los códices, que poco a poco fueron constituyendo lo que hoy se conoce como un libro.





En esta evolución el impacto más decisivo para la humanidad fue la aparición de la imprenta. En los comienzos de la imprenta se utilizaban los incunables, pero hacia el siglo XVI se dejaron de usar. Con la imprenta llegó la democratización del acceso al saber: hoy es difícil imaginar un mundo en donde se usara en forma casi exclusiva la narración oral para comunicar experiencias e impartir educación.





En definitiva: hoy no se puede negar que el avance de la ciencia y de la tecnología habría sido imposible sin la existencia del libro.

domingo, 14 de junio de 2009

- ESTADO -




El Estado soy yo


La acumulación de poder y los deslices hegemónicos, vicios denunciados esta semana por la figura más importante del Poder Judicial, Ricardo Lorenzetti, actualizaron el debate sobre cómo poner límites a la excesiva concentración de poder presidencial.


Por Pablo Mendelevich
Noticias de Enfoques
La Nación
ARTE DE TAPA: SILVINA NICASTRO



En la película Frost/Nixon , que recrea las cuatro entrevistas televisivas hechas por David Frost a Richard Nixon en 1977 -tres años después de la traumática renuncia a la Casa Blanca-, hay un momento tan tenso que parece el preludio de una erupción volcánica. Frost acorrala con datos irrefutables al ex presidente por el encubrimiento de sus colaboradores durante el caso Watergate. Hasta que Nixon no soporta más y dice:

-Cuando uno está en su despacho hace cosas que en la estricta interpretación de la ley no son legales. Pero las hace porque son el mejor interés de la nación.

-¿De verdad me está queriendo decir que en algunas circunstancias el presidente puede hacer algo ilegal? -aguijonea un Frost entre perplejo y victorioso (mientras los asesores de Nixon se levantan para cortar la grabación y abortar el sinceramiento).

-Estoy diciendo -responde Nixon- que cuando el presidente lo hace eso significa que no es ilegal.

He aquí lo que siente un presidente extralimitado cuando se extralimita. El componente autoritario se escuda en el interés de la nación, del cual, por cierto, él se considera intérprete supremo. Quizás sea una doble ventaja verlo en Nixon, por un lado, jugador con cartas marcadas que hizo espiar a los demócratas de puro megalómano, obstruyó cuanto pudo a la justicia con la CIA y el FBI y despreció al Congreso que lo investigaba, pero, a la vez, también gran estadista reconocido por el acercamiento con China, por la paz con Vietnam y, en definitiva, por modificar el mapa del mundo en el crepúsculo de la Guerra Fría. Los norteamericanos siguen discutiendo hasta hoy qué hemisferio de la compleja cabeza de Nixon es mejor recordar, pero, en concreto, sus aires de yo-rijo-con-grandeza-el-destino-de-esta- inmensa-nación-no-me-vengan-con-nimiedades le costaron la jubilación anticipada.

No siempre ni en todas partes (tampoco siempre en Washington), es verdad, funcionan los antídotos institucionales frente a la tentación omnímoda de gobernantes elegidos por amplias mayorías, condición por lo visto insuficiente para legitimar todo lo que ellos pergeñan por el interés de la nación en sus despachos.

¿Y si fuera el sistema el que favorece el cesarismo? La concentración de poder, que aquí fermenta con instituciones anémicas, aviva un debate que tiene tanta vigencia como los vicios de la cultura política nacional. Esta semana fue nada menos que la figura más importante del Poder Judicial -a la sazón un civilista que llegó recomendado por Cristina Kirchner y que al parecer se tomó al pie de la letra la promesa oficial de esculpir una Corte Suprema independiente- quien volvió a dar la voz de alerta sobre los excesos de presidencialismo.

Como lo informó LA NACION, Ricardo Lorenzetti se refirió a las fallas del sistema político y, además de reprochar la acumulación de poder (no hablaba de nadie en particular, vamos, sino de la mera costumbre argentina) y de quejarse de que el propio Estado desacata sentencias judiciales, explicó con sencillez impropia de abogados cómo funciona el circuito mayor. "En este sistema -dijo- la oposición sólo puede actuar cuando fracasa el poder anterior. Hay que cambiar esto, porque la reiteración de las emergencias genera un círculo vicioso".

En los últimos meses, otro juez de la Corte cuestionó el sistema político actual, aunque fue un paso más allá que Lorenzetti y directamente planteó como solución el sistema parlamentario: "Tenemos que cambiar la forma de gobierno e ir a un sistema parlamentario. Es la única garantía de evitar catástrofes. Una crisis en un sistema presidencialista, que baje un presidente, es una catástrofe. En un sistema parlamentario, es una crisis política. Punto. El sistema no sufre". Pero Zaffaroni, hay que decirlo, más que a los problemas que presenta la excesiva concentración de poder, atendía en ese reclamo a la debilidad de la figura presidencial en tiempos de crisis y a la necesidad de crear mecanismos que salven la gobernabilidad.

Como mejor les parezca

Guillermo O´Donnell, uno de los más prestigiosos pensadores de las ciencias políticas del país, había desarrollado la teoría de la democracia delegativa, según la cual, quienes son elegidos creen que los votantes les delegan la autoridad para decidir como mejor les parezca lo que es bueno para el país.

¿Es la oposición corresponsable del desajuste? "Sin duda, la democracia delegativa se desarrolla más plena (y peligrosamente) dependiendo de la oposición", responde O´Donnell al ser consultado por LA NACION. A su juicio eso "incluye, entre otras, las siguientes dimensiones: cohesión interna y orientación republicana-representativa de sus actores principales; grado de cohesión del conjunto de la oposición, no necesariamente en todo´ sino respecto de controlar/detener los crónicos avances antiinstitucionales de los gobernantes delegativos, y lugares institucionales en el régimen político que al menos parte de la oposición ha logrado ocupar, junto con determinación de utilizar esos lugares y desde allí al menos intentar, clara y públicamente, bloquear aquellos avances".

Para corregir el desliz hiperpresidencialista, la salida que se les suele ocurrir a muchos políticos es cambiar de sistema: ir hacia un parlamentarismo. Desde Eduardo Duhalde y Hermes Binner hasta el mismísimo Néstor Kirchner -no el poderoso consorte actual sino el político recién asomado de Santa Cruz que no había probado aún el mullido cesarismo presidencial- dijeron ser devotos del parlamentarismo. Pareciera ser que el esfuerzo kirchnerista por denostar a mansalva los malditos tiempos del menemismo se llevó puesta la década entera. Ya nadie se acuerda de que la reforma constitucional de 1994 estuvo precedida por un intenso debate nacional sobre presidencialismo y parlamentarismo. Debate que en rigor había arrancado cuando gobernaba Raúl Alfonsín, en el seno del Consejo para la Consolidación de la Democracia presidido por el ilustre jurista Carlos Nino.

Podría decirse que en 1994 triunfaron ambos, los presidencialistas y los parlamentaristas. De allí que la Constitución resultó un menjunje. Se negoció, recuérdese, la incorporación del jefe de Gabinete y de otros accesorios a cambio de la reelección presidencial inmediata -nunca mejor expresado-, apetecida por los hermanos Menem. Un Menem presidía el país y el otro, la convención constituyente que hizo el delivery. El matrimonio Kirchner también estaba allí, huelga decir que del lado del oficialismo monotemático reeleccionista. Hecho curioso, la nueva Carta Magna dejó establecido, por fin, que los partidos políticos son sujetos fundamentales de la democracia. Mención de honor que coincidió con el comienzo del proceso de decadencia y virtual extinción de los partidos políticos (aunque el Estado insiste en que ya tenemos 733). Pero si es específicamente por la inyección de "parlamentarismo atenuado" que entonces se le dio al sistema, resultó que la jeringa sólo tenía agua. En la práctica, la jefatura de Gabinete se subordinó en un todo al presidente. Pese a que la letra constitucional le dio al Congreso el poder de aplicarle a este primer ministro eunuco una moción de censura, varios ocupantes del cargo ni siquiera se tomaron la molestia de pasar a visitar a los diputados y senadores una vez por mes para rendirles cuentas, como también está estipulado. Salvo Rodolfo Terragno, que llegó a ser presidente del partido del Gobierno, los demás jefes de Gabinete que se sucedieron -Eduardo Bauzá, Jorge Rodríguez, Christian Colombo, Jorge Capitanich, Alfredo Atanasof, Alberto Fernández, Sergio Massa-eran, en el momento de ser designados, políticos de segunda o tercera línea, nada que recuerde a la Quinta República francesa. Subordinados al presidente a quienes en ninguna crisis institucional les dio la estatura para servir como fusibles. De modo que en estos años en los que se pretendía una módica "parlamentarización" del sistema, sucedió justo lo contrario: con decretos de necesidad y urgencia, superpoderes y eternas emergencias económicas más algunas cucharadas de verticalismo peronista, el Congreso cedió facultades al Poder Ejecutivo, que hoy, además de conyugal, devino más vigoroso.

Voluntad política


Tal vez por esa suma de razones, el constitucionalista Daniel Sabsay antepone a cualquier debate sobre el sistema de gobierno la imperiosa necesidad de una reforma política: "El presidencialismo en la Argentina fracasó pero eso no nos tiene que llevar a otro fracaso. Si no limpiamos el escenario político (reconstrucción de un sistema de partidos, participación de los ciudadanos en la cosa pública, democratización de los partidos, ley de acceso a la información pública, mejoramiento y modificación radical de los mecanismos de control de los procesos electorales, revitalización del federalismo, entre muchos otros cambios), es imposible que cualquier reforma funcione, porque no está funcionando todo lo otro. Para eso no hace falta modificar la constitución, muchas de esas reformas ya habían sido elaboradas por el Diálogo Argentino, por distintas ONG; hay un acta de compromiso firmada por los gobernadores en 2002? no se cumplió nada, la agenda está trabajada, pero lo que no hay es voluntad política de cambio y, además, bajó el reclamo de la sociedad para hacerlo."

Pero más allá de los vaivenes de la dirigencia política en su declamación sobre reformas y en sus promesas de cambio (para Sabsay "los políticos huelen que la sociedad pide cambios y hablar de reformas es altisonante; si realmente quisieran cambiar, podría resolverse todo en dos sesiones legislativas"), el quid de la cuestión sigue siendo, parece ser, cómo cambiar la viciada cultura política argentina.

"Los problemas actuales no se resolverían fácilmente marchando hacia un régimen parlamentario; Italia es un ejemplo", dice el politólogo Hugo Quiroga, profesor de la Universidad Nacional de Rosario y de la Universidad Nacional del Litoral. "Hay un claro problema de cultura política en la Argentina. Los ciudadanos cuando votan delegan poder en sus representantes, pero no retienen la responsabilidad del control de las acciones gubernamentales, por ende, los gobernantes perciben que su mandato es absolutamente libre. Es cierto que hay una tendencia mayor en los presidencialismos a considerar al poder como ?propiedad privada´. Pero la concentración del poder se combate, desde el punto de vista institucional, con un congreso capaz de controlar la autoridad ejecutiva y con un poder judicial independiente, y, desde el punto de vista de la sociedad civil, a través de una vida asociativa amplia, en constante vigilancia, que exige un compromiso político de los ciudadanos más allá de la urnas. La democracia, presidencialista o parlamentaria, designa un sistema de poder diseminado en la sociedad".

En el campo de la oposición, la suposición de que un cambio del sistema político reparará las antiguas fallas de la política argentina también puede ser vista como una variante institucionalizada del mesianismo clásico, aquel encarnado en la llegada de seres providenciales tan propio de los populismos. Lo notable es que la oposición espeje la ilusión populista que dice aborrecer. Ahí ya se trata de una especie de mesianismo eliminatorio: sepultado el líder que transgrede las leyes, nos salvamos. ¿Interpretación de la realidad? No, crónica: el martes pasado en Santa Fe, sin ir más lejos, la líder de la Coalición Cívica Elisa Carrió dijo que "para que la Argentina se salve, Kirchner tiene que ser derrotado". La misma frase que se podía escuchar a fines de los noventa, sólo que en vez de Kirchner figuraba Menem. En cuanto a la salvación nacional, en 2001 -después de la derrota de Menem- se demoró un poco. Hubo que hacer escala en el mayor colapso de la historia contemporánea. Y ni siquiera de ese gran colapso emergió una transformación profunda de la cultura política propensa a la buenaventura súbita.

¿Qué opina O´Donnell? "Sigo creyendo -responde al cronista- que el parlamentarismo no sería solución, entre otras cosas porque en el mundo ha funcionado y funciona bien cuando hay partidos y sistemas de partidos institucionalizados. Es una simplificación contraponer parlamentarismo-presidencialismo, como si hubiera sólo una versión de ellos. En particular ha habido una serie de investigaciones que muestran que hay diversos presidencialismos y que el nuestro es una versión extremada de poderes presidenciales. Hay versiones más atemperadas que impiden poderes extraordinarios, quitan al Ejecutivo influencia decisiva en los nombramientos judiciales y de organismos de control y limitan seriamente la capacidad del Ejecutivo de vetar leyes del Congreso, incluso los vetos parciales que existen entre nosotros". En definitiva, O´Donnell piensa que con el parlamentarismo se crearían aun mayores desajustes y que sería mejor perfeccionar "nuestra muy mala versión" de presidencialismo.

Como apunta la constitucionalista Delia Ferreira Rubio, el hecho de adoptar el parlamentarismo no nos convertiría en España o Alemania, de la misma manera que ser presidencialistas no nos transformó en los Estados Unidos. "Lo importante -dice la presidenta de Poder Ciudadano, aunque vierte estas opiniones a título personal- es no cargar al sistema de gobierno en sí las fallas y los defectos de la democracia".

Habría que mencionar, además, un problema práctico. Cambiar de sistema requiere una reforma constitucional, que a su vez exige, antes del llamado a elecciones, la formación de una mayoría especial en el Congreso que declare la necesidad de hacerla. Si el gobierno trata a la oposición -con la que jamás dialoga- como al enemigo, y si la oposición no consiguió unirse ahora para vencer al matrimonio al que en general le atribuye una desmedida acumulación de poder, ¿cómo se alcanzaría el consenso político indispensable para operar la Constitución a corazón abierto? ¿Y quiénes serían los cirujanos? Es difícil saber la respuesta. Pero ahora sabemos que la acumulación de poder no es sólo una preocupación que denuncian los opositores. También inquieta a la cabeza del Poder Judicial.


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sábado, 13 de junio de 2009

- LUGONES -





LEOPOLDO LUGONES



ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO



Nació en 1874 en Villa de María en el departamento cordobés del Río Seco. Fue el primogénito del matrimonio de Santiago Lugones y Custodia Argüello. En su niñez, la familia se trasladó primero a Santiago del Estero y posteriormente a Ojo de Agua, una villa con pocos habitantes, donde cursó sus estudios primarios.





A los diez años, se destacaba por su memoria, gusto por la lectura e interés por las ciencias naturales. Se cuenta que lo llamaban para amenizar las "tertulias" familiares. Sus padres decidieron enviarlo a Córdoba con su abuela materna para que siguiese los estudios superiores.





En 1892 Leopoldo volvió a vivir con su familia que se había trasladado a Córdoba después de haber perdido su estancia. La crítica situación económica lo llevó a tener que comenzar a trabajar y convertirse en un autodidacta.

En esta época dio con éxito sus primeros pasos en la vida pública. Recitó su primera composición en el Teatro Indarte, dirigió el periódico liberal y anticlerical "El Pensamiento Libre" y se alistó voluntariamente para enfrentar a las fuerzas radicales sublevadas en Rosario.





En Córdoba, Lugones se fue convirtiendo en un personaje popular capaz de ser contrapunto de los payadores del barrio, publicar versos controvertidos con el seudónimo Gil Paz, promover huelgas estudiantiles y fundar un centro socialista.
El año de 1896 fue decisivo para Lugones: se instaló en Buenos Aires y se casó con Juana González.





En la gran ciudad se unió al grupo socialista de escritores integrado por José Ingenieros, Roberto Payró, Ernesto de la Cárcova, escribió en el periódico socialista "La Vanguardia" y en la "Tribuna", órgano del roquismo y se ganó al distinguido auditorio del Ateneo. A los 22 años comienza a escribir en "La Nación", promovido por su amigo Rubén Darío. Publicó su primer libro "Las montañas del oro" (1897), basado en una influencia tardía del Romanticismo Francés.





El "novecientos" fue una época de intensa producción en la que escribió muchas de sus obras más valoradas como "Crepúsculos del jardín" (1905) donde se acerca al modernismo hispanista y a las nuevas corrientes literarias francesas: simbolismo, decadentismo, parnasianismo. Esta tendencia alcanza su máxima expresión en "Lunario sentimental" (1909).





En su obra "Las fuerzas extrañas" (1906). Lugones plasmará sus habilidades para escribir cuentos de misterio. Este trabajo junto con los "Cuentos fatales" (1926) renuevan el género de la forma breve e inician una fecunda tradición en el Río de la Plata, en la que se inscribirán escritores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar.





En 1901 ocupó el cargo de inspector de secundaria y normal bajo las órdenes de Pablo A. Pizzurno y Virgilio Magnasco. Posteriormente asumió la inspección general donde concretó varias de las ideas plasmadas en su estudio sobre la "Reforma educacional": cursos especiales en vacaciones, fundación del Instituto Nacional del Profesorado Secundario, creación de las cátedras de Educación Física y Dibujo, reglamentación para el ingreso de alumnos a la enseñanza secundaria.





Más adelante fue comisionado en viaje a Europa para estudiar las novedades pedagógicas. En 1915 se hizo cargo de la dirección de la Biblioteca Nacional de Maestros que ejerció hasta su muerte.
En 1910, la conmemoración del Centenario de Mayo representó el cenit del movimiento de afirmación de los valores y tradiciones nacionales. Bajo ese impulso, Lugones publicó varios trabajos: "Odas seculares" (1910) y la "Historia de Sarmiento" (1911).





En "El Payador" (1916), reúne una serie de conferencias sobre "Martín Fierro" de José Hernández que rescatan la obra, calificándola de "Cuento Homérico de la Cultura Argentina"... Este particular enfoque instaló en la crítica una fructífera polémica que se prolongó por décadas y cuyo resultado fue la aceptación del Poema como la obra emblemática de la identidad literaria argentina.





La lectura que Lugones hace deja entrever otro de sus principales puntos de interés intelectual; la cultura clásica. En este campo su producción incluye las obras "Didáctica" (1910); "Las limaduras de Hephaestos" (1910), "Estudios Helénicos" (1924) y "Nuevos estudios Helénicos" (1928).





En Europa se vivía un tiempo de incertidumbre instalado con la guerra mundial, la revolución de los "soviet" y el fascismo italiano, mientras en Argentina se sentía la crisis económica y la inestabilidad política. Lugones fue un observador atento de la situación internacional y un hombre de acción en su país.





Lentamente, su visión socialista fue dando paso a un pensamiento nacionalista de originales matices, crítico del liberalismo y alejado de las posiciones católicas. Este Lugones maduro fue igual de controvertido que en sus posiciones juveniles al apoyar el militarismo de la década del treinta.





Su trabajo incesante se plasmó en numerosos escritos, artículos de prensa y conferencias que le merecieron el nombramiento en la Asamblea de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones (1924), el Premio Nacional de Literatura (1926) y la presidencia de la Sociedad Argentina de Escritores, fundada con su impulso (1928).





En esta etapa, aumentó con ritmo vertiginoso su ya cuantiosa producción intelectual entre la que se encuentra "Poemas solariegos" (1928) uno de sus títulos más elogiados y los ensayos "La patria fuerte" (1930) y "La grande Argentina" (1930), indispensables para comprender la época y la generación de Lugones.
Puso fin voluntariamente a su vida en una isla del Tigre. Los boletines informativos sorprendieron a la opinión pública tanto como a quienes lo trataban cotidianamente en la Biblioteca Nacional de Maestros.





Lugones aún hoy genera controversias por su cambiante temperamento político. El tiempo, sin embargo, lo ha destacado como una figura central de la cultura argentina y como uno de sus más grandes escritores.

viernes, 12 de junio de 2009

- TRABAJO INFANTIL -





12 DE JUNIO



Día Nacional contra el Trabajo Infantil




En el año 2005 el Congreso de la Nación instituyó mediante Ley 26.064, el día 12 de junio de cada año como Día Nacional contra el Trabajo Infantil.





La conmemoración de dicha fecha tiene como objetivo promover acciones para luchar contra este flagelo y a su vez crear un espacio de reflexión y concientización sobre las medidas que la sociedad en su conjunto debe poner en marcha para evitar la explotación laboral de menores en ámbitos urbanos y rurales
¿Qué es el trabajo infantil?





Conceptualizamos trabajo infantil como actividades y/o estrategias de supervivencia, remuneradas o no, realizadas por niños y niñas, menores de la edad mínima requerida por la legislación nacional vigente para incorporarse a un empleo.





Se trata de actividades y estrategias visibles, invisibles u ocultas, donde el "sustento logrado" o el "beneficio" del servicio puede servir para sí mismo y/o contribuir al mantenimiento del grupo familiar de pertenencia y/o de la apropiación de terceros explotadores.





Luchemos por los niños!


miércoles, 10 de junio de 2009

- SEGURIDAD -





10 DE JUNIO


SEDURIDAD VIAL



Hoy se celebra el día de la Seguridad Vial





Este día tan significativo busca promover la educación vial como un mecanismo para reducir los accidentes de tránsito y sus graves secuelas en todas las rutas del país, que alcanzan cifras dramáticas, además de enormes pérdidas humanas y materiales.





En nuestro país es alto el porcentaje de muertes por accidentes de tránsito, por ello se busca realizar permanentemente la difusión de normas y señales de circulación y el desarrollo de actitudes y prácticas de prevención de accidentes.





Asimismo desde los distintos niveles gubernamentales municipales, provinciales y nacionales, tienen un importante papel que desempeñar, ya que debe establecer
políticas públicas que favorezcan a mejorar el tránsito y disminuir la cantidad de muertes por sucesos fortuitos.





Pero más allá de que existan distintos elementos propuestos para instaurar una conducta adecuada en los conductores, solo estará en ellos la posibilidad de evitar los accidentes indeseados y mortales que existen diariamente.





Por lo que esta única fecha para conmemorar la problemática de la seguridad vial en nuestro país, podría ser mucho más que una simple fecha y pasar a convertirse en un accionar directo y comprometido de los que están al mando de un automóvil.